Un equipo del Royal Ontario Museum identifica a Infernogallus jamesi, un dinosaurio del tamaño de un pavo que comía fruta. Vivió hace 66 millones de años en la misma llanura que el Tyrannosaurus rex, y su cráneo no se parece al de ningún otro dinosaurio conocido.
Los fósiles salieron de la Formación Hell Creek, una franja de roca que cruza Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Wyoming y que es, desde hace un siglo, uno de los grandes cementerios de dinosaurios del planeta. Hace 66 millones de años, al final del Cretácico, aquel territorio alimentaba a Tyrannosaurus, Triceratops, Ankylosaurus, Nanotyrannus y Edmontosaurus. Infernogallus no era uno de ellos.
El animal pesaba unos 12 kilos y no levantaba mucho más de medio metro del suelo. Doce kilos es, aproximadamente, lo que pesa un perro mediano de los que duermen en el sofá; el dinosaurio vivía, en cambio, en un ecosistema donde cualquier depredador adulto lo habría engullido de un bocado. Su nombre lo dice todo: Infernogallus significa «pollo del infierno», por el yacimiento donde apareció, y jamesi homenajea a James William Boyd, el abuelo de Clint Boyd, paleontólogo del Servicio Geológico de Dakota del Norte y coautor del trabajo, que le contagió la afición por los fósiles.
La revista Nature Communications publica la descripción, firmada por Gregory F. Funston como primer autor y David C. Evans como autor sénior, con investigadores de la Universidad de Stony Brook, el Royal Ontario Museum y el Servicio Geológico de Dakota del Norte.
El cráneo que faltaba en el registro fósil
Los cenagnátidos —el grupo de oviraptorosaurios al que pertenece Infernogallus— llevan décadas siendo un rompecabezas. Son parientes de los grandes terópodos carnívoros, pero su dentición y sus mandíbulas apuntan a dietas muy distintas. El problema era siempre el mismo: sus cráneos aparecían aplastados, desarticulados o directamente rotos.
El ejemplar tipo conserva un cráneo articulado y casi completo, además de parte del esqueleto. Es el primer cráneo articulado de un cenagnátido oviraptorosaurio descrito en la literatura científica, y eso cambia la escala del hallazgo. «Los restos completos de dinosaurios pequeños como Infernogallus son muy raros en el registro fósil», explica Evans en la nota difundida por el museo. El fósil se expone ahora en el Royal Ontario Museum de Toronto.
Un cráneo entero de un dinosaurio pequeño es una rareza estadística: casi todo lo que creemos saber se sostiene sobre fragmentos.
Una mandíbula que se movía hacia delante y hacia atrás

El equipo escaneó el cráneo con tomografía computerizada y reconstruyó en tres dimensiones la musculatura que lo movía. Ahí apareció la rareza. Los huesos del paladar se arqueaban hacia abajo, hacia el interior de la cavidad bucal, y esa geometría obligaba a los músculos a trabajar en un eje distinto: no solo arriba y abajo, como el mordisco de un tiranosaurio, sino también de delante hacia atrás. La mandíbula podía desplazarse como una lima.
Su pico no tenía dientes. Presentaba crestas y surcos capaces de machacar y cizallar material vegetal blando. La combinación encaja con un menú muy concreto: frutos carnosos, esos que envuelven una semilla central con pulpa, y que el animal podría desmenuzar dentro de la boca antes de tragar. Es una escena doméstica y algo absurda: un terópodo emplumado del Cretácico pelando una ciruela.
Lo interesante es el paralelo. Los investigadores encontraron una mecánica muy parecida en un loro frugívoro del género Psittrichas. No hay parentesco cercano entre ambos linajes; hay convergencia evolutiva, es decir, dos ramas del árbol de la vida que resuelven el mismo problema con la misma solución anatómica.
Frutas, semillas y una hipótesis que aún no es una prueba
Las angiospermas, las plantas con flor, se diversificaron durante el Cretácico y transformaron los ecosistemas terrestres: aparecieron bosques distintos y, con ellos, un recurso nuevo, la fruta carnosa. Los autores del trabajo señalan una coincidencia temporal sugerente entre la expansión de esos frutos y la diversificación de los cenagnátidos. La pregunta que dejan sobre la mesa es si aquellos dinosaurios pequeños, al comer y defecar semillas lejos del árbol, cumplieron una función ecológica parecida a la de las aves frugívoras actuales.
Hoy, aves y mamíferos dispersan semillas de esa manera, y su ausencia local cambia la composición de un bosque. Trasladar ese papel a un terópodo de 12 kilos del Cretácico superior es tentador y, a la vez, arriesgado.
Aquí conviene ser explícito: es una hipótesis, no una prueba. Los fósiles demuestran una anatomía compatible con procesar frutos; no demuestran qué comió el último ejemplar, ni a qué distancia llevó una semilla, ni con qué frecuencia. No hay contenido estomacal, no hay coprolitos asociados y la muestra craneal es, de momento, única. La reconstrucción de la musculatura a partir del escáner es sólida, pero describe lo que el cráneo podía hacer, no lo que el animal hacía cada día.
Hay un segundo hilo, más de fondo. La diversidad de los dinosaurios al final del Cretácico sigue siendo objeto de debate: algunos estudios sostienen que varios grupos ya declinaban antes del impacto de Chicxulub, y cada especie nueva del Hell Creek matiza esa curva. Infernogallus añade un especialista de dieta estrecha a un ecosistema que creíamos dominado por los grandes herbívoros y sus depredadores. La imagen de un mundo en crisis convive mal con la de un mundo que todavía generaba formas nuevas.
El fósil, catalogado como ROM VP 65050, está expuesto en el Royal Ontario Museum de Toronto y el artículo puede leerse completo en Nature Communications. Lo que falta —más cráneos, más yacimientos, quizá alguna prueba directa de dieta— no depende de una nueva interpretación, sino de una pala y de años de campaña en Montana. Es la parte menos glamurosa de la paleontología y la única capaz de convertir una hipótesis elegante en un hecho.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una nueva especie de oviraptorosaurio cenagnátido, Infernogallus jamesi, con un cráneo articulado casi completo y adaptaciones mandibulares para comer frutos carnosos.
- Dónde: Formación Hell Creek, en Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur y Wyoming (Estados Unidos).
- Institución responsable: Royal Ontario Museum, Universidad de Stony Brook y Servicio Geológico de Dakota del Norte; artículo publicado en Nature Communications.
- Cuándo: El animal vivió hace unos 66 millones de años; el estudio se publicó en noviembre de 2026.
- Impacto a futuro: Abre la puerta a estudiar la dispersión de semillas por dinosaurios y la especialización ecológica de los terópodos pequeños.





