Mapa 3D del medio interestelar: New Horizons revela un vacío turbulento de 130 átomos por litro

El cruce de dos cartografías, polvo y radiación ultravioleta, concluye que el 41% del gas entre estrellas no encaja en ninguno de los dos estados estables que predice el modelo clásico. El trabajo del Technion aún espera revisión por pares.

El mapa 3D del medio interestelar revela que el 41% del gas de nuestra galaxia no está ni frío ni caliente. Lo ha levantado un equipo del Technion, en Haifa, cruzando dos cartografías independientes, y el resultado contradice el modelo que los astrofísicos enseñan en las facultades desde hace medio siglo.

La primera pista la dio en 2020 la sonda New Horizons de la NASA, ya muy lejos de Plutón. Sus instrumentos midieron un indicador indirecto del hidrógeno neutro que la rodeaba: unos 130 átomos por litro de espacio. Puesto en escala, el aire que respiramos es unos 200 trillones de veces más denso que aquel gas. Ese hidrógeno procede en su mayor parte del Big Bang y se repone sin descanso con el material que las estrellas expulsan al nacer y al morir. Parece niebla inmóvil. No lo es.

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Dos fases estables y una franja que la teoría prohibía

En 1969, George Field, Donald Goldsmith y Harm Habing propusieron que el medio interestelar existe en dos estados estables. El gas que se enfría colapsa en nubes a unos 100 kelvin, esto es, 173 grados bajo cero. El que recibe demasiada radiación ultravioleta de las estrellas vecinas se queda difuso y caliente, cerca de los 8.000 kelvin, más que la superficie del Sol. Entre ambos extremos, decía el modelo, no hay nada: los átomos saltan de un estado al otro casi al instante.

Ocho años más tarde, Chris McKee y Jeremiah Ostriker añadieron una tercera fase. El gas barrido por la onda de choque de una supernova se convierte en plasma a medio millón de kelvin. Fuera de esas zonas de castigo, eso sí, se seguía asumiendo un equilibrio tranquilo, con presiones que se compensan y un fondo que apenas cambia.

Comprobarlo era otra cosa. El hidrógeno atómico frío no emite luz visible; apenas delata su presencia mediante una transición rarísima del electrón que produce una onda de radio de 21 centímetros. Llevamos más de setenta años apuntando antenas a esa señal, pero desde la Tierra solo se obtiene una pila enredada de nubes superpuestas. Es como mirar a través de varias láminas de plástico de colores: los tonos se mezclan y no hay manera de separar las capas.

Setenta años de radiotelescopios apuntando al cielo y el gas seguía ahí, mezclado, sin dejar que nadie distinguiera una nube de otra.

Los mapas nuevos sí las separan. Al cruzar la densidad de polvo con la radiación que la calienta, punto por punto del espacio, el equipo de Haifa obtuvo un reparto que no esperaba: 27% de gas frío, 32% templado y un 41% atrapado en la franja intermedia. Jonathan Shelest, entonces estudiante de grado en el Technion y responsable del análisis, ha contado que su primera reacción fue pensar que se había equivocado. Buscó ruido estadístico y artefactos. No los encontró. El gas inestable se organiza en mantas coherentes que envuelven por completo a las nubes frías.

Casi la mitad del gas que separa las estrellas no está en equilibrio: se enfría, se recalienta y vuelve a empezar en un ciclo sin pausa.

Cómo se levanta un mapa en tres dimensiones

La infraestructura la puso Gaia, el satélite de la ESA lanzado en 2013. Al observar casi 2.000 millones de estrellas desde puntos opuestos de la órbita terrestre, Gaia mide su paralaje: el mismo truco de poner un dedo delante de la cara y cerrar un ojo y luego el otro. De ahí sale la distancia. Y de cómo se atenúa y enrojece la luz de cada estrella al atravesar el polvo sale la densidad del medio.

En 2024, otro equipo convirtió esos datos en un mapa continuo de la densidad de polvo dentro de una esfera de más de 4.000 años luz alrededor del Sol, la veinticincoava parte del diámetro de la Vía Láctea. Faltaba la otra mitad del problema: cuánta radiación ultravioleta llega a cada rincón. Shmuel Bialy, profesor de Shelest, supo de un mapa así, todavía sin publicar, en una conversación de congreso con el astrofísico Troy Porter, de Stanford. Entre los dos sumaron 200 gigabytes de datos.

New Horizons

Cruzar las dos capas no es trivial. Gregory Green, de la Universidad de Westlake, en Hangzhou, señala que muchas configuraciones distintas explican los mismos datos y que el reto es elegir la más plausible cuando las matemáticas se vuelven inmanejables. El equipo empleó una media de conjunto, un cálculo que tiende a suavizar los contrastes bruscos.

Lo que la revisión por pares todavía debe decidir

Quienes firman el trabajo lo enviaron a una revista en julio de 2026 y el manuscrito sigue en evaluación. Conviene decirlo con claridad: es un resultado pendiente de revisión por pares. Chris McKee, coautor del modelo de 1977, advierte de que el análisis pudo sobreestimar la fracción inestable si las zonas frías y calientes están demasiado próximas para que el método las distinga. Philipp Frank, del Instituto Kavli de Stanford, apunta en la misma dirección: una media de conjunto convierte una caída abrupta de densidad en una pendiente suave y, con ello, infla el gas intermedio. Los autores respondieron probando su método sobre un mapa de polvo distinto y de menor resolución: la fracción inestable se movió apenas un 5%.

Hay otra consecuencia que explica un viejo rompecabezas. Las galaxias son extraordinariamente malas convirtiendo gas en estrellas: solo una porción mínima del material disponible acaba en un núcleo en ignición. El ciclo de calentamiento y enfriamiento que agita el medio interestelar frenaría ese colapso. Anna Rosen, de la Universidad Estatal de San Diego, lo atribuye al empuje de la propia energía estelar sobre el gas vecino. Adam Ginsburg, de la Universidad de Florida, lo resume sin rodeos: algo remueve material, que la teoría estática colocaba quieto en uno de sus dos estados. Desika Narayanan recurre a la sangre, que transporta oxígeno y desechos por el cuerpo sin detenerse nunca.

Me interesa menos el titular que el método. Un mapa que combina polvo, radiación y distancias estelares permite por primera vez preguntar dónde exactamente se rompe el equilibrio, y no solo si se rompe. Si la revisión confirma ese 41%, los libros de texto tendrán que añadir un tercer estado al medio interestelar: el inestable, el que no llega a estabilizarse nunca. Las próximas observaciones deberán repetir el ejercicio fuera del vecindario solar.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: un mapa tridimensional del gas y el polvo interestelar cercano que sitúa al 41% del material en un estado intermedio inestable, no previsto por el modelo clásico de dos fases.
  • Dónde: el entorno del Sol, dentro de una esfera de más de 4.000 años luz de diámetro.
  • Institución responsable: Technion (Haifa, Israel), con Shmuel Bialy y Jonathan Shelest al frente; datos de Gaia (ESA), New Horizons (NASA) y el mapa ultravioleta de Troy Porter (Stanford). Pendiente de revisión por pares.
  • Cuándo: el artículo se difundió en julio de 2026 y sigue en evaluación en una revista científica a finales de octubre de 2026.
  • Impacto a futuro: explicaría por qué las galaxias forman estrellas con tan poca eficiencia y obligaría a reescribir la estructura de fases del medio interestelar.

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