Telescopio Nancy Grace Roman: la NASA cartografiará la Vía Láctea 100 veces más rápido

El observatorio hereda el espejo del Hubble y multiplica su campo de visión hasta 200 veces, según la NASA. Repetirá las mismas regiones del cielo durante años para grabar cómo cambian las estrellas.

La NASA ultima el telescopio Nancy Grace Roman, llamado a cartografiar la Vía Láctea como ningún instrumento anterior. Hereda el espejo del Hubble, pero multiplica su campo de visión y observará el mismo trozo de cielo una y otra vez para grabar, casi fotograma a fotograma, cómo cambia el universo.

El nombre rinde homenaje a Nancy Grace Roman, primera jefa de astronomía de la agencia y primera mujer en ocupar un puesto ejecutivo en ella. Durante décadas impulsó los observatorios espaciales que hoy sostienen buena parte de la astrofísica moderna. Ahora uno de esos instrumentos lleva su firma.

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El mismo espejo del Hubble, pero con un campo hasta 200 veces mayor

En lo esencial, el Roman se parece al Hubble: monta un espejo del mismo tamaño y observa en luz visible e infrarroja. La diferencia está en cuánto cielo abarca de una sola vez. Su campo de visión es hasta 200 veces mayor, una superficie que en una exposición recoge miles de galaxias donde el Hubble captaría unas pocas. La NASA detalla las capacidades del instrumento en la web oficial de la misión.

El James Webb demuestra que la resolución manda cuando se trata de mirar un objeto lejano y débil. Su campo, en cambio, es tan estrecho que resulta poco práctico para vigilar millones de astros a la vez. Kepler y TESS hicieron lo contrario: peinaron el cielo entero, aunque con una resolución baja que funde en un solo punto estrellas que en realidad están separadas. Roman pretende quedarse con lo mejor de ambos mundos.

Su tercer ingrediente es el tiempo. Una sola imagen congela un instante; repetir la misma región durante semanas o años convierte ese instante en una película. Los cambios que persigue ocurren en escalas que van de las horas a los años, y cada ritmo delata un proceso físico distinto: desde una supernova que estalla en una galaxia remota hasta una mancha que gira sobre la superficie de una estrella cercana.

La agencia lo describe como una película cósmica en alta definición. Yo añadiría una precisión: lo que hace distinto al Roman no es solo la cámara, sino la constancia de volver al mismo sitio. Sin esa repetición, un campo enorme sería únicamente una fotografía muy amplia.

No hay telescopio que iguale su combinación de nitidez, amplitud y paciencia: la misma porción de cielo, observada una y otra vez durante años.

Dos grandes barridos para cazar supernovas, planetas y agujeros negros

Su tiempo de observación se divide en dos grandes programas de sondeo. El primero, el High-Latitude Time-Domain Survey, mira hacia latitudes galácticas altas, lejos del polvo de la Vía Láctea, donde la vista se abre a galaxias distantes. Su objetivo son los fenómenos lejanos: supernovas, núcleos activos y cualquier destello que aparezca y se apague en cuestión de días.

El segundo, el Galactic Bulge Time-Domain Survey, apunta al abultamiento central de la galaxia, una región atestada de estrellas, gas y polvo que a simple vista se ve como una mancha blanca y difusa. Ahí Roman descompondrá esa mancha en millones de puntos individuales.

Con ellos como fondo podrá usar el microlente gravitatorio: cuando un objeto pasa por delante de una estrella lejana, su gravedad curva y amplifica la luz de esta, y el destello resultante delata al intruso. Los cuerpos que actúan de lente van desde estrellas hasta planetas del tamaño de Marte o agujeros negros de cientos de veces la masa del Sol.

telescopio espacial NASA

A esa misma región apunta otro de sus objetivos estrella: los tránsitos. Cuando un planeta cruza por delante de su estrella, le roba una fracción mínima de luz y la curva de brillo lo delata. Por la densidad de estrellas del bulbo, los astrónomos calculan que Roman encontrará alrededor de 100.000 planetas en tránsito.

El telescopio también servirá para estudiar cómo envejecen y giran las estrellas más frías y pequeñas. Por debajo de unos 2.500 grados centígrados se espera que su superficie albergue nubes, además de manchas magnéticas, que entran y salen del campo de visión al ritmo de la rotación. Medir ese giro en grandes poblaciones es hoy casi imposible: TESS, tras ocho años escudriñando casi todo el cielo, solo ha logrado periodos de rotación para unos cientos de estos astros diminutos. El infrarrojo cercano y la resolución de Roman deberían ampliar esa muestra de forma drástica.

Lo que Roman cambia en la astronomía, y lo que aún no sabemos

La ambición es grande, y conviene ponerla en contexto. La astronomía de dominio de tiempo, esa que consiste en mirar cómo cambia el cielo en lugar de fotografiar un instante, ya ha dado hallazgos notables con instrumentos modestos. Roman juega en el infrarrojo cercano, allí donde el polvo interestelar bloquea menos la luz, y con una nitidez que ningún observatorio puede alcanzar desde el suelo.

Queda una incertidumbre que ningún dato puede disolver todavía: el telescopio no está en el espacio. Su lanzamiento depende del calendario de la NASA y del presupuesto, dos variables que en la última década han retrasado más de un gran observatorio. Hasta que despegue y envíe la primera imagen, todo lo que sabemos de su rendimiento procede de modelos, pruebas en tierra y de la experiencia de sus predecesores.

Y hay una pregunta abierta que me parece la más interesante. Una muestra de 100.000 planetas en tránsito no servirá solo para sumar mundos a un catálogo; permitirá comparar por primera vez cómo se distribuyen los sistemas planetarios en una región del espacio distinta de la que han sondeado Kepler y TESS. Si esa distribución resulta igual, la formación planetaria es más universal de lo que pensábamos. Si no, tendremos una pista sobre por qué nuestro vecindario se organiza como se organiza.

El calendario marca el lanzamiento como el próximo gran hito. Cuando ocurra, el cielo dejará de parecer quieto.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Los detalles operativos del telescopio espacial Nancy Grace Roman, diseñado para cartografiar la Vía Láctea con un campo de visión hasta 200 veces mayor que el del Hubble.
  • Dónde: Observará desde el espacio, con especial atención al abultamiento central de la Vía Láctea y a las regiones de alta latitud galáctica.
  • Institución responsable: NASA, con la revista y los centros de investigación que documentan el instrumento.
  • Cuándo: Lanzamiento previsto en los próximos años; los primeros sondeos llegarán después.
  • Impacto a futuro: Vigilará cambios del cielo en tiempo real y podría detectar unos 100.000 planetas en tránsito.

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