Petróleo Ormuz: Irán pierde el control del estrecho y dispara los precios

Los países del Golfo han reabierto la vía marítima con una flota lanzadera escoltada por Estados Unidos, mientras Teherán se queda sin compradores y los refinados escasean. El precio del crudo no baja porque el riesgo sigue en pie.

El estrecho de Ormuz vuelve a ser una autopista de crudo. En su último análisis, VisualPolitik sostiene que las exportaciones del Golfo Pérsico han recuperado niveles prácticamente de preguerra, un dato que choca con la idea de un conflicto abierto. La paradoja es solo la punta del iceberg: hay más barriles cruzando el paso, pero salen mucho más caros, Irán se ha quedado fuera del negocio y varios proveedores de refinados han desaparecido del mapa a la vez.

La lanzadera que esquivó a Teherán

Según explica VisualPolitik, la recuperación no se debe a una relajación de la tensión, sino a un ingenio logístico. Todo comenzó en mayo, cuando la petrolera estatal de Emiratos Árabes Unidos puso en marcha una suerte de lanzadera con once petroleros. El procedimiento es sencillo: cargan el crudo dentro del Golfo, cruzan el estrecho pegados a la costa de Omán por rutas previamente marcadas y protegidas por la aviación y la marina de Estados Unidos, y ya fuera del paso transbordan la carga a otros buques para regresar a por más. Emiratos asume además el riesgo, lo que evita fricciones con las aseguradoras.

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El modelo funcionó tan bien que Arabia Saudí y Kuwait lo copiaron. VisualPolitik cifra en unos 116 los petroleros que hoy realizan ese viaje de ida y vuelta, una flota improvisada que mantiene el crudo fluyendo a pesar de la guerra.

Irán, acorralado y sin vender un barril

El reverso de la moneda es Irán. Mientras sus vecinos vuelven a colocar petróleo en el mercado, Teherán no puede hacerlo porque Estados Unidos bloquea sus puertos. El canal asegura que en septiembre el régimen no logró cargar ni un solo barril. El impacto interno es severo: empleados del sector abandonan sus puestos ante los impagos y el hundimiento del rial, la moneda local, que ha dejado de servir como referencia de valor.

VisualPolitik advierte de que un régimen acorralado es un régimen peligroso. La hipótesis que maneja el canal es que Teherán opte por escalar el conflicto para arrancar cesiones, incluso si eso significa golpear la infraestructura energética de la región: oleoductos, refinerías y puertos. No sería una novedad: Irán ya demostró esa capacidad con el ataque al oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí.

‘Un régimen acorralado es un régimen peligroso’, sostiene VisualPolitik, que apunta a una escalada iraní para conseguir cesiones.

— VisualPolitik

El crudo vuelve, pero a precio de oro

Hay otro matiz que explica por qué el barril sigue alto pese a la aparente normalidad. Sacar crudo del Golfo hoy cuesta mucho más que antes. VisualPolitik detalla que cada viaje de la lanzadera ronda los 58 millones de dólares, lo que equivale a cerca de 30 dólares por barril. Una cifra enorme si se compara con el precio de un petrolero nuevo, unos 220 millones, que con cuatro travesías quedaría prácticamente amortizado. Ese sobrecoste termina repercutiendo en el precio final.

China pisa el acelerador de la demanda

Al coste hay que sumar la demanda. China, el mayor comprador de crudo del planeta, batió su récord histórico en diciembre del año pasado con más de 13 millones de barriles diarios. Con el estallido del conflicto pisó el freno y en junio sus importaciones cayeron hasta unos 7 millones de barriles al día, el nivel más bajo en casi una década. Ese desplome alivió temporalmente al mercado. Pero el respiro se ha terminado: en agosto Pekín volvió a importar cerca de 9 millones de barriles diarios, su mejor dato en cuatro meses.

Refinados: la escasez que sí llega al surtidor

VisualPolitik insiste en una distinción clave: el crudo y los refinados se negocian en mercados distintos. El Golfo no solo exporta petróleo en bruto, también alberga algunas de las mayores refinerías del mundo. Antes de la guerra, según los datos que cita el canal, la región vendía entre el 15 y el 20% de todos los refinados del planeta. Hoy esas exportaciones rondan la mitad de lo habitual.

Y el Golfo no está solo en ese desplome. Rusia, que aportaba cerca del 5% de los refinados mundiales, ha visto cómo los ataques con drones ucranianos dañaban su capacidad de refino. Moscú prohibió la exportación de diésel para no quedarse sin combustible en casa y ahora es ella la que importa gasolina de la India, según las fuentes que maneja el canal. A ese cuadro se suma China, que ha restringido sus exportaciones de refinados y deja fuera del mercado cerca de un millón de barriles diarios adicionales.

Qué vigilar en las próximas semanas

Tres de los grandes proveedores de refinados fallando a la vez es el retrato que deja el análisis. A ello se añade la advertencia que VisualPolitik atribuye al consejero delegado de Saudi Aramco, Amin Naser: las reservas mundiales de petróleo serían alarmantemente escasas y podrían tardar hasta dos años en recuperarse tras el conflicto. En Teherán, apunta el canal, hay fechas marcadas en rojo en el calendario.

El contexto ayuda a dimensionar el problema. El estrecho de Ormuz es uno de los puntos de estrangulamiento energético más importantes del mundo: por él circula una quinta parte del crudo que se consume a diario y no existe una ruta alternativa capaz de absorber ese volumen a corto plazo. Las reservas estratégicas de los países consumidores sirven como colchón, pero su capacidad es limitada y su uso tiene coste político. Cualquier tensión sostenida en el precio del petróleo se traslada con rapidez al surtidor y a la cesta de la compra.

La lectura editorial que deja este análisis es incómoda. La normalidad aparente del estrecho esconde una fragilidad mayor, no menor. El crudo vuelve a fluir porque una operación militar y logística lo sostiene, no porque el conflicto se haya resuelto. Eso significa que cualquier error de cálculo, un ataque a un puerto, a un oleoducto o a una refinería, puede deshacer en días lo que ha costado meses reconstruir. Para el consumidor, el resultado es un precio del petróleo que se resiste a bajar incluso cuando la oferta se recupera, porque lo que se paga no es solo el barril, sino el riesgo de que deje de llegar. Para los gobiernos, la advertencia es doble: diversificar proveedores y mantener reservas estratégicas deja de ser una recomendación de manual para convertirse en una urgencia.

VisualPolitik deja tres preguntas sobre la mesa: si el conflicto escalará de verdad, dónde golpearía Irán y qué pasaría con el precio si da ese paso. Las respuestas dependen de un calendario que no controlamos. Al fin y al cabo el mercado lleva meses apostando a que el peor escenario es posible.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.


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