La megasupervisión de ESMA sobre los mercados europeos llega recortada. Bruselas ha cerrado un acuerdo para convertir a la Autoridad Europea de Valores y Mercados en el vigilante único de la negociación continental, pero las presiones de Alemania han descafeinado el proyecto y han dejado fuera a grandes operadores como Deutsche Börse y, de rebote, a BME.
Los nuevos criterios dejan a BME fuera de la vigilancia única
El pacto alcanzado en el Consejo de la Unión Europea modifica los criterios que definen cuándo una infraestructura de mercado es paneuropea y, por tanto, queda bajo supervisión directa de ESMA. Ahora, un operador debe representar al menos el 5% de la actividad de negociación relevante en la UE y formar parte de un grupo que gestiona centros en en al menos dos Estados miembros. La alternativa exige el 15% de esa actividad y una cuota transfronteriza sostenida del 85% en acciones, ETF y bonos, o del 90% en derivados.
Con ese umbral, si el volumen se concentra en el mercado doméstico —como sucede en España o Alemania— la plataforma pasa a considerarse una infraestructura enfocada a nivel nacional, por masiva que sea su tamaño. BME seguirá bajo el radar de la CNMV. Deutsche Börse conserva en Fráncfort buena parte de su negocio.
El texto pactado coloca a ocho grandes grupos de negociación bajo el paraguas directo de ESMA. Entre ellos figuran Euronext, Nasdaq, Cboe, Tradeweb y las filiales europeas de London Stock Exchange Group. El refuerzo del supervisor es indiscutible, aunque queda lejos de la vigilancia única que la Comisión Europea ambicionaba.
El resto de plataformas podrá adherirse de forma voluntaria a través de la figura de los Operadores de Mercado Paneuropeos, un pasaporte único para operar sin trabas en todo el continente. No se espera que muchas lo hagan: una plaza sin ambiciones transfronterizas no saca partido a esa fórmula.
Bruselas no ha ocultado su malestar. La comisaria de servicios financieros, Maria Lluis Albuquerque, ha lamentado que el compromiso ‘se queda significativamente por debajo del nivel de ambición necesario’ y confía en que el Parlamento Europeo eleve el listón en los trílogos finales.
Bruselas quería un vigilante único al estilo del BCE; se queda con un supervisor reforzado y una fragmentación que Alemania ha decidido conservar.
Bruselas critica el acuerdo mientras ESMA amplía su perímetro
Junto a la vigilancia de los operadores, ESMA asumirá la supervisión de las compañías de compensación y liquidación más significativas y de los mayores operadores de criptoactivos. Las gestoras y los fondos seguirán en manos de las autoridades nacionales. Christine Lagarde, presidenta del BCE, trasladó su malestar con el resultado a los ministros de Finanzas durante la cena previa.
El supervisor europeo arranca la reforma con un nombre español en su cúpula. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, Carlos San Basilio, ha sido elegido miembro del Comité Ejecutivo de ESMA, con un mandato que se extiende hasta el 20 de septiembre de 2029 y renovable por otros dos años y medio. Será uno de los siete responsables de pilotar la transición hacia el nuevo modelo de gobernanza.
La financiación del salto de escala sigue abierta. La nueva legislación prevé recurrir a las tasas de supervisión ya vigentes, que podrían subir si crece la actividad, y repartir el resto del presupuesto entre aportaciones de las autoridades nacionales (40%) y de la Comisión Europea (60%). Bruselas había planteado inicialmente el reparto inverso.
Análisis: una Unión de Mercados de Capitales a dos velocidades
La Unión de Mercados de Capitales lleva una década intentando romper las fronteras nacionales, y este acuerdo demuestra lo difícil que resulta. Alemania ha conseguido lo que buscaba: blindar Fráncfort sin renunciar a un supervisor más fuerte sobre el papel. España ha pagado la factura sin haber movido ficha.
El precedente está en la unión bancaria, que también arrancó con un mecanismo único para las entidades significativas y dejó a las pequeñas en manos nacionales. El resultado fue un sistema a dos velocidades que todavía se discute. Con los mercados de capitales ocurrirá algo parecido: ocho grupos bajo ESMA y decenas de plazas respirando al ritmo de su capital. El riesgo es claro: una supervisión fragmentada complica la resolución de crisis transfronterizas y frena la armonización.
La pelota queda en el Parlamento Europeo, que puede endurecer el texto en los trílogos. El acuerdo incluye una revisión a dos años, plazo que coincide con el aterrizaje del nuevo modelo. Ahí se verá si la ambición de Bruselas pesa más que la resistencia de los Estados.





