Nunca se imaginó dirigiendo un banco global. Bill Winters quería ser diplomático pero el dinero no le alcanzó. Lo que vino después según relata en una entrevista con CNBC International fue una carrera que lo llevó de los derivados en JPMorgan al rescate de Standard Chartered.
Winters creció en una familia de clase media en Nueva York y sus suburbios. Su padre, nacido en una familia obrera de Wheeling, Virginia Occidental, trabajaba en los molinos de acero hasta que fue reclutado en la Segunda Guerra Mundial. Gracias a la GI Bill pudo regresar a la universidad y, con el tiempo, escalar hasta el departamento comercial de National Steel. Aquel salto, contó Winters, cambió el destino de su familia.
De su madre heredó, según su relato, la curiosidad por viajar y probar cosas nuevas. Con diecinueve años salió por primera vez de Estados Unidos para estudiar un semestre en la entonces Yugoslavia, en 1980. Allí conoció a su esposa. Esa etapa, dijo, le dejó una marca permanente.
La diplomacia era su plan. Fue aceptado en un máster en diplomacia internacional, pero necesitaba 40.000 dólares que no tenía. Entonces entró a trabajar en Morgan Guaranty, el banco que luego se convertiría en JPMorgan. Su idea era quedarse un par de años, ahorrar y retomar el máster. No sucedió.
De diplomático frustrado a aprendiz de banquero
Tras cuatro años cubriendo empresas de petróleo y gas en Texas, su jefe le ofreció una disyuntiva: seguir en un área que ya dominaba o lanzarse a los swaps, el embrión de lo que hoy se conoce como derivados. Winters eligió lo segundo. Reconoce que no estaba cualificado y que no sabía nada de aquello.
De esa decisión salió una regla que ha repetido durante toda su carrera. En su relato, las decisiones importantes no aparecen muy a menudo. Por eso, de vez en cuando, conviene tomar el camino menos convencional. El camino previsible, añade, suele estar abarrotado de competencia. El imprudente, aunque asuste, enseña más.
Cuando se te presentan estas decisiones, no suceden muy a menudo. De vez en cuando vale la pena tomar el camino menos convencional.
— Bill Winters
Lou Preston y la escuela de los errores
Mucho antes de Jamie Dimon, el gran jefe en JPMorgan era Lou Preston. Winters lo describió como una figura inspiradora y, sobre todo, valiente. Recordó una anécdota: tuvo que presentar una operación con unos petroleros texanos que habían intentado acaparar el mercado de la plata. Preston le advirtió de que, si seguía adelante, el consejo probablemente lo consideraría un loco. No le prohibió decidir. Winters no cerró el trato.
Errores que enseñan más que los aciertos
Winters defiende que equivocarse forma parte del aprendizaje. Contó dos errores tempranos en derivados: en una operación grande invirtió la compraventa entre dólares canadienses y francos suizos, y también se confundió en la convención de conteo de días. Se dio cuenta casi de inmediato. Pensó que lo despedirían. No pasó, pero aquello lo empujó a crear un sistema de control para no repetir fallos.
Otra equivocación llegó con su primer trabajo en trading de materias primas. Usaban contratos de gasóleo de calefacción para cubrir la exposición al queroseno de aviación, químicamente muy parecidos pero no idénticos. Con la primera Guerra del Golfo, en 1990, el precio del queroseno se disparó mucho más que el del gasóleo. Perdieron dinero. Su jefe aceptó asumir la pérdida y, al terminar, le duplicó los límites de trading. Para Winters, aquello demostró que un error bien gestionado puede reforzar la confianza.
Despido en JPMorgan y regreso a Standard Chartered
Después de 26 años en JPMorgan, Jamie Dimon lo despidió. Winters marcó una diferencia: una cosa es que te digan que estás listo para marcharte y otra muy distinta que te pidan que te vayas. No entró en detalles, pero dejó claro que fue una salida dura.
Seis años más tarde volvió a la banca como consejero delegado de Standard Chartered. Sabía que el banco atravesaba dificultades. En sus palabras, identificó una franquicia realmente buena pasando por una mala racha y pensó que podía aportar algo. Desde entonces su nombre ha quedado ligado a la transformación del grupo.
Qué enseña esta historia a la banca internacional
La trayectoria de Winters tiene contexto. Standard Chartered es un banco con fuerte presencia en Asia, África y Oriente Medio. Cuando él asumió el cargo en 2015, la entidad arrastraba años de reestructuración y necesitaba recuperar credibilidad. Su mandato se ha centrado en simplificar la banca internacional, reforzar controles y priorizar mercados donde tiene ventaja. No son datos del vídeo, pero ayudan a entender por qué su regreso fue relevante.
Para los lectores del medio, este perfil importa porque encarna un liderazgo basado en el riesgo calculado y en la gestión honesta del error. Winters no presenta su carrera como una secuencia de aciertos. Habla de despido, de operaciones mal cerradas, de decisiones que daban miedo. Y sin embargo, todo eso lo llevó a dirigir un banco global. Es un mensaje incómodo para una industria que premia la perfección y castiga la caída.
La gran lección, si se puede llamar así, es que las carreras no son lineales. El despido de JPMorgan no lo sacó del juego. Lo preparó para otra etapa. Y la decisión de entrar en derivados, tomada sin saber nada, le abrió una puerta que jamás habría encontrado en el camino convencional.
¿Habría sido más feliz como diplomático? Winters admite que lo piensa de vez en cuando. Pero el camino imprudente lo llevó, 46 años después de aquel semestre en Yugoslavia, a repasar sus decisiones ejecutivas ante las cámaras. Quizá la lección sea esa: a veces, la carrera que no elegiste acaba eligiéndote a ti.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de CNBC International en YouTube.




