La sequía del Danubio paraliza la nuclear rumana y frena fábricas de Dacia y Ford

Rumanía mantiene el estado de alerta hasta el 31 de agosto tras desconectar un reactor que aporta el 20% de la electricidad del país. Dacia y Ford detienen su producción durante dos semanas para reducir el consumo.

El bajo caudal del Danubio ha forzado a Rumanía a desconectar el segundo reactor de su única central nuclear, Cernavodă. La planta produce cerca del 20% de la electricidad del país y su parada llegó el 13 de agosto tras fallar los intentos de elevar el río con explosivos y rocas.

Romeo Urjan, director de la planta, atribuyó la decisión al ‘nivel del agua del Danubio y a la previsión de un descenso’. El Ministerio de Energía rumano ha prometido garantizar el suministro, pero el río sigue bajo mínimos: el 11 de agosto registró un caudal de 1.370 metros cúbicos por segundo, muy lejos de la media de 3.900.

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El Danubio se seca y Cernavodă pierde su reactor 2

Rumanía lo había intentado todo. El 3 de agosto, las fuerzas navales detonaron la formación rocosa Pârjoaia con 180 kilos de explosivos para desviar más agua hacia la central. No funcionó: el nivel bajó otros tres centímetros. La medida extrema evidencia el tipo de verano que sufre el centro y el sur de Europa.

La desconexión del reactor 2 de Cernavodă supone un golpe doble. El mix eléctrico rumano depende en un 32% de la hidroeléctrica, una fuente golpeada de lleno por la sequía, y en un 19% de la nuclear. Sin caudal suficiente, ambas tecnologías pierden capacidad al mismo tiempo.

Dacia y Ford frenan la producción y el gobierno extiende el estado de alerta

Bucarest ha declarado el estado de alerta nacional hasta el 31 de agosto. Las dos grandes fábricas de automóviles del país, Dacia y Ford, han detenido su producción entre el 3 y el 19 de agosto dentro de un programa voluntario de reducción de consumo. La ciudad de Iași, la tercera más poblada, apaga su alumbrado público entre las 21:00 y las 23:30.

La tensión es diaria. Durante el día, Rumanía exporta el excedente de sus plantas solares, que trabajan casi al máximo. Pero al caer el sol, la generación fotovoltaica se desploma y las centrales hidroeléctricas no alcanzan a cubrir el hueco que deja Cernavodă. Ahí está el verdadero cuello de botella.

Rumanía no sufre una crisis nuclear de seguridad: sufre una crisis de refrigeración que golpea al mismo tiempo a la hidroeléctrica, la nuclear y la industria.

Marta Ugalde, presidenta del Foro Nuclear, subraya que el problema no deriva solo de la parada nuclear. Es la combinación de menor producción hidroeléctrica, nuclear reducida y demanda alta lo que obliga a encender gas y carbón. Rumanía sigue dependiendo en torno a un 30% de combustibles fósiles.

Lecciones de una crisis que no se agota en el Danubio

Francia también pierde capacidad nuclear por la temperatura de los ríos: el 9 de agosto, el 15,6% de sus reactores estaba indisponible, según AFP. Eslovenia ha reducido al 80% la producción de Krško por el bajo nivel del Sava. España, sin embargo, ha resistido mejor por sus diseños y ubicación.

El invierno anterior dejó en Austria una capa de nieve entre un 20% y un 30% inferior a la media. Una primavera seca y un verano con alta presión atmosférica completaron el cóctel que ha reducido el Danubio a niveles mínimos.

En España, siete reactores generan el 20% de la electricidad y, según el Foro Nuclear, no han necesitado parar por sequía ni olas de calor. Cada emplazamiento gestiona su refrigeración de forma distinta. En Cernavodă, los reactores toman agua directamente del Danubio. La alternativa de torres de refrigeración es técnicamente fiable, pero exige una inversión elevada.

El investigador Luis Enrique Herranz Puebla, del CIEMAT, separa el matiz clave: no está en riesgo la seguridad del reactor. Lo que falla es el foco frío del ciclo termodinámico. Con menos agua y más caliente, la refrigeración pierde eficiencia. En centrales fluviales, el límite medioambiental al vertido de agua caliente es también una restricción operativa.

Me parece que la crisis rumana deja una lección incómoda: los sistemas eléctricos con alta cuota renovable variable no pueden permitirse perder sus fuentes firmes justo cuando más calor hace. Rumanía ya planea nuevas unidades en Cernavodă y reactores modulares pequeños. La sequía de 2026 puede acelerar esas decisiones.

Alfredo García, ingeniero y divulgador conocido como Operador Nuclear, lo resume con claridad: las centrales nucleares son centrales térmicas. Necesitan foco caliente y foco frío. Si el río falla, no es la física nuclear la que se detiene: es la economía.


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