España guarda muchos tesoros escondidos en su interior. La naturaleza ha creado a lo largo de millones de años caprichosas cuevas y misteriosas grutas que se pueden visitar y recorrer, pero no son aptas para claustrofóbicos.
Se trata de auténticos subterráneos que son visitados por turistas curiosos en su parte más visitable, y por expertos en espeleología en sus rincones más estrechos y arriesgados.
Todas estas cuevas de España son realmente espectaculares y nos sorprenden por las formas caprichosas que se han ido creando bajo tierra con el paso del tiempo y la acción imparable del agua.
Dos cuevas en España: cueva del Drac y Campanet en Mallorca

Aunque Mallorca es mundialmente conocida por sus playas, también esconde grandes tesoros en su interior. Las Cuevas del Drac son uno de los puntos turísticos más típicos para todos aquellos que se acercan a la isla balear.
La visita a la cueva comienza a unos 25 metros bajo tierra. Allí abajo, diversidad de formas y colores conforman un espectáculo visual único para contemplar y disfrutar.
Mientras realizas el recorrido de aproximadamente una hora junto a un lago subterráneo se escucha música clásica para hacer que todo sea aún más mágico. Si compras la entrada por Internet te costará 15 euros. La cueva de Campanet no es tan famosa como la del Drac pero también merece la pena visitarla.
Cuevas en España: Cueva de Valporquero en León

Es una de las cuevas más bonitas de España por sus columnas, estalactitas y estalagmitas. Hay siete salas diferentes para visitar, con nombres tan sugerentes como Gran Vía, Hadas o la Sala Maravillas.
Por la espectacular boca de cueva discurren las frías y cristalinas aguas del arroyo de Valporquero. Hay la posibilidad de hacer un recorrido corto, uno largo y uno especial para grupos reducidos no apto para claustrofóbicos, puesto que parte del recorrido se hace a oscuras y por zonas muy estrechas.
El agua ha creado formas en las cuevas que reciben nombre como la Torre de Pisa o el Órgano, que seguro que reconocerás enseguida.
Grutas del Águila en Ávila

Estas cuevas situadas en el interior de España fueron descubiertas por casualidad por unos cazadores en 1963. Se estima que tienen una antigüedad de más de 12 millones de años.
Los turistas suelen aprovechar la cercanía de la Sierra de Gredos para visitar en el mismo día estas dos maravillas de la naturaleza. Además, están apenas a hora y media de Madrid así que es un buen plan para un fin de semana.
Las asombrosas Cuevas del Águila son transitables prácticamente en su totalidad, estando en perfecto estado de conservación para los visitantes. Con una profundidad de 50 metros y un recorrido de 1000 metros, hay que descender por escaleras y bordear galerías con estalactitas y estalagmitas.
Las dos cuevas de Cantabria: Cueva del Soplao y Hornos de la Peña

Además de las célebres cuevas de Altamira, que solo se pueden visitar de manera restringida, hay muchas cuevas interesantes en Cantabria.
Las Cuevas del Soplao son una verdadera maravilla geológica que atraen miles de visitas al año procedentes de turistas de toda España. Estas cuevas son consideradas como uno de los grandes tesoros subterráneos a nivel mundial, y se conocen como la catedral de la espeleología.
La cueva de Hornos de la Peña destaca por su entrada en forma de arco que configura un singular paisaje, además esconde pinturas parietales como caballos, bisontes, uros, cabras, y ciervos.
Cuevas en España: Los Enebralejos en Segovia

Estas galerías subterráneas están plagadas de estalactitas, banderas o coladas, que harán que te agaches cuando pasas cerca de ellas.
Esta cueva fue utilizada como necrópolis por nuestros antepasados, ya que se han encontrado pinturas y grabados que datan, aproximadamente, del 2.500 a.C.
La Cueva de los Enebralejos, junto al pueblo de Prádena de la Sierra, es la más importante de las conocidas en la provincia de Segovia. Tiene 3.670 metros de longitud, así que para recorrerla entera tendrás que tener ganas de andar. Está estructurada en tres pisos (galerías altas, medias y bajas o del río).
Cueva de Mendukilo en Navarra

Se encuentra en la Sierra de Aralar, cerca de Pamplona, al norte de España. Durante años ha estado reservada para espeleólogos, pero ahora tres de las salas que alberga han sido acondicionadas y abiertas al público.
Con el fin de preservarlas intactas, estas cuevas se visitan en grupos de 5 a 40 personas. Para minimizar las dificultades propias de las profundidades de la tierra, la cueva se ha equipado con una pasarela flotante, iluminación dinámica y un sistema multimedia.
Dentro encontrarás un refugio de pastores, la sala de los lagos, y la última sala, la morada del dragón, llamada así por sus grandes dimensiones. Un espectáculo sobrecogedor que te hace sentir muy pequeño.
Cueva de Nerja en Málaga

Son una de las más visitadas puesto que estas cuevas se encuentran en una de las localidades más turísticas de España, Nerja en la Costa del Sol de Málaga.
Esta cueva fue hallada en 1959 y esconde un gran descubrimiento histórico. Hay unas pinturas de focas de 42.000 años de antigüedad que podrían ser la primera obra de arte conocida de la historia de la humanidad.
En ellas no te aburrirás puesto que tiene numerosas galerías visitables. Su longitud es de 4.823 metros y cuenta con tres bocas de entrada, dos torcas subcirculares y, próxima a ellas, una entrada habilitada para los visitantes.
Cueva del Viento en Tenerife en España

En las Islas Canarias en España también hay varias cuevas que se pueden visitar, aunque la cueva del viento en Tenerife es muy curiosa por su forma.
Se trata del tubo volcánico más largo de Europa y el quinto más grande del mundo. La cueva no tiene iluminación artificial, por lo que el recorrido interior se realiza provistos de casco con luz eléctrica, lo que lo hace más tenebroso y misterioso.
El tramo visitable contiene numerosas formaciones y fenómenos “dibujados” por la lava al avanzar y cambiar su viscosidad, de forma que se ha quedado petrificado al enfriarse. El silencio, el poder de la naturaleza y la oscuridad permiten vivir una experiencia única, no apta para los claustrofóbicos que temen los espacios reducidos.







































