Meta pierde 356.000 millones en once días: la IA castiga a las grandes tecnológicas

El gasto en inteligencia artificial y la caída del flujo de caja libre lastran a la matriz de Facebook. Mientras, Microsoft sube un 15% y marca distancias en el club de los Siete Magníficos.

Meta ha perdido 356.000 millones de dólares de capitalización bursátil en apenas once sesiones, el equivalente a todo el valor conjunto de Santander e Inditex. La matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp se dejó ayer otro 7,95% tras publicar unos resultados del segundo trimestre que, pese a batir récord de ingresos, desataron una oleada de ventas por las dudas sobre la rentabilidad de su apuesta por la inteligencia artificial.

La compañía de Mark Zuckerberg presentó el 29 de julio unas cuentas que, sobre el papel, eran sólidas: ingresos de 60.800 millones de dólares, un 28% más que un año antes. Sin embargo, la reacción del mercado fue lapidaria. El motivo: la revisión al alza de las inversiones en IA hasta una horquilla de entre 130.000 y 145.000 millones para el conjunto de 2026. Esa cifra disparó todos los temores sobre un deterioro acelerado de los márgenes.

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El desplome del flujo de caja libre y el castigo del mercado

El impacto directo de ese gasto se vio en el flujo de caja libre, que se hundió un 91% hasta quedar en apenas 784 millones de dólares. El beneficio neto cayó un 14%, lastrado también por costes legales e indemnizaciones. La previsión de ingresos para el tercer trimestre se quedó ligeramente por debajo de las expectativas de Wall Street, y la empresa elevó las estimaciones de gastos operativos para el año. El resultado: Meta ha encadenado once sesiones consecutivas en rojo, con una caída acumulada del 20,88%, frente a un descenso del 5% del Nasdaq en el mismo periodo.

Ni siquiera el respaldo de las casas de análisis frena la sangría. Goldman Sachs, Morgan Stanley, UBS o Deutsche Bank consideran que la acción cotiza con un descuento de más del 45% respecto a sus precios objetivos, y ninguno de los 90 analistas que cubren el valor recomienda vender. Pero el mercado exige algo más que un consenso unánime de «comprar»: quiere visibilidad sobre cuándo la IA empezará a aportar ingresos reales más allá del negocio publicitario.

La cuestión no es si Meta gasta mucho en inteligencia artificial, sino cuánto tardará en demostrar que ese gasto genera un retorno que justifique el deterioro actual de sus cuentas.

La paradoja es que Zuckerberg ha construido una máquina publicitaria imparable —los ingresos récord lo confirman—, pero al mismo tiempo acelera un plan inversor que está devorando la caja. El mercado se pregunta si el líder de las redes sociales no está corriendo demasiado en una dirección que aún no ofrece recompensa.

Microsoft, la otra cara de la moneda tecnológica

Mientras Meta se desangra, Microsoft se disparó un 15,51% en una sola sesión tras batir expectativas con sus propios resultados. La empresa de Satya Nadella no solo capea mejor el temporal de la IA, sino que convence a los inversores de que su gasto en infraestructura está generando rendimientos medibles en su negocio de nube y productividad. La divergencia en el club de los Siete Magníficos es cada vez más pronunciada.

En lo que va de año, Apple avanza un 22,65%, Nvidia lucha por mantener el tipo, y Tesla se hunde un 31,32%. Meta, con una caída del 18% en 2026, solo es superada en el ranking de damnificados por el fabricante de vehículos eléctricos. La capitalización de Meta rondaba los 1,37 billones de dólares al cierre de ayer, una cifra que la sitúa codo con codo con SpaceX en la pugna por el noveno puesto mundial.

Lectura editorial: el ajuste de cuentas de la IA generativa

Creo que asistimos a un punto de inflexión en la narrativa de la inteligencia artificial. Durante dos años, los inversores premiaron cualquier anuncio de inversión en IA con subidas fulgurantes. Ahora exigen pruebas. Meta es el primer gran damnificado, pero no será el único si el resto de los Siete Magníficos no logra demostrar que sus desembolsos de capital se traducen en nuevos motores de ingresos y no solo en centros de datos y chips más potentes.

El caso de Microsoft muestra que sí es posible rentabilizar la apuesta cuando la estrategia está alineada con el core del negocio. La pregunta para Meta es si su enorme base de usuarios —más de 3.000 millones de personas— y su dominio publicitario le darán el margen suficiente para esperar a que la IA madure, o si el mercado le pasará factura cada trimestre hasta que aparezca una línea de ingresos concreta.

Lo que está en juego no es solo el valor en Bolsa de una compañía. Es la credibilidad de un modelo de gasto que, si no se traduce en retornos en un plazo razonable, podría pinchar la burbuja de expectativas que ha impulsado al sector tecnológico en los últimos años.


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