La disputa de las islas Kuriles ha entrado esta semana en una nueva fase tras la visita sorpresa de Vladímir Putin. Japón ha convocado al embajador ruso, Nikolay Nozdrev, y la primera ministra, Sanae Takaichi, ha calificado el movimiento de «absolutamente inaceptable». Lo que me ha llamado la atención no es solo la visita, sino la rapidez con la que Tokio ha formalizado su protesta.
En las imágenes difundidas por la televisión japonesa, Putin aparece en la isla de Etorofu —Iturup en ruso— visitando un hospital, reuniéndose con residentes y probando caviar en una planta de procesado. El Gobierno japonés también ha hecho públicos los testimonios de antiguos residentes japoneses que critican la presencia rusa. No se trata de un desplazamiento protocolario: es una señal de soberanía en un territorio cargado de memoria.
Las cifras de un contencioso sin tratado de paz
He revisado los datos que explican la sensibilidad japonesa. Las islas, conocidas en Japón como Territorios del Norte y en Rusia como Kuriles del Sur, concentran historia, recursos y estrategia:
- 1945: la Unión Soviética ocupó las islas en la fase final de la Segunda Guerra Mundial, cuando Tokio estaba a punto de rendirse.
- 17.000 japoneses vivían en las islas antes de la ocupación; hoy residen alrededor de 20.000 ciudadanos rusos.
- Cuatro territorios integran la disputa: Etorofu, Kunashiri, Shikotan y el grupo de islotes Habomai.
La cadena insular no es un punto simbólico menor. Además de su valor militar, da acceso a caladeros ricos y a yacimientos minerales, lo que explica que el desacuerdo haya impedido a Tokio y Moscú firmar un tratado formal de paz.
La protesta de Tokio y la respuesta de Moscú
El ministro de Exteriores japonés, Toshimitsu Motegi, ha convocado al embajador ruso para trasladar una protesta que Tokio describe como «enérgica». La primera ministra Takaichi ha insistido en que las islas pertenecen a Japón «tanto históricamente como en virtud del derecho internacional» y ha definido la visita como incompatible con la posición japonesa. Moscú, por su parte, ha calificado la reacción de «inapropiada» e «insultante».
En la isla de Sajalín, Putin ha inspeccionado maniobras navales y ha afirmado que las cuatro islas están reconocidas como rusas en documentos internacionales. Luego ha respondido directamente a las sanciones japonesas:
«Japón ha identificado a Rusia como una fuente principal de amenazas. Quisiera señalar que no estamos amenazando a Japón. Al contrario, es Japón quien tiene reclamaciones territoriales contra nuestro país.» — Vladímir Putin, presidente de Rusia, agosto de 2026
El trasfondo diplomático pesa. El fallecido ex primer ministro Shinzo Abe alcanzó una entente con Putin que permitió visitas de ciudadanos japoneses a tumbas familiares y reabrió la conversación sobre un futuro tratado de paz. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania en 2022 llevó a Tokio a imponer sanciones a personas y entidades vinculadas a Moscú, y la relación bilateral se deterioró.
Análisis: una disputa que condiciona la seguridad regional
Lo que veo es una escalada más simbólica que militar, pero con efectos diplomáticos reales. Putin ha convertido el contencioso en un instrumento para recordar a Japón que su alineamiento con Occidente tiene costes. La visita no altera la capacidad militar japonesa, pero cierra de facto la vía negociadora que Abe intentó construir. Hay una contradicción que los datos no resuelven: Moscú afirma que no amenaza a Japón, al tiempo que refuerza su presencia en un territorio que Tokio considera propio.
El precedente de 2010, cuando Dmitri Medvédev visitó Kunashiri, no generó una crisis equivalente; la diferencia ahora es el contexto de guerra en Ucrania y las sanciones. El siguiente hito a observar no es una cumbre, sino si Tokio eleva la respuesta más allá de la protesta diplomática.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es limitado: no hay exposición energética ni comercial relevante con las Kuriles. Aun así, el episodio produce efectos indirectos.
- Euríbor e hipotecas: sin canal de transmisión directo, el contencioso no altera el ciclo monetario del BCE.
- Inflación y energía: no hay presión adicional sobre los precios energéticos europeos; el riesgo es geopolítico, no de suministro.
- Empresas españolas: el repunte de tensión en Asia-Pacífico puede encarecer primas de riesgo logístico y de reaseguro para exportadores con rutas en el Pacífico norte.
- Política europea: refuerza el alineamiento del G7 con Japón y la narrativa de una Rusia desafiante más allá de Ucrania.




