EE.UU. y China recortan aranceles sobre 30.000 millones y alivian la presión inflacionaria en Europa

El recorte se limita a bienes no sensibles y deja intactos los controles sobre semiconductores y minerales críticos. La UE mira con atención: un alivio arancelario entre las dos mayores economías del mundo reduce la presión sobre la inflación importada en la eurozona.

He tardado en localizar la letra pequeña del recorte de aranceles entre China y Estados Unidos. Las listas de bienes que se benefician de un trato más favorable se han publicado con cuentagotas durante el fin de semana, y en ellas hay más pistas sobre la marcha de la tregua que en el propio comunicado de la Casa Blanca.

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Washington se cerró el viernes 25 de septiembre con un anuncio escueto: ambos países recomiendan un «trato arancelario más favorable» para 30.000 millones de dólares en productos no sensibles en cada dirección. Es decir, 60.000 millones en total. Pekín, por su parte, dejó abierta la puerta a nuevos avances y sostiene que existe margen para seguir recortando.

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Qué entra en el recorte y qué queda fuera

Las listas cruzadas difundidas por Washington y Pekín dibujan un intercambio quirúrgico. Los bienes elegidos comparten una característica: ninguno toca la tecnología avanzada ni los sectores donde ambos gobiernos han situado sus controles de exportación.

  • Productos agroalimentarios estadounidenses con destino a China, según la lista publicada por las autoridades chinas y recogida por LiveMint.
  • Artículos navideños fabricados en China: decoración, iluminación y menaje de temporada que llegarán a los puertos estadounidenses con un arancel más bajo, un detalle que Nikkei Asia destaca por su efecto directo sobre el consumo minorista del último trimestre.
  • Carbón estadounidense: Pekín se compromete a comprarlo, una medida que encaja con su estrategia de diversificar proveedores energéticos sin renunciar al suministro interno.
  • Bienes no sensibles en ambas direcciones. La Casa Blanca no ha detallado el listado completo más allá de la cifra global de 30.000 millones por lado.

La lectura desde Asia es clara. La tregua comercial se está gestionando por capas: primero se amplía el calendario, después se publican las listas y solo al final se abordan los expedientes duros. Channel NewsAsia recoge esa secuencia y subraya que la extensión de la tregua era la condición previa para que ambas capitales se sentaran a negociar sobre los bienes concretos.

«Avanzamos hacia una relación justa y recíproca con China.» — Casa Blanca, comunicado difundido tras la cumbre de Washington, 25 de septiembre de 2026

Desde Pekín, el mensaje llega con otro acento. El Ministerio de Comercio chino sostiene que hay margen para avanzar hacia una reducción mayor y no descarta incorporar nuevos productos en próximas rondas. Es la primera vez desde el reinicio de los contactos que la parte china verbaliza esa expectativa sin condicionarla a gestos previos de Washington.

Por qué esta tregua está diseñada para poder romperse

tregua comercial

Lo que veo aquí es una arquitectura deliberadamente frágil. Al limitar el recorte a productos no sensibles, ambas capitales preservan su capacidad de presión sobre los sectores que de verdad importan: semiconductores, minerales críticos, equipos médicos y componentes de defensa quedan fuera del paraguas. Eso permite a Trump presentar la medida como una concesión comercial sin ceder terreno en la disputa tecnológica, y a Xi exhibir un alivio para sus exportadores sin renunciar a las cartas que ya tiene en la mano.

El precedente de la guerra comercial entre China y Estados Unidos es incómodo. La fase uno del acuerdo de 2020 también empezó con listas y volúmenes concretos, y terminó deshilachándose cuando las compras comprometidas no se cumplieron. Nada en el anuncio de esta semana impide una repetición del guion: no hay mecanismo de verificación publicado, no hay calendario de cumplimiento y no hay penalización acordada para quien se salga del marco. Esa es la contradicción que los datos no resuelven.

Hay un segundo riesgo, menos visible y más relevante para el intercambio comercial global. La tregua alivia aranceles, pero no toca la política industrial. Pekín mantiene sus programas de subvención a la manufactura avanzada y Washington conserva sus controles de exportación intactos. Un recorte arancelario sobre artículos navideños y productos agrícolas no modifica esa ecuación en lo esencial.

El primer hito a seguir es la próxima ronda de contactos técnicos entre la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y el Ministerio de Comercio chino, cuyo calendario todavía no se ha hecho público. Ahí se sabrá si las listas se amplían o si esta tregua se queda en un gesto de temporada.

🌐 El efecto dominó en Occidente

El impacto en Europa es real, pero de segundo orden. El recorte no elimina aranceles sobre los bienes que la UE importa de Asia; lo que hace es rebajar el coste de una parte del comercio bilateral entre las dos mayores economías del mundo, lo que reduce la presión sobre los precios de importación en la eurozona.

  • Apertura de mercados: los futuros europeos y el S&P 500 descuentan una tregua que aleja, por ahora, el escenario de una escalada arancelaria global.
  • Inflación en España: el efecto es de décimas, no de puntos. Bienes de consumo importados de China —textil, menaje, juguetería— podrían moderar su precio en los próximos meses, con impacto limitado en el IPC español.
  • Empresas del IBEX con exposición a China: las industriales y las automovilísticas que producen o venden en Asia ganan previsibilidad a corto plazo.
  • BCE y Euríbor: cualquier alivio desinflacionista refuerza el argumento de quienes piden recortes de tipos, lo que presionaría a la baja el Euríbor a doce meses.

Eso sí, conviene no confundir alivio con solución. Mientras las listas sigan excluyendo la tecnología avanzada, el eje del conflicto seguirá intacto.


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