EE.UU. supera los 40 billones de deuda: por qué Bitcoin no actúa como cobertura y cae un 37% desde su máximo

El déficit roza el 6% del PIB y los rendimientos reales de los bonos a 10 años siguen en el 2,4%, lo que frena la tesis de BTC como refugio ante la depreciación. Los analistas de BloFin creen que la operación entra en una segunda fase, pendiente de las señales de la Reserva Feder

La deuda federal de EE.UU. supera los 40 billones de dólares, pero Bitcoin cotiza en 80.000 dólares, un 37% por debajo de su récord.

La paradoja es incómoda para una de las narrativas macro más antiguas del sector. Si el aumento de la deuda y la debilidad del dinero fíat —el dinero oficial emitido por los bancos centrales— debían hacer más valiosos los activos escasos, ¿por qué Bitcoin ha pasado gran parte de 2026 cayendo?

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La respuesta, según los analistas de BloFin Research, tiene que ver con los tiempos: la operación de cobertura ante la depreciación —la pérdida de valor del dinero— ha entrado en una segunda fase y depende más de las señales de la Reserva Federal que del simple crecimiento del déficit.

La deuda sube, pero Bitcoin no responde como cobertura

La cifra de deuda federal ha superado la barrera de los 40 billones de dólares, equivalente al 101% del PIB estadounidense. El déficit de 2026 se proyecta en casi 1,9 billones de dólares, cerca del 6% del PIB, y la masa monetaria, el M2, ha vuelto a crecer. La teoría clásica diría que este cóctel debería empujar a los inversores hacia activos que no se pueden imprimir.

Sin embargo, el precio del bitcoin no acompaña. La criptomoneda ronda los 80.000 dólares, lejos de los máximos que marcó en 2025. Una de las razones es el rendimiento real de los bonos del Tesoro a 10 años, que se mantiene en torno al 2,4%. Es decir, un inversor puede obtener una rentabilidad ajustada a la inflación de más del 2% en deuda pública estadounidense sin asumir el riesgo de un activo volátil. Ese suelo de rentabilidad compite directamente con Bitcoin.

Bitcoin no ha dejado de ser un activo escaso; lo que se ha roto es la sincronía entre la deuda creciente y las expectativas de liquidez que sostenía la operación.

La segunda fase de la operación de depreciación, según BloFin

La operación de depreciación se basa en una idea simple: los grandes déficits fiscales acaban presionando a los bancos centrales para aplicar una política monetaria más laxa, porque los gobiernos no pueden soportar costes de financiación altos para siempre. Bajo esa lógica, el dinero debería moverse hacia el oro y Bitcoin. Sin embargo, ese guion se debilitó a principios de 2026, cuando Bitcoin llegó a caer por debajo de 62.000 dólares y el oro y la plata también retrocedieron desde máximos.

Los analistas de BloFin vinculan esa ruptura con la nominación de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal. El mercado lo leyó como un perfil menos propenso a expandir el balance de forma agresiva para absorber la presión fiscal. Si el camino hacia una política monetaria flexible se cierra, la operación pierde combustible. En agosto, sin embargo, las señales cambiaron: el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años tocó su nivel más alto desde 2007 y el Tesoro respondió duplicando el tamaño máximo de sus recompras de liquidez en ciertos bonos de 10 a 30 años, de 2.000 millones a 4.000 millones de dólares por operación.

Ese gesto hizo que Bitcoin subiera alrededor de un 25% en agosto y el oro cerca de un 15%. La correlación entre ambos activos supera ya el 50%. Aun así, conviene no confundir las recompras del Tesoro con una flexibilización cuantitativa, el programa de compras masivas de deuda de la Reserva Federal. El Tesoro no crea dinero: financia esas operaciones con efectivo, impuestos o nueva deuda. La dirección de la política importa más que el efecto de liquidez inmediato.

Los inversores, según BloFin, empiezan a fijarse en cómo el gobierno intenta controlar los costes de endeudamiento tanto como en la creación de dinero. Si creen que los picos de rendimientos a largo plazo provocarán intervenciones repetidas, puede instalarse un límite informal al coste de financiación. Es un escenario que los economistas llaman represión financiera, donde la inflación reduce el valor real de la deuda mientras los tipos se mantienen artificialmente contenidos.

El rendimiento real sigue siendo el gran obstáculo

El comportamiento de Bitcoin en 2026 todavía se parece al de un ciclo cripto tradicional. La criptomoneda alcanzó su pico aproximadamente 534 días después del halving de abril de 2024, el recorte a la mitad de la emisión de nuevas monedas, es decir, cerca del momento en que los ciclos de 2017 y 2021 marcaron sus máximos, y luego retrocedió más de la mitad antes de recuperarse. El viejo ciclo de cuatro años sigue funcionando, incluso cuando los fundamentales macro sugieren otra historia.

La próxima prueba para la tesis de cobertura pasa por la política. Si los rendimientos reales empiezan a bajar mientras la presión fiscal sigue alta, la narrativa de Bitcoin como reserva de valor volvería a fortalecerse. La historia ofrece un precedente: entre 1942 y 1951, la Reserva Federal puso un tope del 2,5% a los rendimientos de los bonos del Tesoro a largo plazo para facilitar la financiación de la deuda de guerra, mientras la inflación dejó rendimientos reales profundamente negativos.

Bitcoin no necesita que se repita ese escenario exacto. Le basta con que los inversores crean que los gobiernos protegerán cada vez más el mercado de deuda de sus propios costes de endeudamiento. Por ahora, la criptomoneda está atrapada entre un ciclo técnico que explica gran parte de su debilidad en 2026 y un panorama fiscal que empeora y empieza a empujar de nuevo a los activos escasos. La operación contra la depreciación no ha fracasado; la pregunta es si agosto marcó el punto en el que se volvió más difícil de ignorar.


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