Finlandia está en crisis. Su tasa de paro supera ya la de España y, desde 2023, gobierna una coalición de derechas liderada por Petteri Orpo. Para cierta izquierda, el diagnóstico es automático: el país nórdico sufre las políticas ultraliberales de la extrema derecha. Juan Ramón Rallo dedica su último análisis a desmontar esa lectura con datos y una pregunta incómoda: ¿y si el problema viene de antes?
El punto de partida del economista es demoledor. El gobierno de Orpo se formó en 2023, cuando la economía finlandesa ya estaba en recesión. De hecho, una parte de su elección se explicó por la mala situación que arrastraba el país. Resulta difícil atribuir el hundimiento a unas políticas económicas posteriores al estallido de la crisis. Y muchas de esas medidas, subraya Rallo, no tienen nada que ver con el ultraliberalismo salvaje: alimentan el estado del bienestar finés.
Dos décadas estancada: el motor que se apagó
Finlandia lleva dos décadas prácticamente parada. No ha logrado recuperar la renta per cápita de 2008. El estancamiento responde a factores estructurales y coyunturales. Rallo apunta primero a Nokia. Finlandia es una economía muy pequeña; la aparición de una gran empresa condiciona el nivel de vida de toda la población. Y cuando esa empresa fue arrollada por el iPhone, entró en crisis estructural y arrastró a todo el país.
A ello se sumaron la crisis financiera global de 2008 y la crisis de la eurozona de 2011. Esta última golpeó con más dureza a los países del sur, pero también afectó negativamente a sus socios comerciales del norte. Desde 2007-2008 Finlandia arrastra problemas serios.
Guerra, tipos de interés y el derrumbe de la construcción
A partir de 2022, el panorama empeoró. La guerra en Ucrania cerró de golpe parte del comercio que Finlandia mantenía con Rusia, uno de sus principales socios. Y al mismo tiempo comenzaron a subir los tipos de interés en la eurozona. El efecto fue especialmente duro para el sector de la construcción. En Finlandia todas las hipotecas son a tipo variable, de modo que las subidas redujeron rápidamente la demanda de financiación hipotecaria y aumentaron la carga financiera de los hipotecados.
El colapso de la construcción entre 2022 y 2023 fue peor que el de la crisis financiera de 2007-2008. Rallo lo resume con una imagen: si ya estabas débil, te terminan de dar la puntilla. Todo esto, insiste, es previo a las políticas de Orpo.
‘Finlandia no era rica por tener un estado de bienestar grande: se podía permitir un estado de bienestar grande porque era rica.’
— Juan Ramón Rallo
Por qué el estado del bienestar no impulsa la recuperación
Aquí entra el segundo gran factor. Finlandia es una socialdemocracia nórdica. Durante décadas, Finlandia, Suecia o Dinamarca fueron los espejos en los que Europa quería mirarse: se decía que su gasto social gigantesco apuntalaba el crecimiento. Rallo lo cuestiona con matices. Las socialdemocracias nórdicas podían permitirse un estado del bienestar enorme mientras sus economías continuaran siendo productivas. El problema es que Finlandia dejó de serlo. Esa maquinaria estatal, pensada para una economía en funcionamiento, siguió creciendo en piloto automático.
Si Orpo hubiera aprobado recortes salvajes y rebajas masivas de impuestos, lo esperable sería ver retroceder el tamaño del Estado. No ha ocurrido. El gasto público sobre el PIB se ubicó en 2025 en torno al 58%, muy por encima del periodo anterior a Orpo. Los ingresos también subieron, pero el déficit estructural se acerca al 4% del PIB. La principal partida de aumento no es la defensa: son las pensiones de jubilación, indexadas a la inflación y alimentadas por el envejecimiento.
También creció el gasto en educación, sanidad y defensa, aunque en mucha menor medida. Y, lógicamente, el gasto en intereses por la deuda creciente. Eso encaja mal con la narrativa de una austeridad extrema. Finlandia tiene un motor económico parado y una maquinaria estatal que no deja de crecer, copando porciones crecientes del PIB.
Las medidas reales del gobierno de Orpo
Rallo admite que Orpo intentó bajar algunos impuestos, como el de sociedades y el tipo marginal de la renta, y que aprobó ajustes en prestaciones: congeló pensiones, introdujo copagos sanitarios y buscó desregular el mercado laboral. Pero el resultado no fue un Estado más pequeño. Al contrario, ha seguido creciendo. Por eso el gobierno finlandés intenta, sin éxito hasta ahora, atajar ese crecimiento y reactivar la economía.
Finlandia estuvo en recesión en 2023, algo que Rallo no imputa a Orpo. En 2024 y 2025 creció un 0,8-0,9%. Esas políticas no están provocando una caída libre; simplemente no logran un crecimiento vigoroso. Según Rallo, la izquierda vende el caso finlandés como prueba del fracaso neoliberal. Él lo llama infame: la extrema derecha no aplica políticas neoliberales y los libertarios no son de extrema derecha.
El espejo nórdico se agrieta
Para el lector español, el caso finlandés es un espejo incómodo. Durante años se idealizó el modelo nórdico como prueba de que se puede tener un estado del bienestar enorme y una economía próspera. La lectura de Rallo invierte los términos: el gasto social deja de ser motor y se convierte en lastre cuando desaparece el crecimiento.
El estancamiento finlandés no prueba el fracaso del ultraliberalismo, sostiene Rallo, sino el fracaso del modelo nórdico cuando la productividad se estanca. No habría que reescribir la historia: Finlandia sigue siendo un ejemplo de estado del bienestar. Solo que ahora ese espejo devuelve una imagen mucho más incómoda.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.






