5Por qué ahora: la estrategia de Juan Roig tras años de subidas y quién asume el coste de la rebaja
Mercadona no parte de cero. Juan Roig lleva tres ejercicios defendiendo que la subida de precios que aplicó en 2022 y 2023 fue una reacción forzada al encarecimiento de las materias primas, un ajuste que él mismo calificó de «burrada» y que justificó por el riesgo de que se rompiera la cadena de producción. Desde entonces prometió perseguir cada bajada de costes, y eso es lo que ha ido haciendo por entregas. En 2024 la compañía ajustó 2.000 precios, lo que según sus cuentas se tradujo en 650 millones de euros de ahorro para los clientes y dejó el «carro menú» un 2% más barato, unos seis euros. Entre enero y marzo de 2025 bajó unas 300 referencias más y en 2026 ha encadenado nuevas rebajas, incluida una revisión general desde mayo que, según los datos de cuota que maneja el sector, le ha devuelto el crecimiento en volumen. A ello se suma la presión de Lidl, Aldi, Dia o Alcampo, que llevan meses moviendo tarifas en productos básicos.
Quién paga el ajuste es la pregunta que sobrevuela cada anuncio. Mercadona sostiene que el esfuerzo sale de su propio margen y de la eficiencia: en la rebaja de cientos de referencias anunciada en 2026 cifró el impacto en unas seis décimas de punto de rentabilidad, y recuerda que su beneficio neto de 1.384 millones en 2024, un 37% más, llegó precisamente en un año de recortes de precios. La empresa asegura que no toca la calidad ni la sostenibilidad de la cadena. Las organizaciones agrarias apuntan a otro eslabón: las industrias proveedoras de la leche Hacendado recortaron entre 9 y 10 céntimos el litro pagado a los ganaderos, según el sector productor. Y FACUA cuestionó el relato al comprobar que cerca del 70% de los alimentos básicos que analiza subieron de precio en doce meses mientras el beneficio se disparaba.



