La actualización Glamsterdam de Ethereum entra en su tramo más delicado. El nuevo cálculo de gas que introduce el fork puede dejar bloqueados fondos de usuarios en contratos que nadie puede modificar, y una parte de los desarrolladores ya pide frenar el proceso antes de que llegue a la red principal.
Qué cambia la EIP-8037 y por qué rompe contratos que hoy funcionan
El punto de fricción tiene nombre técnico: EIP-8037, una propuesta que encarece el gas necesario para crear nuevo estado en la red. El estado es la base de datos viva de Ethereum: ahí viven los saldos, el código de los contratos y el almacenamiento de cada aplicación. Abrir una entrada nueva en esa base de datos cuesta gas, la unidad que mide el trabajo computacional de cada operación y se paga en ether, y la propuesta sube la factura.
El problema no es el encarecimiento en sí, sino a quién pilla por sorpresa. Muchos contratos desplegados reservan una cantidad fija de gas para esas operaciones o comprueban cuánto gas les queda en mitad de una transacción antes de continuar. Si el precio sube, esos cálculos dejan de cuadrar: la llamada se queda sin combustible y revierte. Y como el código desplegado en Ethereum es inmutable, nadie puede entrar a arreglarlo.
Ahí está el riesgo real. Un contrato que hoy gestiona depósitos, colateral o liquidez puede quedar en un estado del que no se sale, con el dinero dentro y sin llave para abrirlo. El esquema completo de precios está publicado en la página oficial de la EIP-8037.
Los 200.000 contratos que nadie quiere mirar
La comunidad no discute en abstracto. Un desarrollador de DeFi publicó el 7 de noviembre que su equipo había localizado más de 200.000 contratos afectados, calificó el plan de ‘completamente ridículo’ y señaló fallos metodológicos en los recuentos previos. Sus cifras afectan, según escribió, al despliegue y la operación de varios protocolos de primera línea.

Otro desarrollador contó que su equipo había detectado los mismos fallos antes de que Glamsterdam estuviera activo en la testnet Sepolia, una red de pruebas que replica el comportamiento de la red principal sin dinero real de por medio. Un investigador de seguridad que forma parte de la junta de la Fundación Ethereum se desmarcó con una idea incómoda: no piensa promover un fork que rompe invariantes que nadie conocía hace dos semanas.
Un fork que cambia el precio de operaciones ya desplegadas no rompe el código: rompe la confianza de que el código seguirá funcionando mañana.
Hasta el fundador de Curve Finance, uno de los protocolos de stablecoins más usados sobre Ethereum, intervino para pedir que no se rompa la cadena y avisó de un posible hard fork de emergencia con mucho ruido mediático. Un incendio, sí.
El precedente que debería haber servido de aviso
Ethereum ha ejecutado cambios enormes sin dramas. En septiembre de 2022, The Merge cambió la red de prueba de trabajo a prueba de participación sin detenerla un solo bloque. En abril de 2023, Shanghai abrió las retiradas del staking. En marzo de 2024, Dencun abarató las transacciones en los rollups. Todos esos hitos compartían algo: añadían capacidad o cambiaban reglas de consenso, pero no reescribían el precio de operaciones que los contratos ya daban por hechas.
La EIP-8037 va en la dirección contraria. No cambia lo que un contrato hace, cambia lo que cuesta hacerlo, y con eso altera supuestos escritos en piedra desde hace años. Ahí el debate deja de ser técnico y se vuelve económico: quién paga la diferencia cuando una aplicación se queda sin gas a mitad de una liquidación y quién responde si el saldo queda atrapado. El diseño puede ser más honesto, pero llega tarde para los contratos que ya existen.
La Fundación Ethereum ha pedido a los equipos y a los auditores revisar sus supuestos de gas antes de seguir avanzando. Los desarrolladores principales afrontan presión para publicar datos más completos antes de que el fork toque la red principal. El contexto tampoco ayuda: los ETF spot de ether atraviesan su peor mes de flujos desde su lanzamiento, según los datos que maneja el sector, y cualquier error de ejecución se leería como un fallo de gestión.
El calendario ya se ha movido una vez. En octubre, los desarrolladores retrasaron una prueba de Glamsterdam en la testnet Hoodi después de que los investigadores de seguridad señalaran riesgos. Y no todos los que empujaban deprisa mantienen la posición: un miembro influyente de la comunidad llegó a pedir la activación inmediata, con el argumento de que Ethereum garantiza acceso a la cadena y no precios de gas concretos, y horas después rectificó en público. Reconoció que la comunidad había fallado en el diseño, en la diligencia previa, y en la comunicación.
Nada de esto significa que Ethereum esté roto. Significa que el fork que debía llegar este año puede esperar, y que esperar sale más barato que un parche de emergencia. Vitalik Buterin ya ha puesto nombre al siguiente capítulo, Hegota, al que describió como el último fork ‘normal’ de la red. La decisión pendiente es fácil de formular y difícil de tomar: cuánto tiempo más se puede retrasar la actualización sin que el coste de la espera supere al del error.



