La alerta de la CIA sobre una supuesta campaña de drones rusos contra España, Francia e Italia ha vuelto a encender las alarmas en el sur de Europa. El analista internacional Cristian La Mesa pasó por los estudios de Negocios TV para desmontar ese relato y su diagnóstico fue tajante: el interés real que hay detrás del aviso no está en Moscú.
Durante la entrevista sostuvo que la filtración encaja mejor con los intereses de los países bálticos y de Polonia, que llevan años empujando una rusofobia contagiosa hacia capitales más alejadas del frente. España e Italia, recordó, comparten una historia de vínculos positivos con Rusia, algo que a su juicio incomoda a quienes quieren convertir el miedo en política exterior.
El rastro del Báltico detrás del aviso
La Mesa señaló a Lituania como origen de una información que, aun siendo cierta, tampoco le sorprendería viniendo de la agencia estadounidense. Recordó que la CIA ha funcionado históricamente como brazo de intereses corporativos de Estados Unidos, con episodios como su papel en Centroamérica al servicio de la United Fruit Company. Por eso pidió tomar el informe con pinzas y distinguir entre lo verificable y lo interesado.
Frente a la amenaza difusa, el analista puso el foco en lo concreto: la soberanía de Ceuta y Melilla, territorios españoles donde, según dijo, el riesgo real está en otro sitio. También trajo a la memoria las advertencias de la ministra de Defensa española, que hace meses habló de misiles rusos capaces de alcanzar Madrid. Todo ello forma parte, en su lectura, del mismo menú.
La imagen que eligió fue la de un relato de terror doméstico: se avisa a los españoles de que viene el cuco ruso mientras, sostiene, la amenaza que de verdad importa se cuela por la puerta de atrás.
El error de Europa es pensar que Rusia va a ir con botas sobre el terreno; la respuesta va a ser con misiles.
— Cristian La Mesa, en Negocios TV
Moscú no gana nada atacando Madrid o Roma
El analista descartó de plano que Rusia tenga ningún interés en golpear infraestructuras críticas en España o Italia. Reconoció que Moscú considera objetivos legítimos a las industrias bélicas que arman a Ucrania y que, pese a haberlo advertido, aun no ha tomado cartas en el asunto. Pero subrayó el aprecio que, asegura, existe hacia los pueblos español e italiano y la expectativa rusa de que un cambio político en Madrid permita reconstruir puentes.
Si Moscú decidiera responder a una hostilidad abierta de la OTAN, añadió, no lo haría con drones Geran, sino con armamento mucho más potente, incluidos misiles nucleares si percibe una amenaza existencial. Mencionó incluso el argumento jurídico de la carta de Naciones Unidas, que mantiene a Alemania y Japón como Estados enemigos y habilitaría, en su interpretación, un ataque preventivo. España e Italia, concluyó, estarían muy atrás en cualquier lista de represalias.
La guerra psicológica que prepara a los europeos
La sucesión de advertencias —Suiza, Dinamarca, los bálticos, Polonia— fue leída por el invitado como una guerra psicológica destinada a acostumbrar a la población europea a la idea del conflicto. Recordó que la neutralidad dio a Suiza, Austria y Finlandia décadas de prosperidad, y que Helsinki ha perdido buena parte de esas ventajas, incluido el turismo ruso.
Detrás de ese clima, sostiene, hay élites con objetivos de largo plazo: el desmembramiento de Rusia en una veintena de estados manejables y el acceso a sus recursos. Habló de una coalición paneuropea que repetiría los guiones napoleónico y hitleriano, con el coste humano que eso implica para los europeos de a pie.
Negociar sí, pero sin detener la ofensiva
La conversación se produjo en plena semana de la Asamblea General de Naciones Unidas, donde se vieron responsables rusos y estadounidenses. La Mesa destacó la posición del jefe de la diplomacia rusa: Moscú está dispuesto a sentarse a negociar, pero no va a parar la ofensiva sobre el terreno.
Para justificarlo repasó dos décadas de gestos que, a su juicio, Rusia sí hizo: la convivencia con el gobierno prooccidental ucraniano surgido de las elecciones de 2004 y 2005, la relación cordial con Víktor Yanukóvich desde 2010, la ausencia de reacción ante el golpe de 2014 y los acuerdos de Minsk, pensados para preservar la soberanía ucraniana a cambio de respeto cultural y autonomía.
Recordó que los propios garantes europeos de Minsk admitieron después que aquello servía para ganar tiempo y armar a Ucrania, y que las propuestas de seguridad que el Kremlin presentó en diciembre de 2021 fueron despreciadas por la administración Biden. De ahí, dice, la desconfianza actual: Moscú no quiere volver a sentir que le toman el pelo.
Trump, Xi y el pulso abierto por Irán
Sobre el encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, el analista considera que el presidente estadounidense no es un improvisado: sabe con quién habla y con qué fuerzas cuenta. En su lectura, China supera a Estados Unidos en terreno económico, industrial y militar, y tiene en las tierras raras una palanca capaz de estrangular la industria tecnológica y armamentística norteamericana. De ahí que la tregua comercial se prolongue.
En Oriente Medio, la propuesta iraní presentada por mediadores fue rechazada por Washington, mientras Teherán advierte de que el conflicto podría extenderse al océano Índico. La Mesa describió a un Irán en posición maximalista tras el asesinato de su líder supremo y el ataque contra una escuela, y a unos Estados Unidos con pocas herramientas de presión. Apuntó a China y Rusia como posibles mediadores y a una reparación económica, aunque sea disfrazada de victoria, como salida razonable.
Qué significa esta alerta para el lector europeo
Conviene separar dos cosas. Una es la existencia de tensiones reales entre Rusia y la OTAN, que nadie serio discute. Otra es la traducción automática de esas tensiones en una amenaza inminente de drones sobre Madrid, Roma o París. La entrevista de Negocios TV no es un documento oficial ni una filtración contrastada: es la opinión de un analista con una lectura abiertamente crítica con Bruselas y con Washington, y como tal debe leerse. Pero apunta a un problema de fondo que afecta al lector europeo, y ese problema no es el cuco. Es que, cuando el miedo se convierte en moneda política, la ciudadanía acaba discutiendo sobre enemigos lejanos mientras los asuntos que de verdad tocan su soberanía, su industria o su defensa quedan sin debate. España e Italia, socios plenos de la OTAN y con economías expuestas a cualquier escalada energética o comercial, tienen interés en preguntarse quién gana con esta pedagogía del alarmismo. La respuesta no está en la transcripción de un informante anónimo, sino en las decisiones presupuestarias que se toman después de cada titular. Y esas decisiones sí son verificables.
Puede que la alerta quede en nada y dentro de un mes nadie recuerde qué país señalaba el informe. O puede que marque el tono de toda una legislatura. La pregunta no es solo si Rusia tiene interés en atacar el sur de Europa, sino a quién le conviene que medio continente se acueste pensando en drones.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.






