NVIDIA greenwashing emisiones: Greenpeace cifra en un 725% el alza del Scope 3 desde 2020

El informe, publicado con una coalición de organizaciones climáticas, exige extender el objetivo de energía 100% renovable a toda la cadena de suministro en 2030. También desmonta la idea de que la eficiencia por operación compense el crecimiento absoluto del consumo.

Un análisis de Greenpeace International cifra en un 725% el aumento de las emisiones de alcance 3 de NVIDIA desde 2020 y calcula hasta 21 millones de toneladas de CO2e sin declarar por el uso de sus chips durante 2025.

El informe se publica junto a una coalición de organizaciones climáticas y de rendición de cuentas —Kairos Fellowship, Stand.earth, Beyond Fossil Fuels, Friends of the Earth, Climate Action Against Disinformation, Green Screen Coalition y Green Web Foundation— y sostiene que la compañía ha construido su relato sostenible sobre tres tácticas de greenwashing identificables y medibles.

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El alcance 3 crece un 725%: la letra pequeña del dato

Antes de nada, qué mide ese porcentaje. El alcance 3 es la parte de la huella de carbono que no sale de las instalaciones propias: viene de los proveedores, del transporte y del uso de los productos ya vendidos. En NVIDIA ese bloque se ha multiplicado por más de ocho desde 2020, un 725% según el análisis. La consecuencia para el inversor es directa: el grueso de la huella no depende de lo que la empresa emite en sus propias plantas, sino de la escala industrial que arrastra su cadena de valor.

Hay un segundo dato que incomoda más. Las emisiones no declaradas por la operación de los chips ya vendidos podrían sumar hasta 21 millones de toneladas de CO2e en 2025, una cifra que no aparece en el balance que la compañía traslada al mercado aunque se produce con su tecnología dentro. Ojo con el matiz: el cálculo es una estimación de Greenpeace, no un dato auditado por la propia empresa, pero marca el orden de magnitud de lo que queda fuera del reporte.

Las tres tácticas verdes que el informe desmonta

El documento no discute que la inteligencia artificial tenga aplicaciones útiles para el clima. Discute la aritmética que se usa para venderla como solución neta. Estas son las tres piezas del relato que el informe sitúa bajo la etiqueta de marketing ecológico sin respaldo:

Un objetivo de renovables en la cadena de suministro para 2030 no es un adorno: es la diferencia entre un plan climático y una campaña de imagen.

  • La IA como beneficio neto para el clima: se presenta la tecnología como salvadora del clima sin contabilizar el coste energético completo de su despliegue.
  • La respuesta de la demanda como motor renovable: la flexibilidad de los centros de datos se vende como palanca de energía limpia en lugar de consumo añadido que tensiona la red.
  • La eficiencia como coartada: mejorar el consumo por operación esconde el crecimiento absoluto de la energía utilizada.

Aquí está la letra pequeña que más pesa. La eficiencia es real, pero no es neutral: si cada consulta consume menos y el número de consultas se multiplica, el resultado neto es más electricidad, no menos. La métrica que importa no es el consumo por chip, es el consumo total y su origen.

Cuando la huella vive en los proveedores y en los chips ya vendidos, la neutralidad que no toca esa cadena es una cifra que no cuadra.

emisiones Scope 3

De Ohio al este de Asia: la huella que se externaliza

Hay un caso que aterriza el problema. Un centro de datos propuesto en Ohio, respaldado por una de las mayores plantas de gas del mundo, ilustra la lógica: el hardware de NVIDIA alimenta infraestructuras intensivas en energía y, cuando la red no da más, esas instalaciones se conectan a generación fósil. Un chip más eficiente no descarboniza el sistema si el sistema se llena de gas.

A eso se suma el mapa de la fabricación. La compañía depende de cadenas de suministro del este de Asia con un peso elevado de los combustibles fósiles, de modo que traslada buena parte de su carga ecológica a países de renta más baja mientras concentra el beneficio económico de la IA en otra geografía. El informe lo describe como una forma de colonialismo tecnológico: presión energética, consumo de agua, y degradación del suelo allí donde se fabrica.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • Emisiones no declaradas: hasta 21 millones de toneladas de CO2e en 2025 por la operación de los chips ya vendidos, según la estimación del informe.
  • Aumento del alcance 3: un 725% desde 2020, la métrica central que sostiene la acusación de greenwashing.
  • Punto crítico de la cadena: fabricación concentrada en el este de Asia con alta dependencia de los combustibles fósiles.
  • Compromiso exigido: extender el objetivo de energía 100% renovable a toda la cadena de suministro en 2030.

Lo que el inversor debe mirar y lo que la etiqueta esconde

Vamos a los datos. Cualquier gran tecnológica que cotiza con relato sostenible se mide hoy con dos raseros: lo que reporta bajo la CSRD europea y lo que valida la iniciativa Science Based Targets, que exige objetivos específicos de alcance 3 cuando la cadena de valor concentra la mayor parte de la huella. En un fabricante de chips cuyo alcance 3 crece a tres dígitos, ese es el examen real. El folleto corporativo no cuenta.

El precedente del sector es conocido. Las grandes plataformas de centros de datos llevan años firmando contratos de energía renovable a gran escala y, aun así, ven crecer sus emisiones indirectas con el despliegue de la IA. La diferencia de NVIDIA es su posición en la cadena: vende la pala de la feria. Si su producto multiplica la demanda eléctrica, el impacto no es una externalidad menor, es el núcleo del negocio. Para un fondo con mandato ESG, el alcance 3 es hoy el filtro que separa la etiqueta del dato.

La exigencia de Greenpeace es concreta y verificable: inversión en nueva capacidad renovable global y ampliación del objetivo 100% renovable a toda la cadena de fabricación en 2030. Nada de eso es técnicamente imposible. Es una decisión de asignación de capital. Y conviene decirlo sin rodeos: la sostenibilidad no se defiende con relato, se defiende con inversión y con plazo. Un objetivo sin presupuesto detrás es una intención; con presupuesto, es estrategia.

El caso de NVIDIA deja una lección que trasciende a la compañía: en la economía de la IA, la huella se decide en la cadena de suministro y en la infraestructura eléctrica que se construye para alimentarla, no en la memoria de sostenibilidad. Quien mida su impacto solo donde le conviene acabará con una etiqueta verde que no resiste una auditoría.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: el informe pone cifra a lo que no se reportaba, hasta 21 millones de toneladas de CO2e vinculadas al uso de los chips vendidos en 2025.
  • Modelo que cambia: la eficiencia por operación deja de valer como argumento climático si no va acompañada de reducción absoluta y de objetivos verificables sobre la cadena de suministro.
  • Para las próximas generaciones: la infraestructura energética que alimente la IA en esta década marcará las emisiones de las siguientes; el objetivo renovable de 2030 es la palanca que queda por mover.

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