CoinShares ha ampliado la estrategia de su fondo cotizado WGMI, el ETF dedicado a la minería de Bitcoin, para incluir inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Dicho en claro: los mineros de Bitcoin se están convirtiendo en proveedores de energía y centros de datos para la industria de la IA.
Qué cambia en el ETF de mineros de Bitcoin de CoinShares
El fondo WGMI, uno de los productos cotizados de la gestora europea CoinShares, dedicará al menos el 80% de su cartera a compañías de minería de Bitcoin y a empresas de infraestructura digital. Hasta ahora, el vehículo miraba sobre todo a las firmas que producen bitcoin; la nueva política abre hueco a una gama más amplia: centros de datos hiperscalares para IA, fabricantes de semiconductores, generación eléctrica, almacenamiento de energía, computación de alto rendimiento (HPC, por sus siglas en inglés) e incluso tecnologías de computación cuántica.
El cambio no es cosmético. CoinShares busca captar una transformación estructural: los mineros de Bitcoin invirtieron durante años en instalaciones con acceso barato a la electricidad, grandes cargas de potencia, sistemas de refrigeración y acuerdos con las compañías eléctricas. Esa infraestructura sirve también para entrenar modelos de IA, no solo para validar transacciones de Bitcoin.
El fondo también puede invertir hasta un 20% en empresas que tocan la infraestructura digital o de Bitcoin en un sentido más amplio. Con ese colchón, el ETF se coloca a medio camino entre el sector cripto y el negocio energético.
Por qué los mineros de Bitcoin encajan en la IA
Minería de Bitcoin no es solo crear monedas: los mineros compiten por resolver cálculos y, a cambio, reciben nuevos bitcoins. Su margen depende del precio, de la recompensa por bloque y del coste de la electricidad. En abril de 2024, el halving, la reducción a la mitad de la recompensa por bloque, recortó esa recompensa de 6,25 a 3,125 bitcoins por bloque, lo que empujó a muchas empresas a buscar fuentes complementarias.
Los centros de datos para IA necesitan exactamente lo que los mineros ya han construido. La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos pasará de unos 485 teravatios hora en 2025 a cerca de 950 teravatios hora en 2030, con la IA como principal motor.
Los mineros de Bitcoin ya invirtieron en lo que la IA necesita con urgencia: potencia, refrigeración y acceso a la red eléctrica.
Los acuerdos recientes dan escala al fenómeno. Core Scientific firmó un contrato de 12 años con CoreWeave para alojar cargas de IA por valor de 10.200 millones de dólares. IREN cerró un contrato de cinco años y 9.700 millones con Microsoft para desplegar chips NVIDIA GB300 en su campus de Childress, Texas. TeraWulf anunció más de 12.000 millones en contratos a largo plazo de alojamiento HPC y, por primera vez, sus ingresos por arrendamiento HPC superaron a los de minería de Bitcoin en el primer trimestre de 2026. Hut 8 sumó un arrendamiento de 15 años y 9.800 millones para su campus Beacon Point, también en Texas.
En conjunto, las mineras de Bitcoin que cotizan en bolsa habían anunciado hasta julio de 2026 contratos de IA y computación de alto rendimiento por más de 70.000 millones de dólares. Es una cifra enorme para un sector que antes se veía solo como una apuesta sobre el precio del Bitcoin.
Análisis: de nicho cripto a infraestructura digital
La idea de que los mineros de Bitcoin son solo un derivado del precio de bitcoin pierde fuerza. En la práctica, el sector se parece cada vez más a una capa de infraestructura digital y energética, con contratos a años vista y clientes como Microsoft, CoreWeave o la propia industria de los semiconductores. El inversor que se acerque al WGMI debería entenderlo así: ya no es un simple fondo de mineras, sino una exposición a la infraestructura de la IA.
La lectura de esta redacción es prudente. El giro hacia la IA no elimina los riesgos: estas compañías siguen expuestas al ciclo del Bitcoin, y los proyectos de centros de datos arrastran retrasos, concentración de clientes y necesidades de financiación intensas. Un contrato multimillonario solo vale si la construcción y la entrega se ejecutan a tiempo.
Aun así, la lógica es sólida. Quien ya tiene acceso a electricidad competitiva, terrenos y permisos en zonas con tensión energética parte con ventaja. Los mineros pueden seguir minando bitcoin, alojar cargas de IA e incluso ayudar a equilibrar la red eléctrica cuando hay picos de demanda. Esa flexibilidad no se crea de la noche a la mañana.
El cambio de rumbo del ETF de CoinShares es un síntoma más que una excepción. Si los centros de datos crecen al ritmo que prevé la AIE, la minería de Bitcoin acabará siendo una pieza de una economía digital más amplia, no el centro exclusivo del negocio. El sector ha cambiado de disfraz.




