Zelenski ha concluido hoy, 8 de agosto, una visita de dos días a Serbia, la primera desde que asumió la presidencia ucraniana en 2019. Junto al presidente serbio Aleksandar Vucic, ha anunciado el compromiso de cerrar antes de que termine 2026 el acuerdo de libre comercio bilateral que llevaba más de dos décadas bloqueado. El movimiento, en plena guerra en Ucrania, refuerza la vía europea de Belgrado y evidencia el creciente aislamiento de Moscú en los Balcanes Occidentales.
Un TLC estancado desde 2005 que es llave para la OMC y la UE
El tratado, cuya negociación se remonta a principios de los 2000, permanecía congelado desde 2005 por las reservas de Kiev sobre los contingentes y aranceles que afectaban a su sector agrícola. Su desbloqueo es un paso indispensable para que Serbia pueda ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), requisito previo a su adhesión a la Unión Europea. En la rueda de prensa conjunta, Vucic confirmó que ambos países trabajan para rubricar el texto antes del 31 de diciembre de 2026.
Como gesto inmediato, el presidente serbio anunció una ayuda de 2 millones de euros destinada al sector energético ucraniano, muy castigado por los ataques rusos, y se comprometió a participar en la reconstrucción de infraestructuras. Zelenski, por su parte, agradeció la ayuda humanitaria y subrayó que “prácticamente ninguna central térmica permanece intacta” en Ucrania debido a los bombardeos rusos. Ambos mandatarios también abordaron la conexión logística del corredor del Danubio, una arteria vital para las exportaciones ucranianas de grano hacia los Balcanes y la UE, y la posible cooperación en seguridad alimentaria de cara al invierno.
“Nunca han escuchado una sola mala palabra sobre nuestro país por parte de Volodimir Zelenski ni de nadie en Ucrania, y estoy extremadamente agradecido a nuestros amigos ucranianos por eso.” — Aleksandar Vucic, presidente de Serbia, 8 de agosto de 2026
El giro de Vucic: apoyo a Ucrania sin romper con el Kremlin
Serbia, que condenó la invasión rusa en 2022 y ha manifestado su respaldo a la integridad territorial ucraniana —incluidos los territorios ocupados por Moscú desde 2014—, se ha resistido a sumarse a las sanciones occidentales contra Rusia. De hecho, Belgrado depende del gas ruso para la mayor parte de su suministro energético. No obstante, ha comenzado a diversificar alianzas, como demuestra el acuerdo para sustituir su flota de MiG‑29 de origen soviético por cazas Rafale franceses. La visita de Zelenski y el pacto comercial consolidan esa trayectoria hacia Occidente sin forzar una ruptura inmediata con el Kremlin.
Lo que me parece relevante de esta visita es que el Kremlin ya no puede dar por sentado el alineamiento de un socio tradicional en los Balcanes. Sin embargo, Vucic es consciente de que una adhesión rápida a la UE no está sobre la mesa: él mismo recordó durante la comparecencia que el bloque no admite un nuevo socio desde la entrada de Croacia en 2013. La guerra en Ucrania, con todo, ha revitalizado la ampliación como prioridad geopolítica, lo que otorga a Serbia una oportunidad estratégica para acelerar reformas sin tener que romper amarras con Moscú de golpe. El respaldo explícito de Belgrado a la candidatura de Ucrania a la UE, aunque simbólico, envía un mensaje claro al Kremlin en un momento en que el bloque europeo discute la próxima ronda de ampliación.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, el giro de Serbia abre un abanico de oportunidades en sectores como infraestructuras, energía y construcción. Las empresas españolas ya tienen presencia en los Balcanes y podrían beneficiarse de los contratos de reconstrucción de Ucrania y de las nuevas conexiones logísticas a lo largo del Danubio. A nivel macro, cualquier avance en la integración de Serbia en la UE —aunque sea lento— contribuye a estabilizar una región que es un corredor migratorio y energético clave para toda Europa. Por el lado de los consumidores, el acuerdo de libre comercio entre Ucrania y Serbia podría abaratar ciertos productos agrícolas, aunque su impacto inmediato en la inflación de la eurozona es marginal. Lo más relevante, sin embargo, es la señal política: cada país que se mueve hacia Bruselas es una derrota para la estrategia de influencia de Moscú en el Viejo Continente.




