Más de 1.100 radares de la DGT están preparados ya para multarnos. La mayoría están señalizados, pero acaban pillándonos y no sólo por velocidad. A los fijos, móviles o de tramo, se unen otros nuevos capaces de detectar todo tipo de imprudencias, como no usar el cinturón de seguridad, manipular el móvil, o, incluso, ver si tenemos la ITV caducada.
Todos ellos cuentan con una serie de trucos legales comprendidos por la misma Dirección General de Tráfico, los mismos que son los que nos hacen la foto que nos llegará posteriormente en forma de multas a nuestra casa. Sin embargo, hay un nuevo sistema ideado por la DGT que nos sanciona aunque lo hagamos frenando a medio kilómetro. Lo vemos desde nuestro portal de MERCA2.
La DGT multa a los conductores despistados, pero también a los más ‘listos’

De cara a mejorar la seguridad de las carreteras, la DGT (Dirección General de Tráfico), siempre suele penalizar los despistes dentro de los vehículos, en gran medida por la toma de alcohol y drogas o por el manejo de los teléfonos móviles. No obstante, hay otra medida que siempre está en el punto de mira para la DGT, y es el exceso de velocidad.
En concreto, serán 26 nuevos radares los que se ubicarán en estos primeros compases del 2022. También habrá helicópteros, los conocidos Pegasus y drones especializados en detectar conducciones peligrosas, pero estos serán el principal método que tendrán la Dirección General de Tráfico para detectar a los ‘más rápidos’ al volante. Sin embargo, ha llamado la atención un nuevo sistema que ha impuesto la DGT para aquellos conductores que frenen a 500 metros del detector. Sigue leyendo, lo conocemos.
La astucia de los conductores ante los radares de la DGT

El control de la DGT en carreteras siempre se ha asociado a un punto concreto en el que se despliega una patrulla policial o agentes de la Guardia Civil. Bien sea para una comprobación rutinaria, alguna campaña especial o incluso dar el alto a un conductor que ha sido detectado por un radar previo escondido durante un tramo de carretera reciente.
Estos controles provocan que nazca en algunos conductores un toque pícaro que se muestra mediante una ráfaga rápida de las luces largas para alertar a otro vehículo que se dirige al punto de control. También tiene que ver con otra astucia de los conductores hacia los mismos radares de la DGT. En esas, su peligrosidad es notable y provoca un gran número de accidentes, ya que se convierte en un comportamiento peligroso sobre la calzada.
Así fueron los primeros tiempos de la reglamentación del tráfico rodado con la DGT

Posiblemente pensemos que hasta la década de los 50′ no existían límites de velocidad y en nuestra geografía se imponía la ley del desierto o el sálvese quien pueda, porque en esa época es cuando se empezó a vender el Seat 600 y con él se popularizaron los coches en España. Pero no, previamente ya existía una normativa relacionada con la limitación de velocidad en las carreteras en España.
Y desde que esta surgió ha habido seis modificaciones de la misma de la mano de la actual DGT. Claramente la velocidad no era una preocupación prioritaria en los años de la Guerra Civil, la posguerra y la dictadura, épocas en las que el foco de atención recaía en otros temas. Y no fue hasta el año 1974 cuando llegó una nueva reglamentación del tráfico rodado. Y la limitación de velocidad especificada en la misma ya afectaba a todos los vehículos y no sólo a los destinados a transportes de mercancías. El objetivo que se pretendía en este caso era ahorrar combustible tras la llegada de la primera crisis del petróleo. Los límites de velocidad se situaban en los 90 km/h.
Cómo variaron los límites de velocidad controlados por radares por la DGT hasta hoy

Lo que sí varió fue la limitación establecida en autovías: hasta el año 1992 era de 100 km/h y se decidió igualarlo con el de las autopistas. Y en 1992 la reglamentación también modificó el límite de velocidad en vías urbanas y travesías. Hasta ese momento era de 60 km/h a pasó a fijarse en los actuales 50 km/h. Posteriormente habido otras modificaciones en los límites de velocidad controlado por radares hasta el día de hoy.
Un ejemplo es el polémico cambio temporal impulsado por José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2011, que durante sólo cuatro meses redujo a 100 km/h la velocidad en autovías y a 110 km/h en autopista. La excusa en ese momento que motivó el cambio era lograr ahorro energético y reducir el número de accidentes. El último cambio de la DGT dara en 2014, cuando se aprobó una nueva Reforma de la Ley de Tráfico, que es la que se mantiene a día de hoy.
Las nuevas tecnologías de la DGT amplían la efectividad de los radares

La efectividad de los sistemas de detección de infracciones que utiliza la DGT es cada vez mayor. Atrás quedó esa época en la que, por ejemplo, la niebla podía llegar a impedir ‘sacar una foto’ a un radar, de manera que en la actualidad incluso las condiciones meteorológicas más adversas que se nos puedan ocurrir son insuficientes para provocar un problema de funcionamiento.
Ya sea un radar o en una cámara, a día de hoy podemos recibir una multa por haber cometido una infracción hasta 500 metros antes -o después- de haber alcanzado el punto de detección. Y es que, con la llegada de nuevas tecnologías, la DGT ha permitido ampliar la efectividad de los sistemas que utilizan las autoridades de control de tráfico, una ampliación que se traduce en la posibilidad de detectar y sancionar infracciones de tráfico de manera más rápida y eficaz. Esta mejora se debe, especialmente, a las cámaras más modernas que se utilizan en dos puntos clave de nuestras carreteras.
Si se frena de forma brusca en presencia de un cinemómetro puede imponer sanción

Es ahí donde entra este nuevo sistema adaptado por la Dirección General de Tráfico, un truco que hace imposible que los conductores tengan un acto más ‘inteligente’ que otros. Lo cierto, en su caso, es que en muchas ocasiones para evitar las multas de tráfico por exceso de velocidad los conductores pisan el freno antes de pasar por un radar. A pesar de que esta práctica puede resultar muy peligrosa, la Dirección General de Tráfico (DGT) no cuenta con ningún sistema que pueda detectar una deceleración demasiado intensa.
El matiz se da en el caso de que la Guardia Civil observe que un coche frena de forma brusca ante la presencia de un cinemómetro o radar en cascada puede imponer una sanción al conductor al considerar que es una situación de riesgo. De hecho, el Reglamento General de Circulación advierte en su artículo 53 que «salvo en caso de inminente peligro, todo conductor, para reducir considerablemente la velocidad de su vehículo, deberá cerciorarse de que puede hacerlo sin riesgo para otros conductores y estará obligado a advertirlo previamente».
Las multas pueden ascender hasta los 200 euros

Entonces, ¿cómo pueden pillarnos? Pues aquí es donde entra el radar en cascada, o el denominado cinemómetro, que es el método que usa ahora la Dirección General de Tráfico (DGT) para terminar con la mala costumbre de llegar al radar, frenar, y volver a acelerar que habitúan a hacer muchos conductores.
El funcionamiento de este mecanismo es tan sencillo como colocar un cinemómetro móvil unos metros después de donde está el radar fijo, de manera que tras frenar, el segundo cazador detectará el aumento de velocidad y la infracción. En este sentido, las multas por este motivo a los conductors pueden ascender hasta los 200 euros.
Estos dispositivos son capaces de comprobar si un conductor está frenando la marcha

Estos nuevos radares serán capaces de detectar la velocidad de un vehículo en un tramo de la carretera, lo que supone que van a ser capaces de comprobar si un conductor está frenando la marcha justo antes de pasar delante de ellos.
Con todo, si somos de los que cumplen las normas este sistema no nos parecerá nada del otro mundo. Sin embargo, los conductores que hacen trampas se van a ver seriamente afectados, como decimos. Así, estos radares se pueden posicionar en diferentes formatos:
- Pórticos. Estos equipos suelen ser radares propiamente dichos: una antena emite una señal, esta ‘rebota’ contra el vehículo en movimiento y regresa a la antena. La variación producida en la frecuencia de la onda permite al radar calcular la velocidad del vehículo en ese instante. Son equipos automáticos, no precisan operador.
- Postes. En su mayoría son del tipo radar, pero también los hay del tipo láser. Ubicados en el lateral de la vía.
- Cabinas laterales. Pueden ser radares y cinemómetros láser. Estos últimos ‘disparan’ varios haces de luz transversales a la calzada. Cuando un vehículo en movimiento los interrumpe, el dispositivo calcula su velocidad.
- Vehículos. Instalados en vehículos patrulla, son operados por agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil y de las policías locales y autonómicas, y pueden ser utilizados tanto en estático como en movimiento.
- Trípode. Situados en el margen la vía y operado por agentes.
- De tramo. Constan de dos o más cámaras de visión artificial calculan su velocidad media del vehículo en todo el tramo.