La Autoridad Bancaria Europea (EBA) ha pedido a la Comisión Europea que estudie regular los préstamos cripto dentro de la revisión de MiCA, el reglamento europeo sobre mercados de criptoactivos. El lending descentralizado de Solana (los préstamos con colateral que se gestionan en protocolos on-chain) entra así en el radar de Bruselas por la vía más incómoda: la de los intermediarios que dan acceso a esos protocolos.
Su respuesta a la consulta de la Comisión sobre la revisión del reglamento se publicó el 24 de septiembre. No es una norma nueva ni una prohibición: es una recomendación técnica que llega justo cuando Bruselas decide qué entra en el próximo texto.
Entre las áreas que la autoridad sitúa fuera del paraguas actual aparecen dos: los préstamos y empréstitos de criptoactivos y los depósitos tokenizados. Sobre el primero recomienda ‘considerar la regulación’ por los riesgos que detecta para el consumidor, e incluye los casos en los que un proveedor de servicios de criptoactivos —los CASP, empresas autorizadas bajo MiCA para operar con cripto en la UE— facilita el acceso a protocolos descentralizados de préstamos.
Qué pide la EBA y qué deja fuera MiCA
MiCA nació como un marco de dos patas: la emisión de criptoactivos y los servicios que las empresas prestan sobre ellos. El préstamo con garantía, ese en el que alguien deposita SOL y pide prestado USDC contra un colateral mayor, nunca estuvo en la lista. Tampoco el depósito tokenizado ni el crédito entre particulares sin intermediario.
La clasificación de activos es otra de las prioridades. La EBA sostiene que delimitar qué criptoactivo cae en cada categoría genera costes y retrasos evitables, y pide aclarar definiciones y alcance.
La discusión ya no es si el lending cripto se regula, sino quién asume la responsabilidad cuando el protocolo es un contrato y nadie firma la interfaz.
Hay un tercer frente que toca a las stablecoins: los esquemas multiemisor de terceros países, donde la autoridad ve riesgos significativos, y una posible revisión del importe mínimo de reservas en depósitos.
A 1 de septiembre de 2026 se habían emitido 39 tokens de dinero electrónico (las stablecoins ancladas al euro que MiCA llama EMT) y no se había autorizado ningún token referenciado a activos (ART, los respaldados por cestas de bonos o fondos). El reglamento se aplica plenamente desde el 30 de diciembre de 2024, después de que las reglas para unos y otros arrancaran el 30 de junio de 2024. El balance de emisión sigue siendo modesto.
Por qué el lending de Solana queda señalado
El ecosistema donde esa asimetría se nota más es Solana. Allí el lending no es un añadido, es una pieza central. La mayoría de los protocolos aplica el mismo esquema: se depositan activos, se pide prestado contra ellos y, si la garantía baja de un umbral, la posición se cierra sola. Kamino concentra cestas de liquidez y mercados de crédito, MarginFi opera como mercado de préstamos con colateral y Save, el antiguo Solend, mantiene una de las bases más veteranas de la red.
Nadie firma esa liquidación. La ejecuta un contrato. El precio que la dispara lo publica un oráculo, casi siempre Pyth, que agrega datos de mercado y los escribe on-chain. Ahí está el nudo del debate: si el protocolo es un programa sobre el que nadie tiene control operativo, ¿a quién se supervisa?
La respuesta que se abre paso es la de la puerta de entrada. Si una empresa autorizada bajo MiCA integra un mercado de préstamo en su interfaz, ofrece pantalla propia o canaliza liquidez de un protocolo DeFi hacia sus clientes, esa empresa se convierte en el punto donde se ancla la obligación. Al lending de Solana casi nunca se llega en directo: se llega desde wallets como Phantom o Solflare y desde agregadores como Jupiter. Cada salto es una posible frontera regulatoria.
Quién responde cuando el protocolo es un contrato
Conviene recordar el precedente. Cuando MiCA se negoció entre 2021 y 2023, el sector descentralizado quedó deliberadamente en el margen: un reglamento pensado para emisores y proveedores identificables no encajaba con software sin dueño. El resultado es el que ahora incomoda a la EBA, un mercado de crédito on-chain que mueve miles de millones y no rinde cuentas ante nadie.
El riesgo operativo tampoco es teórico. Las liquidaciones en Solana son rapidísimas. Con bloques cada 400 milisegundos y comisiones que se disparan con la congestión, un movimiento brusco de precio puede encadenar cierres forzosos en varios protocolos a la vez. Si un oráculo publica con retraso, el resultado se parece más a un efecto dominó que a un impago ordenado.
Aquí vale una analogía con la banca de siempre: ninguna entidad presta sin saber quién responde del crédito. Buena parte del volumen de estos protocolos lo generan cuentas que persiguen puntos y campañas, no una demanda real de financiación.
La pelota está en el tejado de la Comisión Europea, que decidirá si recoge la recomendación en su propuesta de revisión o si vuelve a dejar el lending fuera. Mientras tanto, Kamino, MarginFi y Save trabajan con una hipótesis razonable: la próxima versión del reglamento no prohibirá el lending descentralizado, pero hará que alguien tenga que responder por él.




