Leopold Aschenbrenner pierde su fondo de IA: la burbuja inversora se cobra a un ex-OpenAI

El fondo Situational Awareness llegó a rentar un 439% en el primer semestre antes de desplomarse por las ventas masivas de tecnológicas. Citadel adquiere una parte significativa de sus posiciones mientras el debate sobre la burbuja de la IA se intensifica.

El fondo de cobertura Situational Awareness, gestionado por el ex-OpenAI Leopold Aschenbrenner, ha liquidado la mayor parte de sus posiciones en Bolsa tras una racha de pérdidas vinculadas a la corrección del Nasdaq. El movimiento, confirmado en una carta a inversores, ilustra cómo la burbuja inversora en inteligencia artificial se está cobrando a sus figuras más mediáticas.

Claves de la operación

  • Rentabilidad explosiva y desplome fulminante. El fondo acumulaba una ganancia del 439% en el primer semestre de 2026 y del 1.551% desde su creación en 2024. Las caídas bursátiles forzaron deshacer la cartera.
  • Apalancamiento multiplicador de riesgos. Situational Awareness recurría a deuda para amplificar sus apuestas. Cuando el Nasdaq entró en corrección, las exigencias de garantías obligaron a liquidar posiciones.
  • Citadel se queda con el botín. La firma de Ken Griffin adquirió gran parte de las inversiones del fondo, en una operación que refleja la división de opiniones sobre el futuro de la IA.

Nacido en Alemania, Aschenbrenner entró en la Universidad de Columbia con 15 años y fue el mejor de su promoción en Económicas. Antes de lanzar Situational Awareness a sus 24 años, su única experiencia financiera había sido un breve paso por el FTX Future Fund, ligado al desacreditado Sam Bankman-Fried. Su ensayo “Situational Awareness”, publicado al dejar OpenAI en 2024, defendía que la inteligencia artificial general (AGI) llegaría en cuestión de años y transformaría la economía mundial, un mensaje que caló hondo entre los inversores de Wall Street.

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El apalancamiento que convirtió el 439% en cenizas

La estrategia de Aschenbrenner iba más allá de las tecnológicas puras: apostaba por la infraestructura que demanda la IA, como los chips de MatX o la participación en Anthropic, la rival de OpenAI. El fondo combinaba inversiones cotizadas con privadas, y para maximizar la rentabilidad, operaba con un apalancamiento agresivo. Según la propia carta a clientes, esa fue la receta que llevó el retorno acumulado al 1.551% desde su creación.

Pero la misma palanca que multiplicó las ganancias magnificó las pérdidas cuando el mercado giró. Desde junio, la ola de ventas en las tecnológicas empujó al Nasdaq a territorio de corrección y activó las llamadas de margen. Situational Awareness se vio forzado a deshacer la práctica totalidad de sus acciones cotizadas. En la operación, Citadel, el gigante de Ken Griffin, se quedó con una porción significativa de las posiciones, mientras Bank of America, Goldman Sachs y JPMorgan ayudaban a gestionar las exigencias de garantías.

El fondo mantiene sus inversiones privadas, especialmente la participación en Anthropic, pero su cara pública ha quedado muy tocada. “Es un caso de manual de lo que ocurre cuando la confianza del mercado se evapora en cuestión de semanas”, coincide un analista consultado.

La inteligencia artificial general puede estar cerca, pero los fondos que apuestan con deuda a esa llegada corren el riesgo de no estar allí para verlo.

La brecha entre los inversores de largo plazo y los cazadores de gangas

La operación con Citadel muestra una fractura en el mercado. Mientras unos inversores huyen a toda prisa de los activos vinculados a la IA tras la corrección, otros, como el propio Griffin, están dispuestos a comprar a precios de derribo. Esta discrepancia de opiniones ya se vivió en otras burbujas, como la de las puntocom o la de las criptomonedas.

Para Aschenbrenner, que hace apenas unos meses era la estrella ascendente de Wall Street, el batacazo supone un brusco aterrizaje. A sus 25 años, ha pasado de gestionar 20.000 millones de dólares a tener que explicar a sus clientes por qué la mayor parte de su cartera ha volado. Un recordatorio de que la genialidad teórica no siempre casa con la gestión del riesgo.

Lo que el caso Aschenbrenner dice sobre la burbuja de la IA (y sobre los inversores españoles)

El naufragio de Situational Awareness no es un hecho aislado. Las valoraciones de las tecnológicas vinculadas a la IA se han disparado a múltiplos que recuerdan a los peores excesos de la burbuja de las puntocom. Firmas como Nvidia cotizan a más de 40 veces sus beneficios, y el gasto en centros de datos no deja de crecer. Sin embargo, la corrección del Nasdaq en junio ha puesto a prueba la fe de los inversores. Lo que antes era convicción ahora se parece más a una huida hacia adelante. Los fondos apalancados, como el de Aschenbrenner, son los primeros en caer cuando el mercado duda.

En España, el ecosistema de inversión en IA aún está lejos de los volúmenes estadounidenses, pero el apetito crece. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha alertado en varias ocasiones sobre el riesgo de productos financieros ligados a megatendencias tecnológicas, y recomienda a los ahorradores que evalúen con prudencia las exposiciones concentradas. Fondos de capital riesgo como Kibo Ventures o Seaya, han respaldado startups de IA, pero con modelos mucho más descafeinados que el de Aschenbrenner. La lección para el inversor español es clara: una cosa es creer en la transformación que traerá la inteligencia artificial, y otra muy distinta jugar con fuego prestado.


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