La Fed deja los tipos de interés sin cambios y su comité no logra disimular la fractura. A menos de una semana de las elecciones de mitad de mandato, el banco central estadounidense optó por no moverse y dejar que sea el calendario político el que hable primero.
Las crónicas de la reunión coinciden en el diagnóstico. Tanto EL PAÍS como Reuters describen una pausa atravesada por las divisiones internas sobre el peso que deben tener las condiciones financieras en la conducción de la política monetaria. No es una discrepancia menor: es la diferencia entre creer que el trabajo está hecho y sospechar que todavía falta el tramo final.
El encargado de defender la decisión fue Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, en la rueda de prensa posterior al cónclave. No hubo compromiso explícito sobre el siguiente paso. La Vanguardia lo resumió con una fórmula que describe bien la situación: Warsh aplaza la subida hasta después de las elecciones.
Ahí está la clave. Una pausa que no nace de la convicción de que la política monetaria esté en el punto correcto, sino de la incomodidad de mover fichas con las urnas a la vista. El mercado lo ha leído igual: según la lectura que recoge Finect, los futuros descuentan la congelación de octubre y sitúan la próxima subida de tipos en diciembre.
Una pausa que no es un giro
Dentro del Comité Federal de Mercado Abierto conviven dos lecturas. Una sostiene que las condiciones financieras ya son suficientemente restrictivas y que apretar ahora, con el consumo dando señales mixtas, sería pasarse de frenada. La otra advierte de que la inflación de servicios no cede al ritmo previsto y de que cada mes de espera encarece la corrección posterior. Ninguna de las dos ha ganado. De momento.
La dimensión política es inevitable. La Reserva Federal lleva dos años defendiendo su independencia frente a las presiones del Ejecutivo, y ahora se encuentra con que su decisión más cómoda coincide casi al día con la cita electoral del 3 de noviembre. Eso no la invalida, pero sí la expone. Cualquier movimiento de diciembre será leído en clave de resultado, y ese es un problema de comunicación que el banco central no había tenido que gestionar en este ciclo.
Una pausa que se explica por el calendario se juzga después por lo que ocurre cuando el calendario deja de estorbar.
Los miembros del comité insisten en que se decide reunión a reunión y en que no existe una senda predefinida. Es la fórmula habitual, y también la manera de no comprometerse antes de conocer el dato de empleo de noviembre y la evolución de los impagos en el crédito al consumo, dos variables que el mercado seguirá con lupa.
El 8 y 9 de diciembre, la próxima cita
La siguiente reunión del FOMC está fijada para el 8 y 9 de diciembre, según el calendario oficial de la Reserva Federal. Ahí, y no antes, se sabrá si la pausa de octubre fue una tregua o el primer paso de un giro. La presión del mercado apunta a lo segundo.
El problema es que la economía estadounidense llega a esa cita sin un diagnóstico limpio. El mercado laboral se ha enfriado en los márgenes pero no en el núcleo, y la desinflación de los bienes convive con una inflación de servicios que se resiste a bajar. Con ese cuadro, una subida en diciembre tendría más de seguro contra el futuro que de respuesta al presente.

El euríbor no espera a la Fed
Para el lector español, la traducción de todo esto tiene nombre: euríbor. El índice al que se revisan millones de hipotecas variables en España no depende de la Reserva Federal, pero sí del entorno financiero global que la Fed contribuye a fijar. Mientras el precio del dinero en Estados Unidos no se mueva, el mercado europeo tampoco encuentra motivos para deshacer posiciones.
Esa quietud tiene dos caras. Para quien revise su hipoteca en los próximos meses, significa que la cuota no va a mejorar de forma apreciable: la bajada que muchos esperaban para el segundo semestre se ha ido desplazando hacia adelante sin fecha cierta. Para los bancos, es un escenario cómodo, con márgenes estables y sin necesidad de repreciar el pasivo con urgencia.
El Banco de España publica el euríbor con periodicidad mensual y sus series son la referencia que siguen la mayoría de los comparadores hipotecarios. Conviene mirarlas con la misma calma con la que el FOMC mira sus propios indicadores: un mes no hace tendencia. Lo que sí hace tendencia es un ciclo de tipos altos que se alarga más de lo previsto, y eso es exactamente lo que la pausa de octubre certifica.
Hay un riesgo que conviene nombrar. Si la Fed sube en diciembre y el BCE no la acompaña, el diferencial transatlántico se abre, el dólar se fortalece y las condiciones financieras se tensan también en Europa. España lo notaría antes en la inversión empresarial que en el consumo, porque la primera se financia a plazo y la segunda aguanta con ahorro acumulado.
La pregunta que queda abierta no es si la Fed subirá, sino si un comité que hoy aparece dividido será capaz de decidir por razones económicas y no por la resaca electoral. La primera prueba será el acta de esta reunión, que se conocerá tres semanas después de la cita, y el dato de empleo previo. Ahí se verá si la fractura era táctica o estructural.




