La automatización cognitiva podría duplicar el paro en España hasta el 18% en 2030. Anthropic, la firma de inteligencia artificial que rivaliza con OpenAI, publica un estudio que extrapola al mercado español los efectos laborales de la adopción masiva de esta tecnología. El punto de partida ya es desfavorable: la tasa española se sitúa en el 9,87%, frente al 4% estadounidense.
Claves de la operación
- La automatización desplaza empleo, no lo destruye. El informe parte de una tesis central: la IA reduce la demanda de trabajo en ocupaciones cognitivas y empuja a esos trabajadores hacia otros sectores, un ajuste que no es instantáneo.
- La productividad se reparte de manera desigual. El PIB por trabajador subiría un 24,3% en España frente al 32,4% en Estados Unidos, una brecha que evidencia la peor posición de las empresas españolas.
- El escenario extremo supera a la Gran Recesión. Con un 60% de tareas automatizadas, el paro estadounidense saltaría al 11,9%, un nivel superior al registrado durante la crisis financiera de 2008.
El pulso entre productividad y destrucción de empleo
El estudio desarrolla una metodología transparente para calcular tres escenarios de implantación de la inteligencia artificial: modesto, sustancial, y extremo. No juega con números abstractos. La exposición de tareas cognitivas a la automatización alcanza el 62,4% en Estados Unidos y el 46,4% en España, según el documento publicado por la firma que dirige Dario Amodei.
Las cifras no dejan espacio para la ambigüedad. Si la IA se aplica al 20% de las tareas, el paro estadounidense se situaría en el 3,8%. Si llega al 40%, subiría al 4,6%. Si alcanza el 60%, saltaría al 11,9%, más que en la Gran Recesión. El ajuste entre sectores es la clave que explica la subida: los trabajadores desplazados tardan en recolocarse y, mientras tanto, el desempleo crece. Un cóctel explosivo.
El reparto del ahorro también importa. Cuando la IA abarata una tarea, ese ahorro puede ir a los salarios o al capital que financia la infraestructura. En el escenario extremo, el sueldo medio crecería un 9,7% en Estados Unidos y un 6,8% en España, mientras el PIB por trabajador se dispara un 32,4% y un 24,3% respectivamente. La brecha revela una verdad incómoda: las empresas españolas capturan mucho menos valor de la productividad.
La franja más expuesta es la cognitiva. El paro entre estos trabajadores pasaría del 2,9% al 17,9% en el escenario más extremo en Estados Unidos. En España, esa franja se movería entre el 5,6% y el 20,6%. Un arquitecto de software no se convierte en carpintero sin coste: pierde salario, tiempo y estabilidad. Las fricciones no son un matiz académico. Son la medida exacta del sufrimiento laboral que la automatización puede causar.
La inteligencia artificial no expulsa al trabajador del sistema: lo recoloca en otra casilla con menos salario y más fricciones.
Extrapolar el modelo a España, sin embargo, exige cautela. Las estadísticas estadounidenses permiten calcular fricciones salariales y de rotación con mucha más precisión que las españolas. El resultado es que el impacto real en nuestro país podría ser algo menor de lo que indica una traslación mecánica del modelo. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
La brecha entre el modelo estadounidense y la realidad española
La estructura productiva española juega en contra. El peso de las ocupaciones expuestas a la IA es del 46,4%, casi dieciséis puntos menos que en Estados Unidos, pero la tasa de paro de partida es más del doble. El mercado laboral español no absorbe excedentes con la misma rapidez que el estadounidense, y la formación continua sigue siendo una asignatura pendiente en la mayoría de las empresas.
Anthropic reconoce el carácter ilustrativo del estudio. Más que una predicción exacta, es un marco para entender qué variables determinan el desenlace. La facilidad para expandir el capital depende, entre otras cosas, de los tipos de interés: si financiar infraestructura de IA se encarece, una mayor parte del ahorro se queda en el capital y no llega al trabajador.

Anthropic entre el aviso existencial y la presión regulatoria
El documento laboral choca con la narrativa que Anthropic defiende en otros frentes. Amodei ha impulsado este mes una desaceleración de la IA de frontera por riesgos existenciales: agentes descontrolados, colapso de internet, hegemonía frente a China. La petición de frenar no responde al coste laboral, sino a una amenaza de seguridad. Esa separación no es casual. Resulta más cómodo hablar del apocalipsis tecnológico que del propio informe de la compañía sobre empleo.
España conoce bien esta película. La tasa de paro superó el 26% en 2013 tras la crisis financiera, y durante los años ochenta y noventa vivió episodios de desempleo estructural superiores al 20%. El 18% proyectado para 2030 no alcanza el peor registro de nuestra historia reciente, pero equivale a volver a un escenario de emergencia permanente. Las secuelas de aquella década aún pesan sobre el mercado laboral español.
En paralelo, los analistas ven en la propuesta de Amodei una posible operación de captura regulatoria. Pedir flexibilizar la competencia a las grandes tecnológicas mientras se avisa del apocalipsis laboral beneficia a quien domina la infraestructura. La mención a las políticas sociales queda delegada en los gobiernos, que son los que al final cargan con el coste de recolocar a los desplazados.
La discusión sobre si la IA crea o destruye empleo está lejos de cerrarse. Los datos del informe sitúan a España en una posición más frágil que la estadounidense, pero la traducción al mercado español es imprecisa por las carencias estadísticas. Entendemos en esta redacción que el desenlace dependerá de la velocidad de adopción y de las políticas de transición. La próxima publicación de datos de paro y los movimientos regulatorios en Bruselas marcarán el terreno de juego en los próximos meses.




