El USDT —el stablecoin más usado, diseñado para valer siempre un dólar— cotiza este jueves a 6.151 guaraníes, su nivel más alto en siete meses. Detrás del repunte no hay una fiebre inversora: hay un sistema bancario en caída libre. Ueno Bank ha entrado en liquidación, cerca de tres millones de paraguayos se han quedado sin acceso a sus depósitos y el presidente Santiago Peña ha anunciado su renuncia.
La escena resume bien lo que ocurre en el país. Mientras la moneda local pierde valor y las cuentas siguen bloqueadas, miles de ahorristas convierten sus guaraníes en una stablecoin dolarizada como tabla de salvación. Es la versión digital del viejo reflejo: cuando el banco no responde, se busca refugio en el dólar.
Qué pasó con Ueno Bank y por qué el USDT se disparó
El detonante tiene nombre y expediente. El Banco Central de Paraguay ordenó la liquidación de Ueno Bank porque su solvencia había caído por debajo del 50% del mínimo legal, el umbral que la normativa exige para garantizar que una entidad pueda devolver el dinero de sus clientes. La cifra no es un detalle técnico: por debajo de ese nivel, el banco no tiene colchón suficiente para afrontar una retirada masiva.
El tamaño del agujero explica la reacción. La entidad atendía a casi tres millones de clientes, prácticamente la mitad de la población del país, y la crisis ha tocado unos 850 millones de dólares en fondos públicos. Con ese volumen de afectados, cualquier señal de que el dinero no está disponible empuja a buscar alternativas fuera del sistema tradicional.
El precio lo confirma. A mediados de octubre, un USDT se cambiaba por unos 5.692 guaraníes. Este jueves ha superado los 6.000 y se ha instalado cerca de los 6.151, el nivel más alto desde mayo. No es una subida del bitcoin ni un movimiento de especulación: es la cotización de una stablecoin —un activo que debería valer un dólar estable— disparándose porque la demanda local de dólares se ha desbordado.
A quién afecta: del corralito a la ‘huida hacia la seguridad’
Los primeros perjudicados son los ahorristas con cuenta en Ueno Bank. Al bloquearse las cuentas, el acceso a su dinero queda congelado a la espera de que se resuelva el proceso de liquidación, un trámite que puede alargarse meses. Para quien tiene sus ahorros ahí, la stablecoin se ha convertido en una vía para conservar poder de compra en dólares, aunque sea fuera del circuito bancario.
Cuando el banco cierra la puerta, la stablecoin deja de ser una apuesta financiera y se convierte en la única salida disponible.
El propio sector lo ha leído en voz alta. El consejero delegado de Tether, Paolo Ardoino, ha descrito el fenómeno como una ‘huida hacia la seguridad’, y el conocido inversor Samson Mow lo ha vinculado a la búsqueda de refugio ante el congelamiento bancario. Son dos voces con interés directo en que el relato de las stablecoins como refugio cuaje, conviene tenerlo presente, pero describen un patrón que se repite en crisis bancarias de medio mundo.
La crisis, además, se ha vuelto política. Peña anunció su renuncia en un vídeo difundido en X este jueves, mientras la Cámara de Diputados debatía un juicio político en su contra. El Partido Colorado, que lidera Horacio Cartes, respaldó el proceso. El vicepresidente Pedro Alliana debería asumir el cargo para completar el mandato hasta 2028, aunque el Congreso todavía tiene que aceptar formalmente la renuncia.
Stablecoins como refugio: precedentes, límites y qué mirar ahora
No es la primera vez que una stablecoin funciona como termómetro de una crisis local. En Argentina, Turquía o Venezuela, la dolarización digital vía USDT lleva años creciendo al ritmo de la inflación y los controles de capital. El caso paraguayo se parece más al de un corralito clásico, el bloqueo repentino de los depósitos, como ocurrió en Argentina en 2001, que al de una economía con inflación crónica. La diferencia es la herramienta: antes se compraba dólar físico o se abría una cuenta en el exterior; hoy basta un móvil.
Hay que señalar los límites de esta narrativa. El USDT no está exento de riesgo: su valor depende de que Tether mantenga reservas suficientes y auditadas, un debate que el sector arrastra desde hace años. Y para el ahorrista paraguayo medio, acceder a una stablecoin exige un exchange, conocimiento básico y conexión, barreras que no todo el mundo salva. La adopción, en otras palabras, no es automática ni gratuita.
El marco regulatorio ayuda a leer el escenario. En la Unión Europea, las stablecoins operan bajo el reglamento MiCA, que exige reservas y transparencia; Paraguay no cuenta con un equivalente, lo que deja al usuario local sin la misma red de seguridad. Esa asimetría pesa cuando el activo deja de ser un experimento y se convierte en la cuenta de ahorro de quien no tiene otra.
La pregunta que de verdad importa tiene fecha: cómo se resuelvan los depósitos de Ueno Bank. Si los clientes recuperan su dinero en un plazo razonable, la demanda de USDT probablemente se modere. Si el proceso se alarga y la desconfianza se instala, el patrón podría consolidarse. En paralelo, el mercado vigila cada anuncio del Banco Central y del futuro gobierno de Alliana.
La lección, por ahora, es sobria. Las stablecoins no son una ideología: son una herramienta que gana peso allí donde el sistema tradicional falla. Y cuando tres millones de personas ven bloqueada su cuenta al mismo tiempo, el debate sobre su utilidad deja de ser teórico.




