La producción mundial de vehículos cambiará de dueño en 2030. El informe de PwC sobre la industria de la automoción proyecta que la combustión caerá del 60% del fabricado global al 41% en ese ejercicio, lo que dejaría el 59% restante en manos de los coches eléctricos y electrificados. El sorpasso ya tiene fecha.
Del 60% al 41%: la combustión cede un siglo de liderazgo en cuatro años
Los motores de combustión interna llevan un siglo marcando el ritmo de la producción mundial de vehículos. Perderán su mayoría relativa en apenas cuatro años si se cumple la proyección del informe de PwC titulado Impulsar el futuro de la industria de la automoción. La conclusión ha circulado con rapidez: medios como elDiario.es, naiz u OkDiario se han hecho eco de ella con distintas lecturas.
En términos aritméticos, el trasvase exige ceder casi cinco puntos de cuota cada ejercicio hasta 2030, una velocidad que no tiene precedente reciente en la industria y que obliga a reconvertir líneas de montaje, proveedores de primer nivel y plantillas enteras en un solo ciclo de producto.
Queda menos de lo que parece.
El marco regulatorio europeo fija en 2035 el final de la venta de turismos y furgonetas nuevos con motor de combustión, lo que deja a los fabricantes cinco años desde el sorpasso para culminar el vuelco hacia el coche eléctrico. Y el mercado que hoy tira de la producción no es el europeo. Es el asiático, donde la capacidad instalada de baterías y el control de los materiales críticos llevan años desplazándose hacia China.
Ganar el liderazgo de la producción no equivale a ganar el negocio: el 59% electrificado se fabricará donde estén las baterías, no donde estén las fábricas.
El impacto en las plantas españolas: asignar modelos o perderlos
Para España, la proyección llega en un momento delicado. El país es el segundo mayor productor de vehículos de Europa, con una red de plantas —Figueruelas, Vigo, Martorell,, Pamplona y Almussafes— cuya continuidad depende de la asignación de modelos que cada año deciden matrices extranjeras. Esas matrices ya han comprometido inversiones para electrificar líneas, pero el ritmo lo marca una demanda europea que avanza por detrás de lo que anticipaban los planes industriales.
Cada modelo que no se asigna a una planta española son miles de empleos industriales que se desplazan con él a otro país.
El cuello de botella no está solo en la fábrica. Está también en el enchufe. Una cuota de producción electrificada del 59% exige una red de recarga pública muy superior a la actual en casi toda Europa, y en España el despliegue sigue por detrás de lo que requeriría el parque previsto para el final de la década.
La pregunta que sobrevuela el sector ya no es si el sorpasso llegará, sino quién fabricará los vehículos que lo protagonicen. ¿Está la industria europea en condiciones de producir el 59% de sus vehículos con sistemas electrificados en cuatro años, cuando buena parte de las celdas de batería y de los minerales críticos sigue llegando de fuera del continente? Los planes anunciados no responden del todo a esa duda.
Un sorpasso con matices: electrificado no es lo mismo que eléctrico puro
Antes de dar el vuelco por hecho conviene precisar qué se está midiendo. Bajo la etiqueta de electrificado cabe un espectro amplio de tecnologías, desde el eléctrico puro con batería hasta soluciones híbridas que mantienen un motor de combustión bajo el capó. La cuota de producción no distingue por sí sola entre unos y otros, y la diferencia no es retórica: el empleo, la inversión en líneas de montaje y la demanda de litio, níquel o cobalto son muy distintos en un escenario de mayoría eléctrica pura que en uno dominado por los híbridos.
Hay además una contradicción que el sector arrastra desde hace años. El liderazgo en producción no equivale a liderazgo en negocio. El valor se ha desplazado a la batería, el software y los semiconductores de potencia, eslabones donde Europa parte con desventaja frente a Asia y donde Estados Unidos ha levantado su propia barrera arancelaria. Fabricar más vehículos electrificados que de combustión será un hito industrial, sí. También puede ser un hito con márgenes más estrechos de lo que sugiere el titular.
La industria tiene cuatro años para decidir si quiere protagonizar el cambio o encargarlo a terceros.
Sigo pensando que la fecha de 2030 importa menos que la curva que hay detrás. Si la producción electrificada crece al ritmo proyectado, el sorpasso llegará antes en algunos mercados y más tarde en otros, y las cuotas nacionales se moverán a distinta velocidad. La comprobación tiene dos citas claras: el próximo informe Global EV Outlook que publique la Agencia Internacional de la Energía y el examen que Bruselas mantiene abierto sobre el calendario de 2035. Ahí se verá si la industria avanza por delante o por detrás de su propio titular.




