Vitalik Buterin sacude Ethereum: ETH vale 2.200 $ como reserva de valor, no por quemar comisiones

El cofundador de Ethereum sostiene en un hilo en X que la quema de comisiones nunca fue un suelo de precio real porque dependía del propio criptomercado. Su alternativa es una red más conservadora, con privacidad y resistencia a la censura como argumento de valor.

Vitalik Buterin ha vuelto a mover el marco mental de Ethereum. El cofundador de la red publicó este domingo un hilo en X en el que sostiene que ether debe valorarse como reserva de valor y no como un token que quema comisiones. De paso, cuestiona que el relato del ultrasound money —la tesis de que la quema de ETH hace al activo escaso por diseño— haya sido nunca el suelo de precio que se le atribuyó. ETH ronda los 2.234 dólares y su capitalización se acerca a los 273.000 millones, casi la misma cifra que él usa como ejemplo en su argumento.

El mensaje llega dos días después del cierre de Devcon 8, la conferencia de la comunidad ethereum celebrada en Mumbai del 3 al 6 de noviembre. Allí Buterin fue uno de los ponentes y los debates sobre criptografía postcuántica y disrupción de la IA ocuparon buena parte de la agenda. El hilo recoge ese clima: en la era de la IA, viene a decir, la estabilidad se valora más.

Publicidad

Qué ha dicho Vitalik sobre el ether y la quema de comisiones

El argumento se apoya en tres patas. La primera: ether como token de quema nunca fue tan sólido como parecía. La segunda: optimizar la red para quemar más comisiones exigiría que Ethereum y ETH funcionasen de un modo difícil de encajar con la descentralización y la resistencia a la captura. La tercera: si el objetivo es ser reserva de valor, el diseño se alinea con lo que la red hace mejor.

Buterin no pide enterrar la EIP-1559, la propuesta que desde 2021 destruye una parte de cada comisión pagada en la red. Al contrario, defiende mantenerla. Lo que rechaza es que esa quema sea el fundamento del valor de ETH y avisa de que no debería preocupar que se quede por debajo del 10% del punto de equilibrio de forma indefinida.

El núcleo del razonamiento es financiero. Si un token quema 1.000 millones al año y se descuenta al 4%, su capitalización tendría un suelo natural de 25.000 millones. Entre 2021 y 2023 Ethereum quemó millones de ETH bajo esa lógica. El problema es que buena parte de esa quema venía de actividad interna del propio criptomercado: si ETH cae diez veces, esos ingresos caen con él, porque los compradores tienen mucho menos dinero para pagar.

El ejemplo que usa es la venta de terrenos digitales que llegó a quemar 180 millones de dólares en comisiones en un solo día. También menciona actividades más ordinarias, como los préstamos. El suelo solo funciona si el respaldo de los ingresos es externo. Ethereum tiene hoy mejor candidato con la economía de activos del mundo real (RWA, por sus siglas en inglés: bonos, fondos o inmuebles tokenizados), aunque admite que es un negocio maduro y estable, y que no se va a volver loco quemando 180 millones en una venta de monos digitales.

Una red que se optimiza para quemar comisiones acaba pareciéndose a una empresa; una que se optimiza para durar se parece más a una infraestructura.

El coste de convertir Ethereum en una gran corporación

El segundo bloque del hilo es el que incomoda a la tesis corporativa. Si Ethereum quisiera justificar una capitalización de 270.000 millones optimizando la quema, tendría que operar como una gran compañía global, situada en la horquilla de una empresa como L’Oréal, que ocupa el puesto 55 por tamaño en el ranking mundial.

Mantener ese ritmo exigiría gastar como gasta una multinacional. Solo en investigación y desarrollo, unos 700.000 ETH al año según sus cálculos, una cifra que quebraría a la Ethereum Foundation casi de inmediato. También obligaría a financiarse dentro del protocolo, con todos sus problemas políticos, y a recortar en dos tercios los ingresos de los validadores, quienes bloquean 32 ETH para validar la red y cobran por ese trabajo.

Hay una derivada menos obvia. Optimizar la quema empuja a optimizar precios de gas altos, y eso expulsa usuarios, incluidos algunos de los que más necesitan privacidad y seguridad. El precio que maximiza el ingreso por uso genera menos uso que el que permite tanto uso como quepa dentro de los límites seguros de la cadena.

Qué significa para quien tiene ether: sobrevivir antes que rentabilizar

La alternativa que plantea es menos vistosa y más sólida. La métrica primera de una reserva de valor, dice, es sobrevivir. Eso implica decisiones conservadoras: seguridad basada solo en hashes, demostraciones formales, una osificación parcial del protocolo y un listón altísimo para aceptar cambios que añadan peso o recompensas internas capturables.

En esa lista entran cosas concretas: multifirmas para custodiar ETH con seguridad, el proyecto Kohaku para hacerlo con privacidad, FOCIL, como garantía de que un constructor de bloques no puede impedir que una transacción entre, y una dependencia mínima de infraestructura. Buterin cuenta que corre un nodo en su portátil, que sincronizó en menos de seis horas y que ocupa solo un octavo de su disco duro. Mejores cifras que en 2019.

Conviene poner el freno y mirar el precedente. En 2021, cuando se activó la EIP-1559, medio sector vendió la quema como el equivalente cripto de una recompra de acciones permanente. Era una analogía atractiva y, visto con distancia, incompleta: dependía de que la actividad de la red creciera sin techo. The Merge, en septiembre de 2022, recortó la emisión de nuevos ETH alrededor del 88% y dio a la tesis del ultrasound money su mejor munición. Cuatro años después, el propio creador del protocolo dice que ese no es el sitio donde está el valor. Y lo hace sin romper nada: no propone tocar la quema, solo dejar de venderla como argumento central.

La lectura tiene riesgos que conviene nombrar. Una reserva de valor se sostiene sobre confianza, y la confianza en Ethereum depende hoy de un puñado de proveedores de staking, de unos pocos rollups que concentran el tráfico y de una economía de RWA que sigue en manos de muy pocos emisores. El propio Buterin admite que la adopción sinérgica —más activos nativos en la capa 1— es la palanca que haría útil a ETH como garantía. Si esa pata falla, el discurso de la solidez se queda en filosofía.

Para el holder medio, el mensaje práctico es incómodo: ETH deja de competir por el relato de la escasez y pasa a competir por el de la fiabilidad. Eso encaja con un perfil de largo plazo y choca con quien espera un catalizador de precio en el corto. La pregunta abierta, y no menor, es si el mercado está dispuesto a pagar prima por una red que se osifica despacio, gasta menos en marketing y promete, sobre todo, no romperse. Su respuesta llegará con el siguiente hard fork, no con un tuit.


Publicidad