20 años cazando rayos gamma: el telescopio Swift de la NASA caerá a la Tierra el 4 de noviembre

El observatorio, de 1,5 toneladas, fue apagado el 20 de octubre tras fracasar el intento de la NASA de reimpulsarlo en órbita. Las predicciones sitúan la entrada entre la tarde del 3 de noviembre y la mañana del 4 en hora peninsular.

El telescopio Swift de la NASA lleva 22 años mirando donde casi nadie mira. Ahora cae. El observatorio, de 1,5 toneladas, reentrará en la atmósfera terrestre el 4 de noviembre, según las predicciones difundidas por la cadena pública australiana ABC, después de que la agencia lo apagara a finales de octubre al fracasar el intento de rescatarlo.

Lanzado en 2004, el Neil Gehrels Swift Observatory nació con un encargo muy concreto: perseguir los estallidos de rayos gamma, las explosiones más luminosas del universo conocido. En estas dos décadas detectó al menos 1.400 supernovas y observó colisiones de estrellas, fulguraciones de agujeros negros y estrellas desgarradas por la gravedad de estos monstruos. Lo recuerda Brad Tucker, astrofísico de la Universidad Nacional de Australia: no es tan grande ni tan popular como Hubble o James Webb, pero se ha usado durante años y años.

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De 340 a 275 kilómetros: el punto de no retorno

La muerte de Swift no ha sido repentina. Durante más de dos décadas fue perdiendo altura por el rozamiento con las capas altas de la atmósfera, un frenado lento y constante. Lo que aceleró el final fue el Sol. La actividad solar de los últimos dos años, la misma que ha regalado auroras en latitudes insospechadas, calentó y expandió la atmósfera, y con ella creció la resistencia que frenaba al telescopio. En junio estaba a unos 340 kilómetros de altura.

La NASA intentó una maniobra audaz en julio: enviar un satélite privado para empujarlo a una órbita más alta. Falló. El ingenio no consiguió orientarse correctamente y el rescate quedó en nada. El 20 de octubre, con Swift a 275 kilómetros, el equipo asumió el punto de no retorno y lo apagó. Ya no tiene propulsión. No hay forma de guiarlo ni de elegir dónde va a caer.

El tamaño ayuda a hacerse una idea de lo que viene: el telescopio es como un minibús con alas de paneles solares. Viaja a unos 8 kilómetros por segundo, casi 29.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, la atmósfera deja de ser aire y se convierte en una fragua.

Swift no ha muerto por un fallo: lo ha empujado el Sol, el mismo que ha llenado de auroras los cielos de medio planeta.

Cuándo y dónde: dos predicciones y un margen de horas

Aquí empieza la parte incómoda. Sin control, nadie puede decir con precisión cuándo ni dónde. El programa Space Weather Operational Readiness Development, financiado por la NASA, sitúa la reentrada hacia las 4:37 de la madrugada del 4 de noviembre en la costa este de Australia, con un margen de unas horas. La corporación aeroespacial Aerospace calcula un momento bastante distinto: las 20:11 del mismo día, con una horquilla de 12 horas.

Traducido a la península, la estimación central del primer modelo cae a las 18:37 del 3 de noviembre; la del segundo, a las 10:11 del 4. Casi un día entero separa ambos cálculos, y esa distancia mide bien la dificultad del problema.

reentrada telescopio NASA

El punto de caída puede estar en cualquier lugar de su órbita, que se extiende entre los 21 grados de latitud norte y los 21 grados de latitud sur. Esa franja incluye el norte de Australia, África, India, el Sudeste Asiático, y Sudamérica. También buena parte del Pacífico, el Atlántico y el Índico. Tucker hace la cuenta sin adornos: si el 70 % del planeta es océano, siete de cada diez veces caerá en el agua.

Si baja sobre tierra firme, lo más probable es que no haya nada que ver desde el suelo. Y si hay suerte, el espectáculo será breve e intenso. A unos 120 kilómetros de altura el aire que rodea al telescopio se calienta y brilla. A 100 kilómetros es donde, por convención, empieza el espacio; por debajo, el objeto ya cae de verdad. La mayor parte del artefacto se desintegrará. Los expertos apuntan a que podrían sobrevivir piezas de tungsteno, más densas que el plomo, y fragmentos de los espejos. Nada grande, según Tucker, pero es inevitable que algo llegue al suelo.

Lo que se pierde cuando se apaga un ojo que veía lo invisible

La cuenta que deja Swift no es solo de supernovas. El telescopio observaba el cielo en rayos gamma y rayos X, pero también en ultravioleta y en luz visible, y esas dos últimas ventanas solo pueden abrirse desde fuera de la atmósfera. Esa capacidad de mirar el mismo objeto en varios rangos del espectro es lo que convirtió a Swift en una pieza difícil de sustituir: cuando algo explotaba, podía contar no solo que había explotado, sino cómo se estaba apagando.

Mi lectura es que la pérdida es real pero no catastrófica. Habrá otros instrumentos que cubran una parte del hueco en rayos X y en el óptico. Ninguno hará todo lo que hacía Swift, y desde luego ninguno con su cadencia de dos décadas. El propio Tucker lo resume sin dramatismo: esto pasa siempre en astronomía, ningún observatorio puede hacerlo todo.

Conviene además tomarse las predicciones con prudencia. Los rangos que manejan los dos modelos, de unas horas en un caso y de 12 en el otro, indican que la física de la reentrada depende de la densidad atmosférica del último día, que a su vez varía con el Sol. Nadie sabe cuánto material sobrevivirá ni si será recuperable. Y el lugar exacto se afinará solo en las dos últimas órbitas, cuando el mapa de trayectorias se reduzca a una sola línea.

Swift no es una excepción. Es el primero de una generación. La NASA calcula que el telescopio Hubble, 8,4 veces más pesado, reentrará sin control en 2033 o 2034. El debate sobre cómo bajar del cielo a estos veteranos sin convertirlos en basura orbital acaba de empezar, y este es su primer capítulo real.

Quien quiera seguir el último tramo puede consultar la página oficial de la misión, donde se actualizan las predicciones. El 4 de noviembre, en algún punto de una franja de 42 grados de latitud, un minibús con alas cruzará el cielo y se apagará para siempre. Veintidós años de datos, unos minutos de luz.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La reentrada no controlada del telescopio Swift de la NASA, apagado el 20 de octubre tras 22 años de vigilancia del cielo en rayos X y gamma.
  • Dónde: En cualquier punto de su órbita, entre los 21 grados de latitud norte y los 21 grados de latitud sur; con alta probabilidad, sobre el océano.
  • Institución responsable: NASA (observatorio Neil Gehrels Swift), con predicciones del programa SWORD y de Aerospace Corporation.
  • Cuándo: 4 de noviembre de 2026, con una ventana de incertidumbre de entre unas horas y 12 horas según el modelo.
  • Impacto a futuro: Cierra la era del principal cazador de estallidos de rayos gamma y abre el debate sobre el final de los grandes observatorios antiguos, como el Hubble en 2033 o 2034.

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