Que una empresa dé muchos beneficios siempre es buena noticia. Sin embargo, lo más importante es que, como emprendedor, seas capaz de conseguir que ese logro sea sostenido en el tiempo. Si has optado por un crecimiento desordenado, te aseguramos que no será así.
En la primera parte de este artículo hemos visto algunas de las razones que pueden hacer que una empresa exitosa acabe fracasando. Todas ellas relacionadas con la falta de planificación. Hay tantas razones de este tipo, que vamos a seguir exponiéndolas.
Excesiva dependencia de terceros

Las empresas que crecen desaforadamente se olvidan de todo aquello que no sea vender. En consecuencia, no planifican mucho y no tienen en cuenta riesgos como el de perder a un proveedor o que este no pueda servir la mercancía a tiempo.
Una excesiva dependencia de terceros paraliza la actividad empresarial si estos no pueden cumplir con su parte del trato. Por el contrario, si el crecimiento ha sido planificado, la empresa habrá tenido la precaución de contar con varios proveedores.
Abusar de la externalización

Las empresas en modelo de microgestión no suelen crecer mucho, porque es imposible que una persona lo haga todo. Llegado un determinado momento hay que delegar y hasta externalizar tareas en profesionales ajenos a la empresa.
El problema es que, a veces, no se gradúan bien los niveles de externalización. La estructura de la empresa llega a ser tan delgada que es prácticamente como si no existiera. Generándose una hiperdependencia de terceros, como señalábamos antes.
El problema de las altas expectativas y el crecimiento desordenado

Si el desarrollo de la empresa no ha sido debidamente planificado, corremos el riesgo de que los objetivos planteados para la misma sean tan elevados y tan complicados que resulten inalcanzables.
Pero, como esa empresa no tiene un plan de crecimiento, se empeña a toda costa en llegar a sus metas. El resultado es que acaba tomando muy malas decisiones. Tan malas que pueden llevarla a la bancarrota.
Incapacidad productiva

Este es uno de los más claros ejemplos de morir de éxito por no haber planificado bien el desarrollo del negocio. Una empresa llega al mercado y arrasa, tiene tanta demanda que no puede atenderla.
Mientras tanto, la competencia, que sí ha hecho las inversiones necesarias, puede estar ya lista para ofrecer algo igual o muy similar, captando a esos clientes que no han podido satisfacer su necesidad en la otra empresa.
Recurrir demasiado a la financiación

Un crecimiento desordenado puede manifestarse en falta de inversión en el negocio, pero también en la necesidad continua de aportar más y más dinero al mismo para continuar el desarrollo.
Abusar de la financiación externa nunca es buena idea. No solo incrementa el pasivo de la empresa, sino que implica invertir una gran cantidad de tiempo en abordar las tareas necesarias para convencer a otros de que inviertan en el negocio.
Síndrome de burnt out en el crecimiento desordenado

El emprendedor que está triunfando rápidamente tiene sentimientos contradictorios. Por un lado, está contento, pero, por otro, empieza a sentir un fuerte desgaste físico y emocional. Está “quemado”.
Si en lugar de hacer crecer su negocio sin ton ni son se hubiera tomado las cosas con calma y hubiera planificado, podría disfrutar mucho más de su camino hacia el éxito. Un crecimiento más moderado y pausado siempre se gestiona mejor.
Incapacidad para gestionar el negocio

Un buen emprendedor no tiene que ser necesariamente un buen gestor. No es lo mismo ser capaz de crear una empresa que ser capaz de realizar los trámites asociados a la operativa del día a día.
La idea del emprendedor puede ser buena y alcanzar el éxito rápidamente, pero puede ocurrir que este no sea un buen gestor y no sepa qué debe hacer una vez que todo en el negocio empieza a funcionar.
El peligro de la arrogancia

Es normal sentirse orgulloso de un negocio que ha salido bien. El problema surge cuando se cae en la arrogancia. Porque se acaba pensando que se está por encima del bien y del mal.
La arrogancia no es buena compañera para un emprendedor. Acaba “cegándole” e impidiéndole ver todos aquellos retos y obstáculos con los que su empresa se puede encontrar.
Dispersión de la atención

Un crecimiento desordenado implica perder el foco de atención. Con frecuencia, quien tiene una idea y le sale bien, acaba viendo oportunidades de negocio en todos lados, y eso puede hacer que se arriesgue demasiado.
El problema es que centrarse en otros proyectos antes de haber consolidado el primero puede dar al traste con todos ellos.
Un líder que no sabe delegar

Un líder demasiado omnipresente, incapaz de delegar, puede ser causa y efecto de un crecimiento desordenado. Porque no confía en aquellos que podrían ayudarle a mejorar su negocio.
Quiere tener el control de todo y no admite que puede llegar a estar equivocado. Al final, acaba dirigiendo su negocio como si fuera un barco con el rumbo equivocado.


























