La subida del precio de la carne empuja a McDonald’s a girar su menú hacia el pollo

La cadena es líder en ternera con más del 40% de cuota, pero en pollo se queda por debajo del 20% mientras ese mercado crece un 5% anual. Su plan incluye invertir 8.500 millones de dólares junto a sus franquiciados.

El encarecimiento de la ternera, disparada un 55% en cuatro años en Estados Unidos, empuja a McDonald’s a reorientar su menú hacia el pollo con una inversión de 8.500 millones de dólares.

La cadena de los arcos dorados es líder mundial en hamburguesas de ternera con más del 40% de cuota, pero sus ventas en Estados Unidos crecen apenas un 0,8% interanual. Su último Día del Inversor dejó un mensaje incómodo: el futuro pasa por un territorio en el que nunca ha mandado.

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La ternera se ha encarecido un 55% en cuatro años

Vamos a los números. La hamburguesa de ternera mueve 50.000 millones de dólares al año y crece un 3%; la de pollo alcanza los 130.000 millones, casi el triple, y avanza a un 5% anual. No es solo una cuestión de precio: la proteína blanca encaja mejor con la creciente preocupación por la alimentación.

En Estados Unidos el problema es más grave. La carne picada de ternera se ha disparado un 55% en cuatro años por una epidemia de un parásito que ataca al ganado y por el aumento del coste de la alimentación de las reses. Las importaciones extranjeras a bajo precio apenas se han notado en la factura final, así que el resultado es una inflación alimentaria que se cuela en toda la cadena, de la granja al menú.

Mientras el precio subía, la compañía libraba una guerra de ofertas con sus rivales para recuperar a los clientes que habían dejado de cenar en sus locales. Los menús promocionales han obligado a buscar costes donde no los había: carne con algo más de grasa, ingredientes ligeramente reducidos y más peso de las bebidas, que dejan mejor margen.

Cuando la proteína barata crece y la cara se estanca, el menú deja de ser marketing y se convierte en una cuenta de costes.

Aun así, las promociones no resuelven el problema. Cadenas como Popeyes, Chick-fil-A o Raising Cane’s lleva años creciendo con una hamburguesa de pollo sencilla, y a ese empujón se suma el de los medicamentos para adelgazar: según la propia McDonald’s, quienes los toman se inclinan más por el pollo o el pescado que por la ternera.

Del 40% de cuota en ternera al 20% en pollo

Aquí está la clave del giro. En ternera, McDonald’s domina con más del 40% del mercado. En pollo, su cuota se queda por debajo del 20%, casi un tercio de la anterior, y compite contra rivales que llevan años de ventaja.

📊 La comparativa de un vistazo

CategoríaTamaño y crecimientoCuota de McDonald’s
Hamburguesa de ternera50.000 millones de dólares; +3% anualMás del 40%
Hamburguesa de pollo130.000 millones de dólares; +5% anualPor debajo del 20%

El castigo se ha visto en bolsa. La compañía acumula una caída superior al 18% en lo que va de año y, en la sesión posterior a su Día del Inversor, se dejó más de un 5%, el peor registro del Dow Jones. La información bursátil de esta pieza es divulgativa y de análisis de consumo, no un consejo de inversión.

McDonald's pollo

El plan de 8.500 millones y su letra pequeña

La solución que ha puesto sobre la mesa pasa por invertir esos 8.500 millones junto a sus franquiciados. El objetivo es doble: dar más peso a las hamburguesas de pollo y subir su calidad con un empanado hecho en el propio restaurante, una fórmula más lenta y con más controles sanitarios que la industrial.

Su meta declarada es ganar 1,5 puntos de cuota y acercarse al 20% del pollo a escala mundial. Traducido: la compañía no aspira a reinar donde ya reinaba, sino a dejar de ser un actor secundario en el mercado que tira del sector.

Para el comprador, el cambio se nota antes en la carta que en el precio. Cuando una cadena de este tamaño reordena su oferta alrededor de la proteína más barata, la restauración organizada tiende a copiar el movimiento: más formatos de pollo, más menús de precio contenido y menos espacio para la ternera en la parte baja de la carta.

Qué mirar cuando la proteína barata llega a la carta

Este no es un caso aislado, sino la versión estadounidense de un patrón que se repite en la restauración: cuando una materia prima se descontrola, el menú se rediseña alrededor de la que aguanta el precio. McDonald’s ya lo intentó antes con los refrescos, categoría de margen alto que reforzó para compensar la guerra de promociones. Y en paralelo reconoció ajustes silenciosos en su hamburguesa clásica, con algo más de grasa y algo menos de ingredientes, para no tocar el precio del menú.

En España, la referencia para medir este tipo de subidas es el índice de precios de consumo que publica el INE, la misma herramienta que se usa para seguir la evolución de la cesta de la compra. El matiz importante es que el ahorro no se traslada solo: el pollo cuesta menos en origen, pero el plan incluye empanado en el propio local, más controles y una operativa más lenta, costes que la compañía puede absorber o repercutir según cómo evolucione la demanda.

Para el consumidor, la consecuencia práctica es que la hamburguesa de pollo deja de ser la opción de segunda y pasa a ser la apuesta principal. Y conviene leer la letra pequeña: los menús que sostienen el precio suelen venir con recortes poco visibles en la ficha del producto, así que comparar el gramaje o el número de ingredientes de una y otra hamburguesa da una pista más útil que cualquier cartel de promoción.

🛒 El Veredicto de Compra

  • Compara la proteína, no el cartel: la hamburguesa de pollo suele salir más barata que la de ternera en la misma carta, y esa diferencia se mantiene incluso dentro de los menús de oferta.
  • Revisa la ficha del producto: cuando una cadena recorta costes para sostener el precio, el gramaje y el número de ingredientes son los primeros en notarlo.
  • Vigila la tendencia del menú: si el pollo gana espacio en las grandes cadenas, la oferta de proteína barata se amplía y la ternera se queda en la parte alta de la carta.

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