Jensen Huang impone en Nvidia una crítica diaria a cada empleado y jornadas que se estiran hasta la madrugada. El fundador de la compañía más valiosa del mundo no oculta que su método roza lo tóxico. Tampoco parece preocuparle.
En una entrevista con la cadena CNA, Huang describió su propia fórmula de gestión sin filtros: ‘No puedes mostrarme nada sin que te lo critique. Supongo que, en cierto modo, esa es mi forma de tortura’. La frase resume una cultura donde la retroalimentación constante sustituye al elogio, y donde la excelencia es el punto de partida, nunca la meta.
Claves de la operación
- La crítica diaria como norma, no como excepción. Huang cuestiona cada propuesta de su equipo y presenta esa dureza como una prueba de confianza hacia la persona.
- Una rotación del 2,5% imposible de replicar en el sector. Nvidia registró una tasa de abandono muy inferior al 16,4% de media de los semiconductores en su ejercicio fiscal 2025.
- Los ingresos crecen al mismo ritmo que la exigencia interna. La compañía declaró 96.200 millones de dólares en su último trimestre, un 106% más que un año antes, impulsada por los centros de datos.
La tortura como forma de confianza
El relato del propio Jensen Huang conecta su estilo con la educación tradicional taiwanesa, donde nada es nunca suficiente. ‘Al igual que un padre taiwanés, una vez que se da la retroalimentación, uno vuelve a querer a la persona’, explicó. El directivo presenta la dureza como una herencia cultural, no como un rasgo de carácter. Ya en 2024 había ido más lejos en una conversación con el fundador de Stripe: ‘Prefiero torturarte hasta que alcances la grandeza porque creo en ti’.
La filosofía tiene traducción concreta en las oficinas. Empleados y exempleados describen semanas de siete días, jornadas que se alargan hasta el amanecer y hasta diez reuniones diarias. Huang trabaja hoy con la misma angustia que en los inicios, cuando Nvidia era una empresa al borde del colapso y no el fabricante que sostiene la infraestructura de la inteligencia artificial.
A cambio, la compañía reparte acciones con descuento entre su plantilla, un incentivo que Bloomberg bautizó como ‘esposas de oro’. Buena parte de los trabajadores se ha convertido en millonaria al calor de la subida bursátil. Es el pegamento que explica por qué casi nadie se marcha pese a la exigencia del día a día.
El éxito de Nvidia no se explica solo por sus chips: se explica por un modelo que convierte la presión en permanencia.
El foso competitivo que nadie logra replicar
Los números de retención sostienen el discurso. Según el informe de sostenibilidad del ejercicio fiscal 2025, la rotación se situó en el 2,5%, frente al 16,4% de media del sector. Uno de cada cinco empleados lleva ya una década en la empresa. En un mercado donde el talento especializado escasea, esa permanencia vale tanto como una patente.
El negocio acompaña. En su último informe trimestral oficial, la compañía declaró unos ingresos récord de 96.200 millones de dólares, un 106% más que hace un año, impulsados por la división de centros de datos. Huang acumula una fortuna estimada en 194.300 millones de dólares y cerca del 3,3% de la compañía, lo que le convierte en la séptima persona más rica del mundo, según Forbes.

El riesgo de una empresa con un solo dueño
El club de los jefes exigentes no lo inventó Huang. Lisa Su, prima lejana de Huang y CEO de AMD, aconsejó en un discurso de graduación correr hacia los problemas más difíciles. Steve Jobs defendía que su trabajo consistía en no ser fácil con la gente. La diferencia es que Huang, a sus 63 años, no contempla jubilarse: ‘Espero morir en el trabajo. Eso sería un sueño hecho realidad’.
Ahí aparece la grieta del modelo. Nvidia depende hoy de una sola persona en una proporción inusual, incluso para un gigante tecnológico fundado por tres ingenieros de los que solo uno sigue al frente. El precedente de Apple tras la muerte de Jobs demuestra que la sucesión puede funcionar, aunque rara vez sin coste. En un activo que capitaliza más que la mayoría de los índices europeos, cualquier señal sobre el relevo será el dato que de verdad mueva la cotización.
La paradoja llega a España de forma indirecta. Los planes públicos de supercomputación se apoyan en el silicio de Nvidia, lo que convierte al fabricante en un proveedor crítico para el ecosistema tecnológico español. Eso sí, el modelo laboral que sostiene ese suministro no es trasplantable a un mercado regulado como el europeo, donde la rotación se combate con condiciones y no con acciones y presión.
Observamos aquí un patrón que se repite en la industria: el fundador carismático construye el foso y, al mismo tiempo, se convierte en su mayor vulnerabilidad. El método de Huang funciona mientras él lo sostiene. La prueba de fuego no llegará con una crítica más, sino con el primer día en que no esté para hacerla.




