Lo he visto demasiadas veces en las últimas semanas. El estrecho de Ormuz vuelve a convertirse en el epicentro de la tensión geopolítica global. Esta madrugada, un petrolero de la Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC) ha sido alcanzado por un misil cuando transitaba por el paso estratégico. Los Emiratos Árabes Unidos han acusado directamente a la Guardia Revolucionaria iraní de perpetrar el ataque, que eleva la presión sobre un corredor por el que fluye a diario una quinta parte del crudo mundial.
El suceso se produce en un clima ya de por sí explosivo. Irán exige seis condiciones a Estados Unidos para reabrir el estrecho, mientras Washington y sus aliados del Golfo redoblan su presencia militar. El incidente del buque de ADNOC, el decimoquinto contra sus activos desde el inicio del conflicto, según la propia compañía, no ha dejado víctimas en esta ocasión, pero sí una condena regional unánime.
Un ataque con misil en las primeras horas de la madrugada
El Ministerio de Asuntos Exteriores emiratí ha detallado que el buque fue impactado por un misil en las primeras horas de la mañana del sábado cuando cruzaba el estrecho. Abu Dabi no ha concretado el alcance de los daños materiales, pero ha calificado el ataque como un acto de piratería de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
“El uso del estrecho de Ormuz como herramienta de presión o chantaje económico amenaza la estabilidad regional y la seguridad energética mundial.” — Ministerio de Asuntos Exteriores de EAU, comunicado oficial, 8 de agosto de 2026
ADNOC, por su parte, confirmó a través de la agencia estatal WAM que uno de sus buques había sido blanco del ataque. La compañía, que este viernes ya había alertado de tres impactos adicionales en lo que va de semana, acumula quince ataques con misiles y drones contra sus embarcaciones. En uno de estos incidentes anteriores, un tripulante falleció y veinte resultaron heridos.
Las condenas no se han hecho esperar. El secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Jassim Mohammed al-Budaiwi, tildó la acción de “escalada peligrosa e inaceptable” y pidió medidas internacionales para proteger la navegación. Catar, Arabia Saudí y Jordania también rechazaron el ataque. Riad, en particular, advirtió de que la campaña iraní constituye una violación grave de la resolución 2817 del Consejo de Seguridad y exigió el cese inmediato de las hostilidades.
Irán vincula la reapertura a seis condiciones dirigidas a Washington
Mientras el Golfo clama unidad, Teherán mantiene su pulso. Irán ha condicionado la reapertura del estrecho al cumplimiento de seis exigencias dirigidas a Estados Unidos, entre las que, según fuentes regionales recogidas por La Razón, figura un “cambio de comportamiento” de Washington y la retirada de sanciones que asfixian su economía. La Casa Blanca, por ahora, no ha dado señales de ceder.
El cierre intermitente del paso —y la exigencia de condiciones previas por parte de Teherán— eleva el peligro de un shock energético global. Desde que se reavivó la escalada, los seguros de guerra y los fletes en la zona se han disparado, encareciendo cualquier cargamento que intente atravesar el Golfo.
Lectura macro: Ormuz vuelve a poner en jaque la estabilidad del precio del crudo
Lo que observo en esta crisis es una reedición acelerada de los peores escenarios de 2019 y 2021, pero con un agravante: la demanda mundial de petróleo no está en recesión. Cualquier interrupción prolongada del tráfico marítimo en Ormuz dispararía el Brent por encima de los 100 dólares en cuestión de horas, con un efecto cascada sobre los costes de transporte, los márgenes empresariales y, en última instancia, sobre la inflación de todas las economías importadoras.
Los ataques selectivos contra buques de una empresa estatal emiratí son, además, un mensaje directo a otros productores del Golfo que, como Arabia Saudí o Catar, mantienen alianzas estratégicas con Occidente. La respuesta coordinada del CCG sugiere que los vecinos de Irán ya no están dispuestos a tolerar el uso del estrecho como moneda de cambio, pero carecen de la capacidad militar para garantizar por sí solos la libre navegación. Este vacío de seguridad es, precisamente, el factor que los mercados de futuros empiezan a descontar.
El próximo movimiento clave será la reunión de urgencia de la Organización Marítima Internacional, prevista para la próxima semana. Si no se alcanza un corredor seguro o una pausa en las hostilidades, las primas de riesgo geopolítico se instalarán de forma estructural en el precio del crudo.
🌍 El impacto en España y Europa
España importa aproximadamente el 14% de su crudo de Oriente Medio, según datos de CORES. Un bloqueo efectivo de Ormuz no solo encarecería ese suministro, sino que provocaría un reequilibrio global de rutas que dispararía el precio de referencia Brent, del que beben directamente los surtidores y las calefacciones europeas. La factura energética de las familias subiría, y el IPC de la eurozona podría sumar entre tres y cinco décimas en un solo trimestre, complicando el margen del BCE para sostener los recortes de tipos que el mercado ya ha descontado para el otoño. El Euríbor, que se ha estabilizado en torno al 3,5%, podría repuntar si la inflación energética obliga a Fráncfort a frenar su pulso dovish.




