La NASA ha cartografiado 1.943 valles ocultos bajo el hielo de Groenlandia, un tercio de ellos desconocidos hasta ahora. El nuevo mapa subglacial dibuja una red de valles sepultados que los modelos anteriores dejaban fragmentada o, directamente, en blanco. Y no es una cuestión de geografía antigua: esas mismas rutas gobiernan hoy hacia dónde corre el hielo, y hacia dónde correrá cuando la capa se adelgace.
El trabajo, liderado por la NASA y publicado en Geophysical Research Letters, no describe un hallazgo aislado sino una herramienta: una técnica capaz de leer el relieve enterrado a partir de las deformaciones mínimas de la superficie helada. La firma es de Chartrand y colaboradores, y el objetivo declarado es mejorar las próximas versiones de BedMachine Greenland, el archivo de alta resolución del terreno que hay bajo el hielo, según el mapa difundido por el Earth Observatory de la NASA.
Conviene recordar la escala. La capa de hielo de Groenlandia cubre 1,7 millones de kilómetros cuadrados, más de tres veces la superficie de España, y en su punto más grueso supera los 3 kilómetros de espesor. Bajo esa masa hay un paisaje que ningún ojo humano ha visto directamente.
Mil novecientos cuarenta y tres valles bajo el hielo
Del total cartografiado, alrededor de un tercio son valles nuevos: no aparecían en ningún mapa anterior. Los más llamativos se concentran en la región centro-occidental. Son largos, rectos, y están alineados de forma consistente de suroeste a noreste, un patrón que apunta a un origen tectónico: fracturas antiguas que marcaron los caminos preferentes por donde el agua pudo fluir y excavar el terreno. Nadie los había dibujado antes.
—Eso es un enigma para nosotros —dice Joe MacGregor, científico criosférico de la NASA y coautor del estudio, en la nota difundida por el Earth Observatory—. Groenlandia se trata habitualmente, y con razón, como un bloque rígido de roca antigua que simplemente se desplaza para acomodar el movimiento de otras placas tectónicas.
El hielo no borró el paisaje que había debajo: lo copió, lo profundizó y lo convirtió en el cauce por el que hoy se mueve.
Hay más. Cerca de la mitad de los valles que ya figuraban en BedMachine Greenland se prolongan hacia el interior más de lo que ese mapa indicaba, en algunos casos cientos de kilómetros más. Y en las tierras altas del este aparece, bajo el hielo, una cordillera con valles interconectados y un relieve que crece hacia la costa: formas de tipo alpino que podrían haber sobrevivido desde el Plioceno, hace más de 2,5 millones de años.
Cómo se cartografía un paisaje que nadie puede ver

El método se llama Ice Flow Perturbation Analysis, algo así como análisis de perturbaciones del flujo de hielo, y su lógica es elegante. Cuando el hielo se desliza sobre un valle o una cresta, el relieve deja una huella tenue en la superficie: una ondulación mínima que los satélites sí registran con precisión. Leyendo esos bultos y hundimientos, el equipo deduce la forma del terreno que los provoca.
La escala ayuda a entender el mérito: es como reconstruir el fondo de un océano mirando solo las olas de la superficie. Para calibrar de qué hablamos, el hielo en su punto más grueso equivale a apilar nueve torres Eiffel de 330 metros hasta rozar los tres kilómetros.
Otro detalle apunta en otra dirección. Los ángulos con que los valles se ramifican son amplios, más de lo que cabría esperar si solo los hubiera excavado el agua superficial. Eso sugiere que una red de aguas subterráneas ayudó a tallarlos antes de que existiera la capa de hielo.
Por qué importa dónde están esos valles
El hielo va donde el terreno le dice. El flujo se concentra en los valles y forma ahí glaciares que acaban desprendiéndose en fiordos. Se genera un círculo que se refuerza solo: el hielo encajado en un valle engorda, el hielo más grueso fluye más rápido y el flujo más rápido excava el valle todavía más. MacGregor lo comparó con el paisaje tallado por los glaciares de Yosemite, con la costa occidental de Groenlandia convertida, según sus palabras, en un El Capitán tras otro.
Ahí está el interés práctico. Si la relación entre el flujo y los valles se entiende bien, puede anticiparse qué hará el hielo cuando la capa se retire: seguirá corriendo por donde ya corría. —Cuanto mejor entendamos la topografía ahora —añade MacGregor—, mejor idea tendremos de cómo será a largo plazo, más allá de la próxima o las dos próximas décadas, a medida que el flujo más rápido se propague hacia el interior de Groenlandia.
Conviene, eso sí, no leer el mapa como una verdad cerrada. La técnica infiere el relieve, no lo mide con radar desde dentro del hielo, y buena parte del trazado se dibujó a mano, valle a valle, interpretando señales sutiles que otras técnicas leen de otro modo. Los autores presentan el resultado como material para mejorar BedMachine, no como la versión definitiva del terreno.
La orientación tectónica del centro-oeste sigue sin explicación: el coautor la llama, literalmente, un enigma. Y el estudio no cuantifica cuánto hielo se perderá ni cuánto subirá el nivel del mar; eso corresponde a los modelos que usan estos datos. Lo que sí ofrece es una condición de contorno mejor dibujada, que es justo lo que un modelo necesita para no inventarse el fondo.
Lo que viene después es más cartografía y más hielo que observar. Los resultados se incorporarán a futuras versiones de BedMachine Greenland y a los modelos con los que se proyecta la contribución de la isla al nivel del mar. Cada valle que hoy conocemos un poco mejor es una ruta por la que el hielo tiene previsto marcharse.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: un mapa del terreno bajo el hielo de Groenlandia con 1.943 valles subglaciales, alrededor de un tercio de ellos identificados por primera vez.
- Dónde: bajo la capa de hielo de Groenlandia, con especial detalle en la región centro-occidental y en las tierras altas del este.
- Institución responsable: estudio liderado por la NASA, firmado por Chartrand y colaboradores, con Joe MacGregor como coautor.
- Cuándo: publicado en 2026 en Geophysical Research Letters (volumen 53) y difundido por el Earth Observatory de la NASA.
- Impacto a futuro: mejorar las próximas versiones de BedMachine Greenland y afinar las proyecciones del flujo del hielo y de la subida del nivel del mar.




