Con la llegada del buen tiempo empieza la época de las sandalias, las protagonistas indiscutibles del verano en lo que a calzado se refiere. Después de muchos meses utilizando calzado cerrado como las botas o las zapatillas, nuestros pies se han acostumbrado a la comodidad de los calcetines, que nos protegen de las rozaduras y las ampollas que suele provocarnos el contacto directo entre el calzado y nuestra piel. Por eso es importante cuidar nuestros pies ante la inminente llegada de las altas temperaturas y empezar a prepararnos para estrenar sandalias nuevas.
Por qué te rozan las sandalias
La razón principal por la que te rozan más las sandalias que cualquier otro tipo de calzado es porque éstas se llevan sin calcetines (casi siempre). Lo más seguro es que si te pusieras unas botas o casi cualquier zapatilla con los pies desnudos y sin nada que los proteja, te acabarías destrozando los pies por completo. Aunque hay personas que son más sensibles a los roces según su tipo de piel, e incluso algunas que no toleran el contacto directo con determinados materiales, lo cierto es que a todas nos han salido alguna vez ampollas o rozaduras por unas sandalias, especialmente si estas son nuevas. Da igual si son planas, de cuña, de tacón o con tiras más o menos finas, cuando estrenas unas sandalias lo más probable es que te hagan daño, por eso aquí te vamos a desvelar una serie de trucos para que esto no te vuelva a pasar.

Lo primero de todo: escoger la talla adecuada
Aunque parezca algo obvio, lo cierto es que no siempre llevamos nuestra talla de calzado de adecuada. Por ejemplo, a veces cuando no encontramos unos zapatos que nos han encantado en nuestra talla, optamos por comprar una mayor o menor si más o menos se nos ajusta. Esto es un error de principiante que debemos evitar a toda costa con cualquier tipo de calzado, sean sandalias, botas, zapatillas o cualquier otro tipo de calzado. Por otro lado, a veces aunque nos compremos nuestro número correcto no tenemos en cuenta algunas cuestiones como el ancho del zapato. No todo el calzado de nuestra talla nos va a servir. Tenemos que fijarnos en la horma porque si es demasiado estrecha nos hará daño seguro. La regla básica es que el calzado se ajuste correctamente al pie y que los dedos nunca lleguen al borde.

Moldea tus sandalias antes de empezar a usarlas
Cuando nos compramos ropa o calzado nuevo lo primero que queremos hacer es estrenarlo inmediatamente. Sin embargo, con las sandalias no debemos hacer esto ya que, como hemos dicho antes, después de tantos meses usando calzado cerrado y con calcetines, es muy probable que el cambio nos provoque roces, heridas y ampollas, sobre todo si éstas están nuevas y todavía no las hemos amoldado a nuestro pie y a nuestra forma de caminar. Una de las formas más fáciles y efectivas de hacer esto es el método del congelador. Para ello llena de agua la mitad de una bolsa de congelar y colócala dentro del zapato. Luego introduce el zapato en el congelador y espera a que el agua se congele. De esta forma conseguirás ensanchar la horma fácilmente para que el calzado no te apriete.

El método de la crema hidratante
Otro remedio muy eficaz contra las rozaduras que te provocan unas sandalias nuevas es usar crema hidratante sobre toda la superficie del calzado. La crema hidratante va a ayudar a que el calzado no te roce por dos razones principales. En primer lugar, es otro de los métodos más eficaces para ensanchar la horma de un zapato rápidamente. Para ello solo necesitarás untar la sandalia de crema e introducir las típicas bolas de papel que vienen para proteger el calzado o, en su defecto, utilizar papel de periódico. Pero no solo sirve para ensanchar la sandalia, sino que es sobre todo muy eficaz para reblandecer el material. Por normal general, cuando más duro sea el material, más roces provocará. Por eso, untar de crema toda la superficie del calzado hasta que éste esté más blando y moldeable es una buena solución para terminar con las rozaduras. Insiste sobre la zona de las costuras para asegurarte de que no te van a hacer daño. Con este truco tus sandalias serán mucho más cómodas desde el primer día.

Rueda tus sandalias en casa
Otra buena solución para evitar que tus pies acaben llenos de heridas, yagas, rozaduras y ampollas el primer día que te pones unas sandalias para salir a la calle es estrenarlas en casa antes de decidir ir a dar un paseo con ellas. De esta forma, irás a adaptando la sandalia al pie poco a poco y los materiales se irán reblandeciendo y ensanchando en función de tus pies. Si notas que aun así te rozan, prueba a ponerte unas medias mientras estás con ellas en casa para evitar que te hagan daño a la vez que vas curtiendo el calzado. Si eres de esas personas que no pueden esperar ni un día para estrenar los zapatos que te acabas de comprar te recomendamos que, en ese caso, no hagas trayectos muy largos con ellas puestas ya que, probablemente, te acaben destrozando los pies. Prueba a empezar poco a poco para ir adaptándolas.

Fíjate en la suela y usa plantillas
Las sandalias no solo pueden hacernos mucho daño en la superficie del pie debido al roce de las costuras, sino que también pueden llegar a ser muy dañinas para la planta de nuestros pies. Una de las afecciones más comunes relacionada con el dolor de pies es la metatarsalgia, un dolor intenso y punzante que se produce en las almohadillas de la planta del pie debido a las suelas suras y rígidas. Esto suele pasar sobre todo cuando hablamos de sandalias planas y con poca suela, que suele ser rígida para protegernos del suelo con muy poco material, pero que daña y mucho nuestra pisada y provoca esas incómodas ampollas en la planta que tanto cuesta quitarse. Si observas que la suela de tus sandalias nuevas es rígida y dura, prueba a usar plantillas sobre todo al principio y verás como no te vuelven a hacer daño nunca más.

Ten en cuenta el material de tus sandalias y recurre a la vaselina
Por uno, otro de los aspectos que marcan la diferencia entre unas sandalias cómodas y otras que nos destrozan los pies es el material del que están hechas y el tipo de costura que llevan. Con respecto al material, las pieles naturales y los materiales suaves tienen muchas menos probabilidades de hacernos daños que los materiales sintéticos, especialmente los plásticos, que casi con total seguridad nos van a provocar heridas en los pies hagamos lo que hagamos. Además, el tipo de costura del calzado hará que éste nos roce más o menos, por eso es importante recurrir siempre a calzado de buena calidad. Si aun habiéndote comprado las mejores y más cómodas sandalias del mercado eres de esas personas a las que todo les roza los pies, el último truco que tenemos para ti es la clásica vaselina. Identifica qué zona o zonas suelen ser más sensibles y aplica una buena cantidad antes de salir a la calle para que nada te vuelva a dañar los pies.

















































