Las televisiones privadas españolas recibieron ayer con alegría la decisión de Pedro Sánchez de adelantar las elecciones generales al 29 de noviembre. A primera hora de la mañana, Ana Rosa Quintana, sin cortarse ni un pelo, aseguró que el presidente del Gobierno había «dimitido». Poco después, la antaño progresista Susanna Griso entrevistaba con suma amabilidad al líder de Vox, Santiago Abascal, que incluso dejaba escapar alguna sonrisa cuando le preguntaban si había hablado antes de entrar en plató con Alberto Núñez Feijóo.
Más adelante, Nacho Abad se mostraba muy feliz con la convocatoria y aseguraba que Sánchez «había doblado el brazo». El presentador responsabilizaba solo al Gobierno de la polarización política, pese a que es la derecha, cada vez que no gobierna, la que calienta el tablero político, véanse 1995, 2015 o 2025.
Al mediodía llegaba otra de las estampas más llamativas. Joaquín Prat, quién te ha visto y quién te ve, celebraba que los españoles fueran «por fin» a votar. La expresión resulta especialmente llamativa porque no se trata de unas elecciones que correspondan ahora por calendario: Sánchez ha adelantado los comicios y los españoles estaban llamados a votar dentro de ocho meses.
La Sexta Noticias, también irreconocible respecto a lo que había mostrado años atrás, ofrecía igualmente una cobertura con una orientación editorial muy diferente de la que durante años había caracterizado a la cadena.
Por la tarde, Risto Mejide aprovechaba el inicio de ‘Todo es mentira’ para cargar contra Sánchez y asegurar que el presidente no había hecho autocrítica durante su comparecencia, pese a que el propio jefe del Ejecutivo admitió «errores».
Pero por la noche llegó el plato fuerte. La elección estaba entre Pablo Motos e Iker Jiménez y ambos espacios ofrecieron un retrato muy similar del nuevo escenario: una televisión privada en la que no hubo voces favorables al Gobierno y en la que el adelanto electoral fue recibido, en buena medida, como el principio del final de Sánchez.
El rey del misterio, próximo ministro de Interior según David Broncano, reunió en ‘Horizonte’ a la plana mayor del antisanchismo, entre ellos Juan Soto Ivars. Nadie le recordó al escritor los bulos que lleva meses generando sobre el presidente del Gobierno, como que iba a convocar un referéndum sobre la monarquía o que pretendía eternizarse en el poder sin convocar urnas, tal y como recordó el ‘retirado’ Carlos Alsina a primera hora.
Durante meses la ultraderecha que alienta el pucherazo lleva diciendo que no habría elecciones y que Sánchez era un «dictador» que no tenía ninguna intención de abandonar el poder, es por ello que siguen sembrando dudas sobre el voto por correo. La realidad es que los españoles han tenido tres oportunidades para echarle de La Moncloa mediante las urnas: dos elecciones en 2019 y otras en 2023.
En ‘Horizonte’, Eduardo Inda llegó incluso a tildar de violentos a los acampados en Sol, elevando todavía más el tono de una noche en la que el adelanto electoral sirvió para recuperar buena parte de los argumentos que durante los últimos años han alimentado la oposición mediática a Sánchez.
Y a esa misma hora se producía un debate antisanchista en casa de Pablo Motos. En la tertulia de ‘El Hormiguero’ no hubo un solo tertuliano favorable al Gobierno, al igual que había sucedido en ‘Horizonte’, con Carlos Latre parodiando a Sánchez sin ápice de gracia.
Pero quien se mostró especialmente desatado fue el polémico Juan del Val. El escritor cargó contra los sindicatos y llegó a afirmar que eran «una vergüenza» por convocar una huelga relacionada con la vivienda. También atacó al Frente Amplio, asegurando que tiene «un nombre de mierda».
El resultado de esta primera jornada permite dibujar un retrato de la televisión privada española ante el 29N. Con matices y diferentes grados, se aprecia una derechización y una ultraderechización de determinados espacios que, tras el anuncio electoral, parecen dar por descontado un cambio de Gobierno.
La llegada de La Séptima, por tanto, puede aportar un nuevo actor al campo progresista, con mayor o menor fuerza. Pero lo más llamativo de esta nueva etapa no es tanto que existan medios y programas críticos con Sánchez, algo perfectamente legítimo, sino el tono adoptado por algunos espacios y, especialmente, el tratamiento a personajes como Santiago Abascal.
El cambio del líder de Vox y su contención tras el adelanto
El líder de Vox ha adoptado en los últimos tiempos un tono mucho menos soberbio y más tranquilo que en otras ocasiones. Ahora parece haber sintonizado con Alberto Núñez Feijóo y no quiere repetir los excesos que, entre la falta de carisma del líder del PP y sus propios excesos, contribuyeron a frustrar las expectativas de la derecha en las elecciones de 2023.

Ahora el escenario es diferente. Abascal se sabe vicepresidente en un eventual Gobierno de la derecha y aspira a tutelar varios ministerios. Después de 27 años en política, quiere su cuota de poder. El líder de ‘la España que madruga’ no ha dado un palo al agua fuera del coche oficial, pero se prepara para ocupar una posición de enorme relevancia si el PP consigue llegar a La Moncloa.
En este nuevo contexto también se ha producido una rebaja de los humos de Abascal, que en 2024 aspiraba a sorpassar al PP. En su ánimo tuvo especial impacto el episodio destapado por El Confidencial sobre la relación económica entre su mujer, Lidia Bedman, y una editorial ligada a varios de sus principales asesores en Vox. Un asunto que complica que Vox pueda mantener con la misma contundencia su discurso contra Begoña Gómez.
Hasta entonces, a Abascal solo le molestaban a nivel mediático los dardos procedentes de Federico Jiménez Losantos. El locutor llegó incluso a traspasar el límite del buen gusto al comparar a Abascal con Juan Carlos de Borbón y realizar algunas insinuaciones sobre su vida privada.
Sea como fuere, el PP ha conseguido relajar a Vox. Y El Confidencial ha tenido un papel relevante en este cambio de escenario. El diario, que durante dos décadas consiguió mantener una posición transversal dentro del campo del partidismo mediático, lleva tres años desatado y se ha desplazado progresivamente hacia la derecha.
Se dice que su editor José Antonio ‘Totoyo’ Sánchez y su director Nacho Cardero, que siempre habían querido mostrarse como periodistas centristas, se están marchando por la orilla derecha del barranco siguiendo al actual alma mater del proyecto en el ámbito periodístico, José Antonio Zarzalejos.
Durante años Zarzalejos fue un ejemplo de periodista independiente, alejado de las posiciones más extremas y de lo que entonces se denominaba el «sindicato del crimen 2.0». En 2004, tras el 11M, su negativa a seguir la teoría de la conspiración le costó el cargo.
Ahora, en pleno «sindicato del crimen 3.0», más digital, el movimiento parece ser otro. El proyecto periodístico que durante años se presentó como transversal ha ido desplazándose hacia la derecha, quizá porque Sánchez es el primer presidente que le planta cara a la monarquía, tan sobrada de mimos mediáticos como anémica de apoyos ciudadanos.
La televisión privada española adopta posiciones cada vez más beligerantes contra el Gobierno, al que no le perdonan que haya contribuido a erosionar desde RTVE algunos de los casi monopolios que durante años ejercieron figuras como Pablo Motos o Antonio García Ferreras, o desgastar en audiencias a Ana Rosa Quintana, pero olvidan que el Ejecutivo ha ayudado a las cadenas privadas: ha ampliado la cantidad de publicidad que pueden emitir, ha permitido que algunas de sus filiales puedan ser consideradas productoras independientes y ha aparcado la posibilidad de recuperar la publicidad en RTVE.
Y todo esto ocurre justo cuando PP y Vox vuelven a acercarse, para alegría de buena parte de los principales editores españoles. Quizá la excepción sea Javier de Godó, aunque, con su habitual desparpajo, probablemente tarde apenas unos segundos en suavizar la entrada de la ultraderecha y sumarse al bando ganador si hay cambio de Gobierno.




