La menopausia no es solo una cuestión hormonal. No es solo “se acabó la regla” y ya. Para muchas mujeres es un punto de inflexión silencioso, de esos que no se ven por fuera pero se sienten por dentro.
Porque en esa etapa, sin darnos mucha cuenta al principio, huesos, músculos, tendones y articulaciones empiezan a transformarse. Y lo que ocurre ahí puede marcar muchísimo cómo viviremos los años siguientes.
El Dr. Manuel Pérez-España Muniesa, especialista en salud musculoesquelética, lo explica con claridad: esta etapa no debería vivirse solo como fragilidad, sino como una ventana de prevención.
Una oportunidad real para actuar a tiempo y evitar problemas graves como las fracturas por fragilidad.
El impacto hormonal: cuando el equilibrio se rompe por dentro

Con la caída de los estrógenos, el cuerpo pierde una especie de equilibrio interno que antes funcionaba casi en automático.
“Se rompe el equilibrio que había entre las células que forman el hueso y las que lo destruyen… al bajar los estrógenos perdemos ese equilibrio y entonces tenemos más destrucción de hueso que formación”, explica el doctor.
Es como si antes hubiera un equipo construyendo y otro demoliendo… pero de repente el de demolición empezara a trabajar más rápido.
Y no solo baja la densidad del hueso. También se afecta el colágeno de tendones y cápsulas articulares, haciendo que los tejidos pierdan elasticidad.
Los primeros años son clave. Los 5 a 7 años posteriores al inicio de la menopausia son especialmente críticos. En ese periodo, la pérdida puede ser acelerada, llegando incluso a un 20%.
Y claro… eso no es poca cosa.
Osteopenia, osteoporosis y sarcopenia: tres piezas del mismo puzzle

Aquí es importante entender bien las palabras, porque no significan lo mismo.
La osteopenia es el primer aviso. Un nivel de alerta.
“Es un nivel de aviso… todavía no existe un riesgo elevado de sufrir fracturas”, dice el especialista.
La osteoporosis es el siguiente escalón, cuando la pérdida es mayor y el riesgo de fracturas aparece incluso con golpes mínimos.
Y luego está la sarcopenia, que muchas veces se olvida: la pérdida de músculo y de fuerza.
“Significa una pérdida tanto de músculo como de fuerza muscular”.
Lo interesante es que todo esto está conectado. Hoy se habla del síndrome musculoesquelético de la menopausia, porque se genera un círculo vicioso:
sin músculo, el hueso no recibe estímulo y pierde densidad
y con huesos frágiles, cuesta más moverse y ganar músculo
Una rueda que gira en contra… si no se frena a tiempo.
Factores de riesgo: no todo es genética, importa cómo vivimos

Sí, la genética influye. Pero el estilo de vida es determinante.
Sedentarismo, tabaco, alcohol… ya lo sabemos.
Pero el doctor destaca algo paradójico: el peso demasiado bajo también puede ser un riesgo.
“Las mujeres que tienen un peso muy bajo tienen más riesgo de tener una densidad de hueso baja… porque eso no estimula correctamente el músculo”.
Y aquí usa una comparación buenísima, casi como de obra de construcción:
“Los ladrillos podrían ser la dieta… los obreros son las hormonas. Si faltan ladrillos no se puede construir; si hay ladrillos pero no hay obreros, el ritmo será muy bajo”.
Es decir: necesitas nutrición… pero también necesitas estímulo hormonal y muscular.
El hombro congelado: dolor real en una edad muy común

Entre los 45 y 60 años hay un problema que aparece mucho en mujeres: la capsulitis adhesiva, más conocida como “hombro congelado”.
“Es un problema de la cápsula, una tela finita y muy elástica… primero se inflama mucho y por eso duele, y luego se encoge”.
El dolor puede ser intenso, incluso despertarte por la noche. Y poco a poco se pierde movilidad, hasta que gestos simples como vestirse o abrocharse el sujetador se vuelven difíciles.
Y esto también tiene relación con el contexto hormonal y, en algunos casos, con factores emocionales como la ansiedad.
























































