El fin de producción del McLaren 750S ya tiene fecha: 2027, con los pedidos definitivos abiertos. La marca británica cierra la plataforma que arrancó con el 720S en 2017 y deja atrás casi una década de superdeportivos de motor V8 biturbo.
No es una retirada silenciosa. McLaren ha confirmado el calendario y, en paralelo, ha abierto el cuaderno de últimos pedidos, lo que convierte cada unidad nueva en una pieza con fecha de caducidad conocida. En este segmento, la información pública sobre el final de una serie suele ser el primer detonante de la prima de escasez.
Del 720S de 2017 al 750S: el tramo final de una plataforma V8
El 750S llegó al mercado en 2023 como una evolución del 720S con cerca del 30% de sus componentes modificados. Conserva el V8 biturbo de 4,0 litros y 740 caballos, junto a una suspensión, una aerodinámica y una calibración de cambio revisadas, además de un habitáculo más orientado al conductor. El peso en seco declarado es de 2.815 libras, unos 1.277 kilogramos.
De esa misma plataforma salieron el 765LT, con enfoque de circuito, y el recién presentado 788HS. Casi diez años de recorrido que ahora se convierten en argumento de venta: el comprador ya no adquiere solo un coche, adquiere el cierre de una familia mecánica completa.
Cuando una marca pone fecha de caducidad a su plataforma térmica, el mercado deja de valorar prestaciones y empieza a valorar número de serie.
Qué compra el inversor en las últimas unidades

Henrik Wilhelmsmeyer, director comercial de McLaren, ha defendido el cierre apelando al legado de la referencia y a sus señas de identidad: rendimiento, implicación al volante y personalización. El discurso es razonable, aunque la decisión responde a motivos menos sentimentales.
El anuncio se enmarca en una transformación profunda del fabricante. McLaren ha renovado su logotipo y prepara una gama más amplia, con un SUV deportivo que apunta directamente al Ferrari Purosangue. Los informes apuntan además a que el híbrido Artura podría acercarse al final de su ciclo, lo que despejaría el terreno para una generación nueva.
Ahí está la clave. El coleccionista no compra el mejor McLaren de la historia; compra el último de una estirpe concreta antes de que la electrificación reordene el catálogo. Es lo que el sector llama end of line, y la escasez no la crea el rendimiento, la crea el cierre.
Hay además un componente operativo que suele ignorarse. El V8 biturbo de la familia 720S-750S lleva casi una década en el mercado, con una red de servicio consolidada y disponibilidad de piezas para los próximos años. Un motor nuevo y electrificado arranca esa curva desde cero.
La pauta que se repite en la marca es conocida: las versiones LT y las series cortas concentran el valor coleccionable, mientras las variantes estándar absorben la mayor parte de la depreciación inicial. El 750S de cierre entra en la primera categoría por condición de última hornada, aunque su volumen final todavía no esté acotado.
Comprar el final de una serie térmica tiene sentido cuando la marca sube de precio, no cuando solo cambia de tecnología.
El riesgo no está en el coche, está en el comprador
Mi lectura es que el 750S de cierre de serie encaja en una cartera de activos tangibles como apuesta de revalorización, nunca como refugio defensivo. McLaren carece de la profundidad de coleccionismo de Ferrari y de la base de aficionados de Porsche, y esa diferencia se traduce en un mercado secundario más delgado: menos compradores, más tiempo de exposición y descuentos más agresivos cuando el ciclo se gira.
La incógnita añadida es el volumen. La compañía no ha detallado cuántas unidades aceptará antes del cierre de 2027, y ese número decidirá si la prima de escasez se sostiene o se diluye en el discurso comercial.
El segundo factor a vigilar es el sucesor. Si McLaren presenta una nueva generación híbrida con prestaciones equivalentes y un precio contenido, la prima del último V8 se comprime. Si llega más arriba en precio y con producción limitada, ocurre lo contrario.
Lo que daría la vuelta al planteamiento es un giro regulatorio o fiscal sobre el motor de combustión en los mercados donde la marca vende más unidades. Cualquier endurecimiento aceleraría la prima de las últimas series térmicas; cualquier relajación la enfriaría.
El hito para seguir es doble: el cierre del libro de pedidos y la presentación de la nueva gama, con el SUV como pieza central. Ambos movimientos deberían producirse antes del apagón previsto para 2027, y ahí se sabrá si el mercado trató al 750S como un icono o como un modelo más.
💎 Veredicto Wealth
El 750S de cierre de serie es una apuesta de revalorización agresiva para un horizonte de cinco a siete años, no un activo de preservación de capital. El riesgo principal es la liquidez: el mercado de coleccionistas de McLaren es estrecho y una salida precipitada se paga con descuento.




