Un satélite europeo detecta fisuras activas en Alba Mons: los volcanes de Marte podrían no estar extintos

El Trace Gas Orbiter de la ESA y el IAA-CSIC localizan cloruro de hidrógeno siempre sobre las laderas de Alba Mons, al inicio del verano boreal. Las grietas del terreno, de cientos de metros, podrían ser la salida de gases magmáticos.

Los volcanes de Marte podrían no estar del todo muertos. El orbitador europeo ExoMars Trace Gas Orbiter ha registrado concentraciones de cloruro de hidrógeno que reaparecen siempre sobre la misma región, Alba Mons, y un equipo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) las vincula con unas fracturas del terreno que podrían estar dejando escapar gases del subsuelo. El trabajo se publica en Science Advances.

La noticia no es que haya cloruro de hidrógeno en la atmósfera marciana. Ese gas se detectó por primera vez en 2021, también con el TGO, y desde entonces los científicos se preguntaban de dónde salía. La novedad es el patrón: aparece en un lugar concreto, en un momento concreto del año marciano y sobre una estructura geológica que ofrece una explicación plausible.

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Alba Mons es uno de los volcanes más extensos de Marte, con un edificio volcánico que se cuenta entre los mayores del sistema solar. Ahí apuntan todas las miradas.

Un gas que aparece siempre en el mismo sitio y en la misma época

El equipo estudió cómo varía el cloruro de hidrógeno a lo largo de las estaciones marcianas. Y encontró una anomalía. Al comienzo del verano del hemisferio norte, cuando la atmósfera tiene poco polvo y el gas apenas debería detectarse, las concentraciones aparecían siempre sobre Alba Mons.

La repetición es lo que disparó las alarmas. Una detección aislada puede ser ruido instrumental, una casualidad estadística o un artefacto de la modelización. Que la misma molécula reaparezca en el mismo punto y en la misma estación durante varias campañas obliga a buscar una fuente en la superficie.

El detalle importa: el cloruro de hidrógeno se destruye con rapidez en la atmósfera de Marte, así que detectarlo implica una fuente cercana y, probablemente, en funcionamiento. No sirve pensar en un depósito antiguo que se evapora despacio.

Los investigadores revisaron entonces las imágenes orbitales de la zona y localizaron fracturas estrechas en las laderas del volcán. Algunas miden cientos de metros de longitud, el equivalente a varios campos de fútbol puestos en fila, y aparecen asociadas a cambios de color en el terreno.

El gas no aparece en cualquier parte: siempre sobre las mismas laderas, siempre en el mismo tramo del año marciano.

La hipótesis del equipo es que esas grietas funcionen como chimeneas. Gases procedentes del subsuelo ascenderían por antiguos conductos volcánicos y alcanzarían la superficie a través de las fracturas. En la Tierra, el cloruro de hidrógeno escapa de forma natural de los sistemas magmáticos, y ese paralelismo es el que sostiene la interpretación.

Cómo se lee una firma química a cientos de kilómetros de altura

La contribución del IAA-CSIC se centró en los espectros del instrumento ACS (Atmospheric Chemistry Suite), a bordo del TGO. La técnica es la ocultación solar: cuando el Sol se pone detrás de la atmósfera de Marte visto desde la nave, la luz atraviesa el aire marciano y llega al espectrómetro con las huellas de las moléculas que ha encontrado por el camino. Es como mirar una vela a través del humo de una habitación: la llama pierde justo los colores que el humo se ha quedado.

Ese método permite medir con enorme precisión qué hay y en qué cantidad, pero también impone sus límites. Cada ocultación ofrece una sección transversal de la atmósfera en un instante y un lugar determinados; reconstruir un ciclo estacional completo exige acumular observaciones durante años y compararlas con cuidado. Un solo espectro no demuestra nada. Cien espectros coherentes empiezan a contar una historia.

Alba Mons

Juan Alday, investigador del IAA-CSIC y miembro del equipo científico, explicó que estas observaciones sirven tanto para vigilar gases ya conocidos como para buscar especies que todavía no se han detectado. Según sus palabras, podrían aportar información adicional sobre la composición atmosférica de esa región y ayudar a entender los procesos que explican la presencia y la desaparición del cloruro observado.

Lo que aún falta para hablar de magma vivo

Conviene medir el alcance del hallazgo. Lo que el estudio presenta es una correlación espacial y estacional muy sugerente entre un gas y una estructura geológica: es una correlación, no una prueba directa de magma en el subsuelo. Nadie ha visto una colada fresca ni ha medido temperatura en una de esas grietas. La cadena de razonamiento es sólida, pero sigue siendo una cadena.

Los datos, la estacionalidad y la localización, apuntan a una fuente superficial en un terreno que ya fue volcánico. Lo que falta es el eslabón químico: identificar otros compuestos que acompañan al magmatismo y que cerrarían el círculo. Ese trabajo requiere más campañas y, probablemente, años.

Durante décadas se ha asumido que el vulcanismo marciano se apagó. Los grandes volcanes como Olympus Mons o el propio Alba Mons se formaron hace miles de millones de años, y la imagen popular es la de un planeta geológicamente difunto. Sin embargo, la última década ha ido acumulando indicios incómodos para esa idea: flujos de lava que parecen sorprendentemente jóvenes, actividad sísmica registrada por la misión InSight y episodios de metano que nadie ha sabido explicar del todo.

Si el cloruro de hidrógeno procede de un sistema magmático residual, Marte conservaría bolsas de calor interno en zonas concretas. Eso tiene consecuencias que van más allá de la geología: afecta a la historia del agua, a la posible habitabilidad del subsuelo y a la evaluación de riesgos para futuras misiones tripuladas. Un volcán dormido y un volcán que respira despacio no son lo mismo cuando se planifica un aterrizaje.

El siguiente paso es acumular nuevas campañas de observación sobre Alba Mons y comprobar si el patrón se repite año tras año con la misma precisión. También sería clave detectar otros gases asociados al magmatismo, que reforzarían o descartarían la hipótesis. Mientras tanto, el veterano Mars Express, en órbita desde 2003, sigue cartografiando la superficie marciana y aporta el contexto geológico que estos análisis necesitan.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: concentraciones de cloruro de hidrógeno que se repiten sobre Alba Mons al inicio del verano boreal, asociadas a fracturas que podrían ser vías de escape de gases del subsuelo.
  • Dónde: laderas de Alba Mons, uno de los volcanes más extensos de Marte.
  • Institución responsable: equipo internacional con participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) mediante el instrumento ACS del orbitador ExoMars Trace Gas Orbiter.
  • Cuándo: estudio publicado en Science Advances; el gas se detectó por primera vez en la atmósfera marciana en 2021.
  • Impacto a futuro: abre la puerta a un Marte con actividad magmática residual y obliga a reevaluar la geología, la habitabilidad del subsuelo y los riesgos de futuras misiones.

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