Renfe convoca un hackathon con 50 desarrolladores para rehacer su web tras gastar 164 millones de euros en consultoras tecnológicas.
Claves de la operación
- 164 millones en dos contratos y cero solución. La operadora adjudicó en 2022 un contrato de 78,6 millones a Accenture y Evolutio para el sistema de venta y otro de 85,5 millones a Sqills para la gestión de viajeros.
- El hackathon sustituye a la licitación como vía de innovación. Renfe abre el código a talento externo, se queda con una licencia gratuita y no exclusiva, y evita el concurso público clásico.
- Un premio formativo, no dinero. El primer clasificado recibe un curso de IA de 16 horas valorado en 950 euros; el segundo, una licencia anual de Claude Pro o ChatGPT Plus de 230 euros.
El Hackathon Renfe Digital se celebrará el 3 de noviembre en TheCUBE Suanzes, en Madrid, con 50 plazas y una jornada presencial de 10,5 horas repartida en cuatro retos distintos. Cada equipo elegirá uno: información al viajero en tiempo real, inteligencia de demanda, accesibilidad e inclusión digital, y el billete como origen de una movilidad conectada y sostenible.
La convocatoria impone requisitos concretos. Hay que ser mayor de edad, no trabajar en Renfe ni en su grupo y poder asistir a la jornada completa. La inscripción es individual y permanecerá abierta hasta el 5 de octubre. La selección se hace en dos fases: primero se comprueban los requisitos mínimos y después se valoran la motivación, la experiencia, el orden de inscripción, y el equilibrio entre perfiles técnicos, de producto y negocio, y estudiantes.
Los premios no incluyen dinero. El primer clasificado recibirá un curso híbrido de IA de 16 horas en MIOTI valorado en 950 euros; el segundo, una licencia anual de Claude Pro o ChatGPT Plus de 230 euros; el tercero, un curso online de seis horas valorado en 130 euros. Todos los asistentes se llevan un certificado. Tres premios formativos que no alcanzan los 1.000 euros en el mejor de los casos.
Por qué 164 millones no han bastado para arreglar la web de Renfe
La historia viene de lejos. En 2019 la compañía anunció una licitación de 700.000 euros que no resolvió nada y en 2022 adjudicó los dos contratos que explican la factura actual. 78,6 millones a Accenture y Evolutio para el sistema de venta y 85,5 millones a Sqills para la gestión de viajeros. La suma ronda los 164 millones y el resultado admite, como poco, un suspenso en experiencia de usuario.
El tráfico demuestra la exposición del servicio. renfe.com registró 9,5 millones de visitas en agosto de 2026 y se situó como la tercera web de viajes y turismo más visitada de España, según la plataforma de análisis Semrush. Cada caída se produce ante millones de potenciales compradores. El estreno promocional de AVLO en 2020 terminó con la web en el suelo.
Nueve millones y medio de visitas mensuales convierten la web en el escaparate comercial de la operadora: cada minuto de caída lo aprovecha otro para vender el billete.
Cambia, eso sí, el método. Renfe no renuncia a las consultoras para el núcleo del negocio, pero compra ideas donde antes compraba horas de proyecto. El código de los proyectos se publicará con licencia abierta y la operadora se queda con un uso gratuito, no exclusivo y sin límite de tiempo para fines no comerciales. Es prototipado barato, no un plan industrial cerrado.
El pulso con Iryo y Ouigo se libra en la pantalla
El corredor Madrid-Barcelona concentra la mayor competencia ferroviaria del país desde que Iryo y Ouigo entraron en la alta velocidad. En ese terreno, la inteligencia de demanda se convierte en una herramienta comercial: prever qué tren vende, a qué hora y con qué tarifa decide al viajero que compra en el último minuto. La información al viajero en tiempo real y la accesibilidad completan una lista de retos que apunta al talón de Aquiles del operador público: la venta.

Lo que Renfe se juega y lo que un hackathon no resuelve
Conviene mirar la trayectoria completa, porque el problema no es de una sola web. La compañía arrastra una dependencia estructural de proveedores externos para cualquier cambio en su canal digital desde la llegada de la alta velocidad liberalizada. Indra, única tecnológica española del IBEX 35 con negocio ferroviario, no aparece en la ecuación pública del hackathon. Tampoco es habitual que una empresa pública aborde su núcleo transaccional con una jornada de diez horas y medio.
El riesgo es evidente. Un prototipo de un día no sustituye a un sistema de venta que mueve millones de operaciones al año. Los premios son formativos y el talento regresa a su empleo, no a un contrato con la operadora. A eso se añade la licencia no comercial sobre el código, que limita el aprovechamiento industrial de lo que se desarrolle. La retención de perfiles sénior, en un mercado que paga más que cualquier curso de 16 horas, queda sin respuesta.
De momento, manda el calendario. El 5 de octubre cierra la inscripción, el 14 se comunican los seleccionados y el 16 vence el plazo para confirmar la plaza, con la jornada fijada para el 3 de noviembre. La prueba real llegará en 2027, con el canal digital ya renovado o con los mismos proveedores de siempre. Si no cambia nada, el hackathon habrá sido una operación de imagen con 50 plazas y una factura de 164 millones detrás.





