El riesgo crediticio de SpaceX marcó esta semana su máximo histórico. Los credit default swaps (CDS) a cinco años de la compañía de Elon Musk escalaron hasta los 194 puntos básicos el miércoles, frente a los 110 con los que empezaron a cotizar en junio. Dicho de otro modo: proteger un millón de dólares de su deuda frente a un impago cuesta ahora 19.400 dólares al año.
La chispa fue un informe del Financial Times según el cual SpaceX busca captar 40.000 millones de dólares en deuda para comprar chips de Nvidia. La noticia bastó para que los inversores empezaran a vender sus bonos: el diferencial de rendimiento de su emisión con vencimiento en 2056 se amplió 0,09 puntos porcentuales, hasta 2,36 puntos porcentuales sobre el Tesoro estadounidense. En junio era de 1,75 puntos.
De 110 a 194 puntos básicos en cuatro meses
Los CDS de SpaceX llevaban cotizando desde junio, cuando debutaron en torno a los 110 puntos básicos. Cuatro meses después, la referencia se ha disparado un 76%. La lectura no admite demasiadas interpretaciones: el mercado ha dejado de mirar a la compañía como una historia de cohetes y ha empezado a valorarla como lo que también es, un emisor de deuda con un plan de inversión que todavía no ha demostrado que funcione.
La reacción no es un movimiento aislado de un solo título. El mercado está revisando en bloque el riesgo de todas las compañías que han convertido la inteligencia artificial en su principal argumento de crecimiento. Y SpaceX, que combina cohetes, satélites y centros de datos, entra en ese paquete por la puerta grande.
40.000 millones para comprar chips de Nvidia
Hay dos tramos en la operación que ha encendido las alarmas. SpaceX intenta captar 10.000 millones de dólares en préstamos bancarios y otros 30.000 millones en deuda con grado de inversión. El objetivo declarado es financiar la compra de chips a Nvidia. Según el Financial Times, el fondo Apollo lideraría la colocación y Pimco figuraba entre los prestamistas con los que la compañía mantenía conversaciones.
El movimiento no llega en el vacío. En junio, SpaceX ya había emitido 25.000 millones de dólares en deuda de grado de inversión, apenas unas semanas después de protagonizar una de las mayores salidas a bolsa de la historia, con 86.000 millones captados. La nueva ronda sugiere que Musk está redoblando su apuesta por la tecnología de Nvidia y por la infraestructura que la sostiene.
Cuando el seguro contra un impago se duplica en cuatro meses, el problema ya no es el cohete: es el balance.
En todo Silicon Valley se repite el mismo patrón. Alphabet, Meta, Oracle y Amazon han emitido bonos y préstamos por cientos de miles de millones de dólares para financiar la construcción de centros de datos en Estados Unidos. Y los seguros contra impago de esas compañías también se están encareciendo semana a semana.
La IA ya se mide como riesgo sistémico
Los números dibujan un patrón difícil de ignorar. El coste de los CDS a cinco años de Oracle ha subido 40 puntos básicos desde principios del mes pasado, hasta 244. Los de Nvidia han pasado de 45 puntos básicos a principios de julio a unos 81. Alphabet, Meta y Microsoft cotizan cerca de sus máximos históricos en este mismo instrumento. Como resume un banquero de renta variable, todo el mundo busca formas de cubrirse ante cualquier contratiempo en la inversión en IA.
El escepticismo no es solo de los tenedores de bonos. Adam Jonas, analista de Morgan Stanley, escribió esta semana a sus clientes que muchos dudan de que SpaceX logre consolidarse como proveedor relevante de modelos de IA de vanguardia o despliegue capacidad de computación orbital en algún horizonte razonable. En una presentación ante 40 clientes preguntó quién tenía acciones de la compañía y, como recogió en su nota, nadie levantó la mano.
Ahí está la contradicción que el mercado empieza a poner precio. SpaceX ha construido su reputación sobre una capacidad de ejecución excepcional, pero el negocio que ahora pide 40.000 millones no es el negocio que la hizo famosa. Mezclar cohetes, satélites, servicios de internet y cómputo para IA en una misma estructura complica la valoración y multiplica los puntos de fallo.
No creo que nadie esté cuestionando la ambición de Musk. Lo que los CDS están diciendo es más simple y más incómodo: los acreedores han pasado de fiarse del relato a exigir prima por él. Y cuando el coste de asegurar la deuda de una compañía sube un 76% en cuatro meses, la pregunta deja de ser cuánto puede crecer la empresa y pasa a ser cuánto está dispuesta a pagar por seguir creciendo. Habrá que vigilar dos cosas: si la operación de deuda se cierra en las condiciones previstas y qué dicen los resultados de Nvidia a finales de año.



