Idealista desmonta el mito: los inquilinos son los hogares que más ahorran

El estudio cruza las encuestas de 2024 y sitúa a los inquilinos a precio de mercado 23,43 puntos por encima de los propietarios sin hipoteca. La tasa de ahorro global de los hogares ha caído al 11,3%, su nivel más bajo en tres años.

Los hogares que viven de alquiler ahorran más que los propietarios sin hipoteca, según un análisis de BBVA Research que desmonta el vínculo entre propiedad y capacidad de guardar dinero.

Qué revela el informe sobre los hogares que ahorran viviendo de alquiler

El estudio ¿Quién ahorra en España? Heterogeneidad en la capacidad de ahorro de los hogares, firmado por las economistas Noelia Cámara y Sirenia Vázquez, cruza microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida y de la Encuesta de Presupuestos Familiares de 2024. La conclusión principal incomoda al relato dominante: quien alquila a precio de mercado registra una tasa de ahorro muy superior a la de quien ya terminó de pagar su vivienda.

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Las diferencias son notables. Frente a los propietarios sin hipoteca, los inquilinos que pagan precio de mercado ahorran 23,43 puntos porcentuales más, y quienes alquilan por debajo de mercado amplían la brecha hasta 43,76 puntos. Los propietarios con hipoteca apenas suman 4,2 puntos y quienes ocupan una vivienda de forma gratuita, 6,97.

BBVA Research insiste en que son asociaciones estadísticas y no efectos causales. Maneja tres explicaciones plausibles: la disciplina de quien ahorra para la entrada de una futura hipoteca, el efecto patrimonio —quien ya no debe nada tiene un activo que le resta urgencia para guardar— y el consumo, porque liberar la cuota no siempre se traduce en más ahorro. Aquí conviene un matiz: que el alquiler se asocie a más ahorro no significa que alquilar lo genere por sí mismo.

Por qué el tamaño del hogar y la renta pesan más que la edad

La vivienda no es la única variable. Cada persona adicional en el hogar resta 9,75 puntos porcentuales a la tasa de ahorro, un efecto que explica por qué las familias numerosas guardan menos aunque sus ingresos crezcan. La alimentación, el transporte, y los suministros escalan de forma difícilmente evitable.

La renta también manda, pero de forma no lineal. El ahorro sube con los ingresos y, sin embargo, el impulso se diluye a medida que se escala en la tabla salarial: un euro extra pesa mucho en los tramos bajos y casi nada en los altos. La edad y el desempleo pierden peso cuando se controla la renta, según el informe.

Que los inquilinos ahorren más no prueba que alquilar genere ahorro: prueba que el relato que ata propiedad y solvencia tiene menos base de la que se repite.

El dato más incómodo es que aproximadamente un tercio de los hogares gasta más de lo que ingresa. No son jubilados que desacumulan patrimonio: son, sobre todo, hogares con rentas corrientes bajas, en perfiles laborales y de vivienda muy distintos. Los autores advierten de que no disponen de información completa sobre riqueza y endeudamiento para saber cómo se financia esa brecha.

La Ficha del Inversor

La lectura para quien alquila y aspira a comprar cambia. Si el inquilino ahorra, no parte en desventaja: parte con un colchón que puede financiar la entrada de una hipoteca. La métrica que resume el informe es ese diferencial de ahorro, con una advertencia: la tasa global de los hogares ha caído al 11,3% en el primer trimestre, su nivel más bajo en tres años.

De cara a los próximos meses, el debate sobre la vivienda debería girar del precio de compra a la capacidad real de ahorro. El perfil al que interpela este mapa es doble: el joven inquilino que fija una meta de entrada y automatiza aportaciones, y el propietario que terminó de pagar y descuida el efecto ‘más margen, más consumo’. Como en 2008, cuando el ladrillo parecía garantizar solvencia y no lo hacía, el informe recuerda que la vivienda no equivale por sí sola a salud financiera.

La próxima referencia para comprobar si el patrón se mantiene llegará con cada nueva entrega de la Encuesta de Condiciones de Vida y de la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE. Hasta entonces, una certeza: el régimen de tenencia explica menos de lo que el imaginario colectivo da por hecho.


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