Diez meses después de que Estados Unidos se llevara preso a Nicolás Maduro, en Venezuela siguen mandando los mismos jueces, el mismo árbitro electoral y, sobre todo, los mismos hombres armados que sostenían al expresidente. Es la tesis con la que arranca el último análisis de VisualPolitik, y cuesta discutirla: la única pieza que se ha movido en el tablero es quién se sienta en el Palacio de Miraflores, ahora Delcy Rodríguez. El resto del edificio sigue en pie, ladrillo por ladrillo.
Esta misma semana, la presidenta encargada prometió exactamente lo que se le pide a cualquier dictadura que quiera dejar de serlo: elecciones con un árbitro electoral nuevo y aceptado por todos. Suena bien. El problema es que no puso fecha. Y la dirigente opositora que negocia con respaldo de Washington ya da por hecho que no se votará antes de finales de 2027 o, en el mejor de los casos, de principios de 2028. Dos años después de la caída de Maduro. Como mínimo.
El artilugio jurídico que borró los plazos
La Constitución venezolana es bastante clara en este punto. Si un presidente falta de forma absoluta, hay 30 días para convocar elecciones; si la falta es temporal, el vicepresidente asume durante 90 días, prorrogables otros 90 con permiso de la Asamblea. El Tribunal Supremo, que sigue siendo el mismo de antes de enero, hizo lo que nunca se había visto: se sacó de la manga la figura de la ausencia forzada. Ni muerte, ni renuncia, ni inhabilitación. Maduro está preso fuera del país, así que no hay falta absoluta y, por tanto, tampoco obligación de votar.
El resultado es un limbo sin reloj. Los primeros 90 días se agotaron en abril, los 180 en julio, y la Asamblea que preside Jorge Rodriguez, hermano de la presidenta, sigue sin declarar nada. Como resume VisualPolitik con retranca, resulta llamativo que ahora se invoquen los plazos constitucionales cuando, de haberlos respetado, en Venezuela ya se habría votado hace meses.
Del tutelaje de Washington a la dictadura tutelada
El calendario no es casual. Responde al plan que Marco Rubio ha trazado en tres fases: primero estabilizar el país, después recuperarlo y solo al final abrir la transición política. El secretario de Estado ha dicho públicamente que Venezuela sigue en la fase de recuperación, y todo lo demás encaja con esa lógica. Hay un tutelaje pactado con los Rodríguez: se les deja hacer, no se les persigue y, si se portan bien, se les premia con dinero y con alivio de sanciones.
Los avances existen y conviene reconocerlos. Delcy Rodríguez firmó un acuerdo petrolero con Estados Unidos, impulsó una ley de amnistía en febrero y sigue recibiendo vuelos de deportados, el último el miércoles 28 de octubre con 300 personas a bordo. Pero el marco general no ha cambiado tanto. En palabras del canal, Venezuela ha pasado de ser una dictadura enfrentada a Washington a ser una dictadura tutelada por Washington.
Lo que ha cambiado es quién se sienta en Miraflores, no quién controla los tribunales, el árbitro electoral ni las armas. Por ahora sigue siendo una dictadura.
— VisualPolitik
Una hoja de ruta con nombre de mujer
La negociación tiene una interlocutora opositora concreta, Dinorah Figueroa, la política que presidió la Asamblea elegida en 2015, la última que ganó la oposición. Rubio la recibió en Washington el 9 de octubre y le prometió el mayor apoyo posible. La secuencia que se maneja es razonable sobre el papel: un nuevo Tribunal Supremo listo, como tarde, en diciembre; después un nuevo Consejo Nacional Electoral; y solo entonces la fecha de las elecciones. Como recuerda el programa, incluso en España, donde la cosa fue rapidísima, pasaron tres años desde la muerte de Franco hasta la Constitución de 1978.
A eso se suman los anuncios que la propia Delcy Rodríguez hizo hace apenas unas horas: nadie podrá ser detenido sin orden de captura, se garantizará el derecho a la protesta, se revisarán los expedientes de los presos por la llamada ley del odio, se privatizarán empresas públicas no esenciales y habrá garantías de seguridad para todos los actores políticos que quieran volver. María Corina Machado, recién regresada tras diez meses fuera, dijo en su primera rueda de prensa que no va a obstaculizar el diálogo. También dijo, con honestidad, que no se fía.
Las encuestas que explican la lentitud
Hay un dato que desmonta cualquier lectura ingenua del proceso. Según Atlas Intel, Machado tiene hoy el 52% de intención de voto, frente al 19% de Delcy Rodríguez y el 8% de Lorenzo Mendoza, dueño de Empresas Polar. La desaprobación de la presidenta encargada pasó del 61% al 65% en un solo mes. Con esos números, unas elecciones limpias serían el final del chavismo tal y como lo conocemos, y cada mes sin fecha es un mes más en el poder.
Llama la atención, y VisualPolitik lo subraya sin disimular su escepticismo, que la mesa de negociación haya dejado fuera precisamente a quien ganaría de calle. Que cada cual saque sus conclusiones.
Cabello, los presos y quién manda en la calle
El mejor termómetro sigue siendo el de los presos políticos. Según Foro Penal, en febrero había 568; a principios de octubre quedaban 322. Han salido muchos, sí, pero el gobierno sostiene que en Venezuela no existen presos políticos, solo delincuentes comunes, y mientras tanto siguen encarceladas más de 300 personas por razones políticas.
Y detrás de esa llave está el hombre que de verdad pesa. Diosdado Cabello es ministro de Interior, secretario general del PSUV y el tipo que cada semana señala opositores por televisión con nombre y apellido. Washington lo acusa de narcotráfico y mantiene una recompensa de 25 millones de dólares por su captura; la fiscalía de Chile lo vincula al secuestro y asesinato del exmilitar Ronald Ojeda en 2024. El día de la captura de Maduro llamó a los colectivos a la calle. Semanas después se sentaba con la misión diplomática estadounidense y con el Comando Sur.
En el plano militar, el cambio ha sido más cosmético de lo que parece. Delcy apartó en marzo a Padrino López, once años al frente de Defensa, y ha firmado una treintena de cambios en la cúpula. Pero el sustituto es Gustavo González López, exjefe del Sebin, la policía política, sancionado por Estados Unidos desde 2015, por Canadá y por la Unión Europea, y señalado por una misión de la ONU por posibles violaciones graves contra opositores. El hombre que persiguió a los disidentes manda ahora sobre los cuarteles.
Qué se puede comparar con otras transiciones
Las transiciones reales se miden en años y en cesiones concretas, no en anuncios. España tardó tres años en aprobar su Constitución tras la muerte de Franco; Chile convivió con buena parte del aparato pinochetista durante años después de recuperar las urnas. La diferencia con el caso venezolano es que aquí el árbitro, el tribunal y la policía siguen en manos del mismo bloque que organizaba las elecciones cuestionadas. Sin reforma del CNE y sin control civil sobre los cuerpos armados, cualquier calendario electoral es una promesa, no una garantía.
Qué significa esto para el lector
Para quien sigue Venezuela desde fuera, la clave está en distinguir entre gestos y cesiones. Los gestos son la ley de amnistía, los vuelos de deportados y los discursos sobre el derecho a la protesta. Las cesiones serían un CNE independiente, la liberación de los 322 presos que quedan y la salida de los sancionados de los ministerios de Interior y Defensa. Todo eso sigue pendiente.
El otro elemento es el precio de las sanciones. Washington ha convertido el alivio de las medidas en moneda de cambio y lo ha dosificado sin prisa, mientras Rubio insiste en que la fase de recuperación económica todavía no ha terminado. Ese ritmo conviene a los Rodríguez. También conviene a Cabello, que sigue en su puesto y sin sanciones levantadas.
La pregunta que deja el análisis de VisualPolitik no es si habrá elecciones, sino cuándo y con qué reglas. Cada mes que pasa sin fecha oficial es un mes ganado para quien no tiene ningún interés en perder el poder. Y queda una duda incómoda: si el verdadero dueño de la calle sigue siendo un hombre con una recompensa de 25 millones de dólares sobre la cabeza, ¿de qué sirve cambiar el nombre del inquilino de Miraflores? Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.





