La ola de calor en Europa deja 32.000 muertes adicionales: el coste productivo de un verano extremo

La última semana de junio concentró casi 16.000 decesos adicionales, según las estimaciones provisionales de EuroMomo. El envejecimiento demográfico y la lenta adaptación urbana convierten el calor extremo en una variable productiva de primer orden.

He analizado esta mañana los datos provisionales de EuroMomo y la lectura es contundente: más de 32.000 muertes adicionales provocadas por la ola de calor en Europa entre mediados de junio y mediados de agosto. El verano no ha terminado. La cifra, aún preliminar, se irá afinando en las próximas semanas conforme los institutos nacionales completen sus informes.

La plataforma europea de seguimiento de la sobremortalidad reúne los datos oficiales de 23 países, aunque deja fuera una parte de Europa del Este. No publica el desglose nacional, pero los balances provisionales de ocho Estados permiten una aproximación: un recuento de la AFP eleva a 33.000 los decesos adicionales o directamente relacionados con el calor en Alemania, Francia, España, Bélgica, Inglaterra, Países Bajos, Austria y Portugal.

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Los datos provisionales país por país

Me detengo en las cifras comunicadas por las autoridades sanitarias y los institutos nacionales de salud:

  • Alemania: 14.000 muertes por calor hasta el 9 de agosto, un récord desde el inicio de la serie en 2016, según la autoridad sanitaria y el Instituto Robert Koch. Las personas de 75 años o más concentran el exceso.
  • Francia: 7.300 decesos durante los periodos de altas temperaturas registrados entre finales de mayo y el 22 de julio, según Santé publique France.
  • España: cerca de 4.500 muertes atribuibles al calor entre el 1 de junio y el 19 de agosto, la cifra más alta para ese tramo desde 2022, según el Instituto de Salud Carlos III.
  • Reino Unido: 2.877 muertes asociadas a las altas temperaturas en mayo y junio, cerca del récord anual de 2.985 registrado en 2022.
  • Bélgica: 2.570 fallecimientos adicionales entre el 18 de junio y el 17 de julio, según el instituto Sciensano.
  • Países Bajos: 968 decesos en exceso entre el 22 de junio y el 5 de julio, a partir de los datos del RIVM analizados por la AFP.
  • Austria: 395 muertes relacionadas con el calor en junio, la cifra más alta para ese mes desde que hay registros comparables en 2017.
  • Portugal: más de 600 muertes adicionales entre mediados de junio y finales de julio, según la Dirección General de Salud.

Las dos semanas más mortíferas fueron la última de junio, con casi 16.000 decesos adicionales, y la primera de julio, con unos 8.000. Coincidieron con una de las olas de calor más severas del verano, en un contexto de sequía generalizada e incendios. En España, la Agencia Estatal de Meteorología confirmó que julio fue el mes más caluroso jamás registrado, empatado con julio de 2022.

«La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido (UKHSA) calcula que el número de muertes para el conjunto de 2026 podría ser “sustancialmente más elevado”, porque aún no se han contabilizado los episodios de julio.» — Agencia de Seguridad Sanitaria de Reino Unido (UKHSA), agosto de 2026

La factura productiva de un verano extremo

sobremortalidad verano 2026

Lo que veo detrás de estas cifras es un shock estructural que la contabilidad nacional mide mal. El calor extremo no solo mata: reduce las horas efectivas de trabajo, dispara el absentismo y tensiona los sistemas sanitarios cuando más personal necesitan. La sobremortalidad se concentra en los mayores de 75 años, pero el coste productivo se reparte entre generaciones. Hay un segundo problema. Los datos de EuroMomo provienen de 23 países y no cubren toda Europa del Este, por lo que la cifra real probablemente superará la actual.

La adaptación urbana avanza más lenta que el clima. Aun no se han terminado de incorporar las cifras de julio en el Reino Unido, y la propia UKHSA admite que el balance de 2026 será más alto cuando se complete la serie. Los refugios climáticos y los planes de alerta sanitaria mitigan, pero no eliminan el exceso de mortalidad en países con viviendas mal aisladas y una demografía envejecida. A corto plazo, el riesgo no está solo en los hospitales: está en la productividad del sector exterior, en la factura energética y en la inflación de alimentos frescos. El hito que sigo es la actualización de septiembre de Sciensano y la consolidación final de EuroMomo.

🌍 El impacto en España y Europa

El impacto directo de este exceso de mortalidad sobre los mercados financieros es limitado, pero el verano de 2026 refuerza presiones que sí llegan a la economía de los hogares y al Banco Central Europeo:

  • El Euríbor no se mueve por la ola de calor, pero la persistencia de eventos extremos encarece la electricidad y los alimentos frescos, y complica la convergencia de la inflación hacia el 2%.
  • Para el poder adquisitivo español, julio fue el mes más cálido jamás registrado; esto eleva el gasto en climatización y presiona los presupuestos familiares, sobre todo en rentas bajas.
  • El tejido empresarial —agricultura, turismo, construcción y hostelería— sufre mermas de productividad por el calor. Las pymes asumen más costes de refrigeración y absentismo.
  • Para el BCE, estos episodios son un factor de incertidumbre adicional sobre la inflación de servicios y alimentos, aunque no cambian por sí solos el calendario de tipos.

En España, el Instituto de Salud Carlos III contabiliza cerca de 4.500 muertes atribuibles al calor en lo que va de verano: el coste sanitario y productivo de la sobremortalidad térmica ya no es una previsión, es una variable económica del tercer trimestre.


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