El cielo ruso se ha convertido en un campo minado. Según un análisis que publica VisualPolitik, durante el mes de agosto se cerraron total o parcialmente una media de 32 aeropuertos rusos cada día por culpa de los drones ucranianos, y muchos de esos aeródromos llegaron a interrumpir su actividad varias veces en una sola semana.
El golpe no se queda en una anécdota logística. El canal sostiene que la aviación rusa, ya castigada por las sanciones, acumula nuevos problemas semana tras semana, y que el ciudadano de a pie empieza a notarlo en forma de vacaciones perdidas, viajes de trabajo cancelados y conexiones familiares rotas. Mientras el Kremlin insiste en que el conflicto evoluciona favorablemente, los aeropuertos cuentan una historia distinta.
Del muro antiaéreo al archipiélago defensivo ruso
VisualPolitik arranca con un recordatorio sencillo: Rusia es el país más grande del mundo y ningún sistema de defensa aérea puede cubrir un territorio así. Durante los primeros años de guerra Moscú lo intentó. A partir del verano de 2023 levantó un muro antiaéreo a lo largo de la frontera con Ucrania y de los territorios ocupados para cazar drones y misiles antes de que entraran en territorio ruso.
Ese muro, explica el canal, se vino abajo lentamente. Los sistemas desplegados se convirtieron en objetivos prioritarios y cada baja abrió un hueco para el siguiente ataque. A principios de 2026 la línea continua ya era insostenible, así que los rusos replegaron sus equipos y montaron lo que VisualPolitik describe como islas de seguridad: círculos cerrados alrededor de grandes ciudades, refinerías y fábricas clave, mientras el resto del país queda a la intemperie.
El caso más representativo es Moscú. La capital está rodeada por tres anillos de defensa que se cubren entre sí, con radares redundantes y baterías que pueden volver a disparar incluso si el objetivo ya ha rebasado una capa. En las zonas más protegidas, admite VisualPolitik, la inmensa mayoría de los drones ucranianos acaba derribada. La máquina funciona razonablemente bien donde está montada.
No hace falta derribar toda la flota ni buscar los aviones. Basta con que el peligro sea creíble para que las primas de seguro se disparen y el tráfico aéreo se desplome.
— VisualPolitik
Por qué no basta con plantar una isla sobre cada aeródromo
La solución parecería obvia: colocar una de esas islas defensivas sobre cada aeropuerto. Pero según el canal esa idea parte de dos errores. Primero, Rusia no tiene capacidad material para hacerlo. Derriba muchísimos drones, pero Ucrania lanza tantos que los que se cuelan siguen siendo numerosos, y para dejar un aeropuerto fuera de servicio basta con tener algunos drones en las inmediaciones.
Mover sistemas a cada aeródromo significaría desproteger refinerías, fábricas o ciudades. Y además, argumenta VisualPolitik, Ucrania no busca destruir aviones. El plan de Kiev consiste en llenar el espacio aéreo ruso de drones de forma tan frecuente que aseguradoras, compañías y pasajeros decidan por su cuenta que volar por Rusia es demasiado arriesgado. El canal lo compara con la estrategia de los hutíes en el mar Rojo: no hace falta hundir una flota, solo que el riesgo sea creíble para encarecer los seguros y colapsar el tráfico.
Esa dinámica ya muestra resultados. VisualPolitik menciona que una aerolínea extranjera, Air Tanzania, ha sido la primera en suspender vuelos a Rusia tras la advertencia de Zelenski, y que otras compañías están cancelando rutas o primando la siniestralidad. Putin, añade el canal, puede obligar a las aerolíneas rusas y a las aseguradoras rusas a seguir operando, pero la factura es gigantesca y alguien tendrá que pagarla.
Y aunque Moscú forzara a sus compañías, queda una pregunta que ningún decreto responde: quién se subiría a esos aviones. VisualPolitik insiste en que una cosa es obligar a una empresa y otra muy distinta a un pasajero, una tripulación o un piloto. Ahí manda el riesgo percibido.
El peligro menos visible: la propia defensa aérea rusa
Ese riesgo tiene dos componentes. El primero son los propios drones, no porque apunten contra aviones, sino porque una máquina puede fallar, desviarse o cruzarse con una ruta comercial. Las interferencias de la guerra electrónica rusa pueden dejar a un dron ciego y descontrolado; el canal recuerda que ya ha habido aparatos ucranianos desviados que terminaron impactando en edificios civiles e incluso en territorio de un país de la OTAN. Estonia, por ejemplo, ha alertado a su población tras derribar un dron que se cree desviado por las interferencias rusas.
El segundo riesgo, menos obvio y más grave, viene de dentro de casa. Cuantos más drones llenan el cielo, más se saturan los radares rusos y más papeletas hay de confundir un blanco con otro. El precedente lo puso Azerbaijan Airlines en diciembre de 2024. VisualPolitik recuerda que un avión de pasajeros de la aerolínea azerbaiyana se acercaba a Grozni justo cuando la defensa rusa disparaba contra drones ucranianos; el aparato fue alcanzado por un misil ruso y terminó estrellándose en Kazajistán, con 38 muertos. Putin admitió la responsabilidad rusa y ofreció una compensación. Con ese antecedente, explica el canal, el miedo a volar en Rusia está más que fundamentado.
La tercera ola de la guerra logística ucraniana
En términos estrictos de dinero, VisualPolitik reconoce que la aviación comercial rusa no llega ni al 1% del PIB. Si solo se mirara esa cifra, el cierre del cielo parecería una anécdota. Pero el peso de un sector no se mide únicamente por su impacto directo: cuando el avión deja de volar, también se resiente la logística militar rusa, que utiliza vuelos comerciales para mover personal y piezas de recambio. Y se resiente, sobre todo, la vida diaria de millones de rusos para quienes volar no es un lujo, sino la única forma de moverse en el país más extenso del planeta.
El canal enmarca este golpe dentro de una estrategia más amplia que Zelenski ha bautizado como sanciones de largo alcance. La primera ola fue contra el petróleo y las refinerías; la segunda contra el comercio electrónico ruso con los ataques a Wildberries y Ozon. La aviación es la tercera ola. Ninguna de ellas tumbaría Rusia por sí sola, concluye VisualPolitik, pero se van sumando.
La duda que deja el análisis es qué sector será el siguiente en caer. VisualPolitik cierra preguntándose hacia dónde girará esta estrategia de desgaste logístico en los próximos meses.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.





