Iberdrola está a 3.639 millones de euros de arrebatar a NextEra el liderazgo mundial entre las eléctricas privadas. La compañía cerró el pasado viernes a 20,33 euros por acción, un 0,4% más, y elevó su capitalización hasta los 135.665 millones de euros, en zona de máximos históricos.
Al otro lado del Atlántico, la estadounidense NextEra Energy cerró ese mismo día a 76,08 dólares, con una revalorización del 0,61%, y quedó en 158.701 millones de dólares, que al cambio actual equivalen a 139.304 millones de euros. La distancia entre ambas es la más corta desde hace años. Nunca antes la española había estado tan cerca del primer puesto.
Iberdrola acorta distancias con NextEra tras décadas de persecución
NextEra, nacida en 1925 como Florida Power & Light, lleva desde al menos 2017 instalada por encima de los 100.000 millones de dólares de capitalización. Ha sido, ejercicio tras ejercicio, la mayor eléctrica privada del mundo por valor en Bolsa. Los grupos chinos, estatales o fuertemente intervenidos, jugaban en otra liga; entre las compañías con capital repartido, la norteamericana era un listón que parecía inalcanzable. La propia web corporativa de NextEra resume ese recorrido: de consolidar pequeñas plantas eléctricas en Florida a convertirse en un gigante nacional de las renovables.
La eléctrica vasca acumula una subida superior al 10% en lo que va de año y del 30% en los últimos doce meses. Iberdrola, que este ejercicio cumple 125 años, reafirmó sus perspectivas para 2026 con un crecimiento del beneficio neto por encima del 8%. Casi una decena de firmas de inversión le otorga un potencial superior al 10%; HSBC y JB Capital sitúan el precio objetivo en 23,5 euros por título.
NextEra, en cambio, camina en dirección contraria. Acumula una caída del 6,3% en 2026, concentrada sobre todo a partir del verano. El detonante tiene nombre y apellidos: Dominion Energy.
En mayo, la compañía de Palm Beach anunció la compra de Dominion en una operación en acciones valorada en unos 66.000 millones de dólares. El objetivo era crear el mayor grupo regulado de servicios eléctricos del planeta. La resaca ha llegado antes que las sinergias: la integración se está revelando más compleja de lo previsto, el mercado la penaliza sin contemplaciones y la operación sigue pendiente de autorizaciones regulatorias, con oposición política incluida por su posible impacto en las facturas y en la competencia.
El liderazgo mundial de las eléctricas privadas no se decide en la sala de máquinas, sino en la paciencia de los accionistas y en la letra pequeña regulatoria.
Los frentes abiertos que frenan a NextEra
Dominion no es el único contratiempo. El repunte de las rentabilidades de los bonos del Tesoro presiona a un sector intensivo en capital y muy sensible a los tipos, al encarecer la financiación y restar atractivo a sus dividendos. A eso se suma un enemigo inesperado hace apenas un año: el rechazo social a los centros de datos en Estados Unidos, sobre cuyo desarrollo pivota buena parte del futuro de la compañía.
El rechazo vecinal ha escalado con fuerza. Algunas encuestas señalan que más del 70% de los estadounidenses se opone a que se levanten estas instalaciones cerca de sus hogares. Es el viejo not in my backyard, el mismo patrón que hace década y media desató las protestas contra el fracking. La sociedad no rechaza la inversión industrial, pero no la quiere en su jardín.
Redes, rotación de activos y dos modelos que se cruzan
La pugna entre Iberdrola y NextEra no se mide solo en capitalización. Se mide en dos formas distintas de entender el negocio. La española ha convertido la rotación de activos en su principal palanca: ha movilizado más de 20.000 millones de euros para financiar un plan estratégico 2025-2028 de 58.000 millones de inversión, de los que 37.000 van a redes eléctricas, según las cifras que publica la propia compañía. La tesis es sencilla y, a mi juicio, acertada: sin redes no hay renovables que valgan.
NextEra optó por el atajo del tamaño. Primero la eólica y el almacenamiento a escala industrial; después, una fusión que promete músculo regulatorio pero que ha convertido su cotización en un campo de minas. La diferencia de ejecución explica buena parte del diferencial bursátil de este año, aunque sería ingenuo atribuirlo todo a la gestión. El repunte de los bonos del Tesoro golpea a cualquier utility y también podría frenar a Iberdrola si el mercado de deuda vuelve a tensarse.
Hay, además, un frente judicial que conviene no perder de vista. Un tribunal de Singapur ha dado luz verde a NextEra para reclamar a España su laudo de 290 millones de euros por el recorte de las subvenciones a las renovables. La disputa arrastra más de una década y envenena cualquier comparación entre las dos compañías. No es casual que se hayan mirado de reojo desde hace más de dos décadas: en 2000, la antigua Florida Power & Light ya apareció en el radar de Iberdrola como posible socio de fusión.
Mientras tanto, la española sigue moviendo ficha. Busca un nuevo socio para su eólica marina en Reino Unido y se ha lanzado a por una parte de los 13.000 millones que Google moverá en Finlandia con sus centros de datos. Cada movimiento refuerza la misma idea: estar en toda la cadena que alimenta la economía digital, sin depender de un único mercado.
El próximo hito para medir la distancia real entre ambas será la presentación de resultados del tercer trimestre, cuando el mercado comprobará si Iberdrola mantiene el ritmo de beneficio que prometió y si la resaca de Dominion sigue pesando sobre su rival. El sorpasso no está garantizado. Depende menos de los parques eólicos que de dos variables poco glamurosas: el precio del dinero y la capacidad de cada grupo de digerir sus propias compras.




