Volotea, sin liquidez para pagar 70,6 millones de CO2: un juez británico destapa el agujero

El fallo separa esta obligación de la deuda que se negocia con la SEPI y la deja, en principio, fuera del paraguas general del artículo 585 del preconcurso. Volotea no ha aclarado aún si la entrega de derechos se completó total o parcialmente.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Una sentencia del High Court británico, fechada el 29 de octubre, revela que Volotea manifestó no poder afrontar una obligación de 70,6 millones de euros en derechos de CO₂ (régimen EU ETS) con vencimiento a finales de septiembre.
  • ¿Quién está detrás? Volotea, aerolínea de bajo coste, y la Administración española, que rechazó el aplazamiento solicitado por la compañía, ya en preconcurso con la SEPI como principal acreedor.
  • ¿Qué impacto tiene? Refuerza la presión sobre la caja en plena negociación con bancos e inversores, aunque la empresa no ha cesado la actividad ni ha declarado concurso.

La tensión de liquidez de Volotea ya tiene cifra: 70,6 millones en derechos de CO₂ que la aerolínea dijo no poder afrontar. Una sentencia del High Court británico, fechada el 29 de octubre, revela además que la Administración española rechazó el aplazamiento solicitado por la compañía.

El fallo, dictado tras una vista celebrada el 8 de octubre, explica por qué la Justicia británica reconoció el preconcurso español de Volotea. La jueza vincula directamente el déficit de caja de la aerolínea con la obligación de entregar derechos de emisión a finales de septiembre, y recoge el testimonio de Stephen Rapp, director financiero y representante de la compañía en el procedimiento.

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Según la sentencia, Volotea manifestó no estar en condiciones de afrontar esa entrega y la Administración española no aceptó la petición de aplazamiento que había formulado. La compañía, eso sí, no ha declarado concurso ni ha cesado la actividad: mantiene abiertas las negociaciones para reestructurar su pasivo con bancos, inversores, y la SEPI.

Los 70,6 millones que no son deuda financiera

Los 70,6 millones no deben sumarse automáticamente a la deuda financiera que Volotea negocia. Se trata de una obligación derivada del régimen europeo de comercio de emisiones (EU ETS, el sistema por el que las aerolíneas entregan derechos de CO₂ por las emisiones de sus vuelos). Según el experto español citado por el High Court, los acreedores públicos vinculados a esta reclamación quedan en principio fuera del alcance general del artículo 585 que regula la comunicación del preconcurso, aunque determinadas ejecuciones sobre activos necesarios pueden quedar temporalmente suspendidas.

La resolución precisa que esa comunicación se presentó el 17 de septiembre y quedó confirmada judicialmente el día 21. A eso se suma que la SEPI es el principal acreedor individual de Volotea después del préstamo participativo de 200 millones de euros.

Volotea informa en su página de sostenibilidad de que en septiembre recibió 48.759 derechos EU ETS, valorados en unos 3,58 millones de euros, gracias al mecanismo europeo de apoyo a los combustibles sostenibles de aviación. La propia aerolínea los cifra en menos del 6% del total de derechos entregados correspondientes a 2025 y confirma que fueron abonados en su cuenta.

Los 70,6 millones no son deuda bancaria: son una obligación regulatoria que no admite quita, y eso cambia por completo la ecuación del preconcurso de Volotea.

Qué se juega Volotea: caja, preconcurso y el pulso con Bruselas

El dato de los derechos de emisión añade una dimensión nueva a la presión sobre la caja, pero no equivale a una declaración de concurso, liquidación o cese de actividad. La información pública disponible, no permite concluir que los 70,6 millones permanezcan hoy íntegramente impagados: la propia compañía no aclara si la obligación se satisfizo total o parcialmente ni cómo pudo financiarse.

En paralelo, la aerolínea afronta otro frente. En Francia, una asociación de consumidores la acusa de incumplir la normativa europea, según una información publicada esta semana. El expediente galo no tiene por qué afectar a su licencia de explotación, pero suma ruido reputacional en un momento en el que Volotea necesita convencer a acreedores y administraciones de que su plan de reestructuración es viable.

La pregunta que sobrevuela el sector es hasta qué punto el asunto del CO₂ condiciona la negociación global. Los 70,6 millones son una obligación de derecho público: no se sienta a la mesa como un banco, no acepta quitas fáciles y no entra en el perímetro de la deuda financiera que se reestructura. Ahí está la trampa del caso.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto inmediato no está en los vuelos, sino en la caja. Los 70,6 millones son una obligación que la Administración española no quiso aplazar, y eso deja a Volotea sin margen para negociar plazos con el acreedor público. La zona cero es el perímetro de acreedores, con la SEPI en el centro tras el préstamo de 200 millones, y con el frente británico y el francés como ruido de fondo.

El dato que resume la historia es la asimetría: 70,6 millones de obligación frente a 3,58 millones en derechos recibidos por la vía de los combustibles sostenibles, menos del 6% de lo entregado en 2025. El pulso es de tres bandas: Volotea pide tiempo, el Estado no lo concede y Bruselas mantiene un régimen de emisiones cada vez más caro para quien no compra SAF.

El precedente ayuda a leer el caso. Cuando Air Berlin quebró en 2017, el problema no fue una sola factura, sino la imposibilidad de refinanciar a tiempo. Volotea tiene un colchón que aquella no tuvo: la SEPI como acreedor principal y una plantilla activa. Pero el reloj corre. La próxima cita relevante es el cierre del plan de reestructuración con bancos e inversores; si no llega antes de que la caja se agote, el expediente del CO₂ pasará de anécdota judicial a detonante.


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