El consejero delegado de Banco Sabadell, Marc Armengol, culpa a la sobrerregulación de la escasez de oferta y exige más suelo urbanizable. Lo ha dicho en una entrevista con Bank of America.
El diagnóstico del banquero es duro, con el marco normativo desplegado en la última década. Armengol sostiene que las medidas aprobadas han servido para poner parches y no para resolver el problema. ‘La intensa regulación en el mercado inmobiliario tratando, en cierto modo, de poner parches a la situación —no diría de resolverla— ha derivado en un desequilibrio que ha provocado una falta de oferta’, ha explicado.
La lectura conecta con una evidencia que comparten el Banco de España y las grandes promotoras: el parque residencial español no ha crecido al ritmo que exigía la demografía. Años después del estallido de la burbuja en 2008, el mercado ha cambiado por el dinamismo poblacional y los flujos migratorios, pero esa presión no se ha respondido con un incremento equivalente de vivienda terminada.
El resultado, según el banquero, es el encarecimiento que ya se aprecia en los precios de compraventa y de alquiler. ‘Cuando los precios se han disparado, existe cierto consenso para que entre administraciones y agentes se trabaje en la misma dirección’, añade.
Las tres palancas que Sabadell exige a las administraciones
Armengol aterriza la receta en tres medidas concretas: agilizar la concesión de licencias para nuevas viviendas, identificar nuevos suelos urbanizables y canalizar la financiación necesaria a través de la economía. Son las tres palancas que, en su opinión, pueden corregir la brecha entre oferta y demanda antes de que se cronifique.
A eso se suma la disposición del banco a arrimar el hombro. ‘Hemos mantenido conversaciones dentro del sector bancario, con representantes políticos, etc., y estamos más que dispuestos a contribuir a la solución, que pasa por construir más viviendas en España’, ha remarcado.
El consenso de la banca y las promotoras ya no discute si falta vivienda, sino por qué la administración tarda años en aprobar el suelo donde debería levantarse.
La tesis del directivo no es aislada. La subdirectora del Banco de España, Soledad Núñez, también ha constatado que el desajuste entre oferta y demanda no se está traduciendo en tensiones sobre la calidad del crédito.
Por qué la banca descarta el riesgo crediticio pese al récord de precios
El ejecutivo insiste en una idea que el supervisor ha repetido en los últimos ejercicios: el sector no percibe las amenazas típicas del pasado asociadas a la morosidad. Ni los tipos altos ni el esfuerzo de las familias han deteriorado la cartera hipotecaria como ocurrió tras el pinchazo de 2008, cuando la morosidad se desbocó y obligó a rescatar a buena parte del sistema financiero.
La diferencia con aquel ciclo es notable. La normativa de solvencia posterior a la crisis, los test de estrés de la Autoridad Bancaria Europea y el Código de Buenas Prácticas han blindado el crédito hipotecario. El riesgo, hoy, no es crediticio: es de acceso.
La Ficha del Inversor
Para el mercado, el mensaje tiene una lectura patrimonial clara. Si la traba no está en la financiación —los tipos lo demuestran—, sino en la producción de vivienda, el diferencial de precios seguirá ensanchándose mientras el suelo finalista escasee. La métrica que manda no es el Euríbor: es la ratio entre población nueva y viviendas iniciadas.
De cara a los próximos seis meses, la previsión es de estabilización nominal con sesgo alcista si las licencias siguen embotelladas. La agenda política empuja en dirección contraria a la que reclama el banco: más control de los precios del alquiler, más zonas tensionadas y más presión fiscal sobre la vivienda vacía. El Build to Rent seguirá captando capital institucional, pero sin suelo no hay promoción.
El perfil al que interpela Sabadell es doble. Por un lado, el comprador de primera vivienda, que paga más porque compite con poca oferta nueva. Por otro, el inversor patrimonial, para quien la escasez tiene un reverso: la revalorización sostenida de los activos ya construidos. El inversor institucional, en cambio, depende de que el suelo se libere para escalar cartera.
El pulso es el de siempre. La banca quiere promoción, la administración quiere regulación, y las cifras de vivienda construida no acompañan. La diferencia con 2012, cuando nació la Sareb para digerir los activos tóxicos del pinchazo anterior, es que hoy no sobra nada: falta producto.
Queda por ver si el consenso que Armengol dice detectar se traduce en hechos. La próxima ventana de referencia será el calendario normativo autonómico y las adjudicaciones de suelo que los ayuntamientos lleven a sus juntas de gobierno en los próximos meses.





