Central de Zaporiyia pierde la conexión externa: solo la sostienen generadores auxiliares

La línea de reserva Ferrosplavnaya ha quedado fuera de servicio tras un nuevo ataque y la instalación depende del diésel. El OIEA calcula que el combustible de emergencia cubre unas dos semanas.

La central de Zaporiyia se ha quedado sin ninguna conexión eléctrica externa. La planta nuclear más grande de Europa, bajo control ruso, depende desde este domingo de generadores auxiliares de diésel para refrigerar sus seis reactores y las piscinas de combustible gastado, según la administración de la instalación.

La línea de reserva Ferrosplavnaya, fuera de servicio

El origen del corte es la línea de reserva Ferrosplavnaya, dañada en un nuevo ataque contra la red eléctrica y desconectada a continuación. Era la última alimentación externa que conservaba la instalación. La nota difundida por la dirección de la planta, controlada por Rusia, sostiene que el personal aplica ‘todas las medidas necesarias’ para garantizar el funcionamiento de los generadores de respaldo y, con ellos, el de los bloques.

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Los seis reactores están en parada técnica y no generan electricidad, pero la planta sigue necesitando un suministro constante para refrigerar el núcleo y el combustible irradiado. De esa tarea se ocupan ahora los grupos diésel de emergencia. La administración asegura que los niveles de radiación se mantienen dentro de la norma, tanto en el recinto como en la zona colindante.

Zaporiyia recibe electricidad de dos líneas situadas en territorio bajo control ucraniano, en la ribera derecha del río Dniéper. La principal, Dnieprovskaya, quedó fuera de servicio el pasado mes de marzo a causa de otro ataque. En junio se declaró una tregua para permitir las reparaciones. La línea, sin embargo, nunca ha vuelto a operar.

En septiembre, Rusia y Ucrania acordaron un nuevo alto el fuego con el mismo propósito: devolver a la instalación la energía que necesita para funcionar con seguridad, según informó entonces el Organismo Internacional de Energía Atómica. El OIEA advirtió de que la planta podría quedarse sin suministro en cuestión de días si se agotaban las reservas de diésel.

Cada corte de Zaporiyia se resuelve con diésel y un plazo. Nadie ha resuelto la causa: su red sigue siendo un objetivo militar.

La advertencia ha dejado de ser hipotética. La misión del OIEA desplegada sobre el terreno ha sido informada de que la planta cuenta con combustible suficiente para operar ‘un número limitado’ de generadores de emergencia durante aproximadamente dos semanas, según el comunicado difundido este domingo por el organismo con sede en Viena.

Dos semanas de autonomía no son un margen de seguridad: son una cuenta atrás que ya está en marcha.

Dos semanas de diésel y el vigésimo séptimo corte desde 2022

energía nuclear Ucrania

El director general del OIEA, Rafael Grossi, planteó dos urgencias en paralelo: restablecer la conexión con la red y ampliar las reservas de combustible de los generadores. Grossi sostiene desde el comienzo de la invasión que combatir en las inmediaciones de una instalación nuclear constituye un riesgo inaceptable, y su argumento no ha cambiado con los años.

Los grupos electrógenos que ahora sostienen la planta no fueron diseñados para funcionar de forma continua. Cubren la ventana entre el fallo de la red y la entrada en servicio de una fuente alternativa, un hueco de horas, no de semanas. Mantenerlos en operación permanente implica consumo acelerado, mantenimiento constante y un desgaste que ninguna especificación de fabricante contempla.

El corte de este domingo es el vigésimo séptimo de estas características desde el 24 de febrero de 2022, según el recuento del propio organismo. La cifra describe un patrón más que una anécdota: la mayor central nuclear de Europa entra y sale del suministro externo con una frecuencia que ningún regulador occidental aceptaría como normal.

La planta dejó de exportar electricidad hace tiempo. Sus reactores están parados y no aportan un solo megavatio al sistema ucraniano. Pero una central nuclear detenida no es una central inocua: el combustible irradiado sigue generando calor y exige refrigeración activa, agua en circulación y bombas que funcionen.

El diésel es el último cortafuegos.

Un riesgo nuclear que las treguas no han resuelto

La secuencia de Zaporiyia se repite con una monotonía que debería preocupar más de lo que traslada el lenguaje diplomático. Ataque, corte, diésel, tregua, reparación anunciada, línea que no vuelve. Los dos altos el fuego pactados en junio y septiembre tenían un objetivo técnico verificable —reconectar la planta— y ninguno lo ha cumplido. El OIEA documenta, informa y advierte, pero no tiene capacidad de imponer nada a ninguna de las partes.

Desde el punto de vista de la ingeniería, el problema es elemental. La doctrina de seguridad nuclear exige al menos dos fuentes externas de alimentación independientes para una instalación de esta potencia, precisamente para que el fallo de una no deje al reactor sin respaldo. Zaporiyia lleva meses operando con una sola línea y, desde este fin de semana, con ninguna. Los generadores diésel son la última barrera, y una barrera que depende de camiones, combustible y rutas militares no es una barrera: es una probabilidad.

Ahí está la contradicción que ninguna tregua ha resuelto. La refrigeración de una central nuclear puede sostenerse con diésel durante días o semanas, pero el sistema que garantiza ese suministro forma parte de la misma logística que ambos ejércitos consideran objetivo legítimo. El resultado es una instalación que funciona en régimen de excepción permanente desde hace más de cuatro años, con estándares de seguridad que se deterioran sin que nadie pueda medirlos con precisión.

El expediente tampoco es estrictamente bilateral. La central forma parte del sistema eléctrico ucraniano y su desconexión añade tensión a una red ya castigada por los ataques sobre la infraestructura de generación y transporte. La misión del OIEA mantiene presencia en la instalación como único observador independiente del estado de los sistemas de seguridad, y su información es la base sobre la que se calculan los plazos que manejan las capitales europeas.

La próxima fecha crítica no es diplomática, es logística. Si las reservas de diésel se agotan en torno a la tercera semana de noviembre sin que Ferrosplavnaya o Dnieprovskaya hayan recuperado el servicio, la planta entrará en el escenario que el propio OIEA describió como el más grave: pérdida de refrigeración con combustible en el interior de los reactores. La pregunta que queda abierta no es si habrá otro corte, sino si la próxima tregua llegará antes que el combustible.


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