‘Pesadilla en la cocina’ fue, a lo largo de siete temporadas, un programa con un gran éxito de audiencia, y también la cuna de la popularidad del chef Alberto Chicote. La idea es sencilla: se localiza un restaurante que se encuentre en las últimas y que necesite un rescate urgente, y acude un experto que revisa su funcionamiento interno, analizando puntos como la higiene, la organización, la comunicación del equipo, la carta, la cocina o el servicio al público. A partir de ahí se implementan cambios bajo la supervisión severa y disciplinada del chef, en este caso Chicote, todo ello aderezado con una buena dosis de tensión, drama, lágrimas e insultos.
El formato ha funcionado en varios países del mundo, al menos a nivel televisivo. En cuanto a la estrategia de negocio, a pesar de la buena intención, no siempre se han conseguido los resultados que se esperaban. Algunos de los negocios sí han conseguido reflotar tras el paso de chef, pero también han sido unos cuantos los que han cerrado sus puertas después de formar parte de ‘Pesadilla en la Cocina’. Incluso uno de ellos ya había echado el cierre cuando la grabación del programa se emitió en La Sexta.
ASOCIACIÓN DE AFECTADOS
La cosa aún va más lejos, pues más de una veintena de negocios de restauración se han unido para conformar lo que han denominado la Asociación de Afectados por Pesadilla en la Cocina para hacer una denuncia conjunta. Se acusa al programa de vejaciones, promesas incumplidas y estafa. Revelan que en realidad no se les enseña nada de cocina, que es lo que ellos esperan, y que encima el contrato que firman es abusivo, y la indemnización por romperlo supondría la ruina económica para estos establecimientos y sus propietarios. Uno de los negocios, La Mansión de Navalcarnero, llegó a denunciar a la cadena que emitía el programa.

RESTAURANTE IRLANDA
Manoli, la propietaria del Restaurante Irlanda, en O Ferrol, ha sido la impulsora de la creación de la Asociación de Afectados. Casi se intuía que la cosa no iba a acabar bien, a juzgar por los feroces enfrentamientos entre ella y Chicote durante las grabaciones. El problema del local eran las malas críticas y el chef propuso una remodelación que pareció funcionar pero durante un tiempo breve. Después volvieron a resurgir las mismas dinámicas que han terminado por obligar a la dueña a bajar la persiana definitivamente. Manoli, con el apoyo de Sole Álvarez, otra afectada, dueña del Café Zamora, denuncian al equipo del programa de generar enfrentamientos, manipular el contenido e inventarse pruebas para hacer críticas sobre la higiene del local, algo que puede llegar a perjudicar gravemente su imagen ante el público.
COOL PALACE: DEP
El Cool Palace era un restaurante ubicado en Rivas-Vaciamadrid cuya principal característica era su ostentosa decoración con la que Farid, su propietario, intentaba trasladar a los clientes a un auténtico palacio persa. Este entorno de lujo le costó a su dueño una inversión de un millón de euros. Con este planteamiento, el negocio estaba abocado al fracaso, independientemente de la intervención o no de Alberto Chicote. En seguida las deudas comenzaron a superar a los ingresos, el personal empleado no se implicaba demasiado y los problemas de insomnio de la copropietaria no aportaban ninguna posible solución. Chicote trató de dar lo mejor de sí, y hubo una revisión de la carta, charlas motivadoras y severos rapapolvos, pero era imposible que nada de esto funcionase. El Cool Palace cerró antes de que se emitiese el programa.
LA ESTACIÓN, ¿ÉXITO O FRACASO?
La situación que se encontró Chicote en este local era bastante dantesco: mala relación entre los empleados, deudas amontonándose sin parar, una clientela peligrosamente escasa y una calidad gastronómica que no daba ni para un aprobado raspado. La intervención del chef pudo ser muy bien aprovechada, que impuso un poco de orden en este caos. Eso sí, las críticas fueron duras, y es que cuando Chicote se pone serio, su sinceridad puede ser hasta dolorosa. No sabemos si esto intimidó a su dueña, que terminó por abandonar el proyecto. El restaurante sigue en pie pero con una plantilla diferente. ¿Lo calificamos de éxito o de fracaso?
LA TARANTELLA
La Tarantella era un restaurante italiano situado en Barcelona que también reclamó la ayuda de Chicote. La dinámica fue la de siempre: revisión del funcionamiento general del negocio, supervisión de la organización y la higiene, de la carta, de la experiencia culinaria y del servicio. El dueño, explicó después que realmente Chicote no estaba tan presente como se ve al final en el programa. “Es todo un poco teatro. La mayoría de las cosas es mentira, ellos tienen que hacer un programa para que tenga tirón, porque si sale todo bien no tendría gracia”, reconocía. El último día de rodaje de programa el padre del dueño falleció, y según comentan el chef se mostró sensible y cercano. Finalmente La Tarantella tuvo que cerrar unos meses después por imago del alquiler. Otro fracaso más de Chicote.
EL CASTRO DE LUGO
Tras varias temporadas del programa Alberto Chicote quiso aumentar la dificultad de los retos buscando casos más extremos. Uno de ellos fue un restaurante de Madrid llamado El Castro de Lugo, que ofrecía especialidades de la cocina gallega. Los problemas que tenía este negocio eran los comunes a todos los demás: un propietario con poca autoridad, empleados irresponsables y sin ganas de trabajar, falta de higiene y deudas que aumentan por días. Otro local condenado al cierre. En esa ocasión el chef llegó a vomitar de la impresión y, evidentemente, los responsables tuvieron que escuchar un buen rapapolvo. Como nadie puso de su parte para reflotar el negocio, al poco de grabarse el programa, el restaurante tuvo que cerrar definidamente. Al fin y al cabo Chicote te puede echar una mano, pero no hacer milagros.






