La tensión en Oriente Medio no da tregua. Mientras los ataques cruzados entre Estados Unidos e Irán se reanudan tras un breve alto el fuego, la Casa Blanca sigue buscando mecanismos para asfixiar al régimen de los ayatolás. La última idea sobre la mesa, filtrada por el Daily Telegraph, es un bloqueo terrestre. Suena ambicioso, casi quijotesco, y desde Negocios TV lo han analizado con lupa.
En su último análisis, el experto Carlos Hugo no duda en calificar la estrategia de Estados Unidos como una guerra híbrida multidominio. Combina sanciones económicas, presión militar y un cierre de puertos que ya lleva meses intentando estrangular las exportaciones iraníes. Sin embargo, los resultados distan de ser los esperados. A pesar del bloqueo naval en el estrecho de Ormuz, la economía iraní no se ha derrumbado. Y ahora, Washington plantea un cerco por tierra.
Del bloqueo naval al terrestre: la escalada asfixiante
Carlos Hugo explica que el objetivo de Estados Unidos e Israel es asfixiar económicamente al régimen de los Ayatolá. Pero la realidad, según su lectura, se ha vuelto en su contra. Irán, lejos de ceder, ha desarrollado su arma nuclear particular: el cierre del propio estrecho. Una baza que ya ha provocado importantes repercusiones economicas internacionales, especialmente en los precios del crudo y el comercio marítimo.
La paradoja es evidente. Cuanto más presión externa, más se radicaliza internamente el poder iraní. Ahora, dice Carlos Hugo, la Guardia Revolucionaria Islámica maneja los hilos de un régimen ‘más atomizado y radicalizado’, con el que será mucho más difícil negociar.
Las negociaciones actuales, enmarcadas en un frágil memorando de entendimiento, son interpretadas por el experto bajo la teoría de juegos del ‘gallina’. ‘Estamos tan cerca de llegar a un acuerdo como de una reapertura de las acciones armadas’, advierte. Esa tensión es la que mantiene al mercado en vilo y al mundo entero mirando hacia el Golfo Pérsico.
Sobre la viabilidad del bloqueo terrestre, Carlos Hugo es tajante: logísticamente parece bastante complejo.
‘Un bloqueo terrestre sería un golpe durísimo. Trump quiere asfixiar a Irán’
— Carlos Hugo, analista de Negocios TV
Aníbal: el bloqueo terrestre, una misión imposible
Otro de los contertulios, Aníbal, va más allá y pone el foco en la debilidad estratégica que exhibe Estados Unidos. Según su análisis, Washington atraviesa su peor momento en este conflicto: Estados Unidos ya no le queda fuerza. La munición se ha reducido drásticamente e Israel, que ya ha sufrido bombardeos, no quiere otro intercambio directo. La duda sobre si Irán posee ya una bomba nuclear o incluso una bomba de hidrógeno no contaminante, con capacidad de devastar tanto como una nuclear, pesa sobre todas las decisiones.
Aníbal desmenuza la complejidad geopolítica del hipotético cerco terrestre. Para que funcionara, Washington necesitaría la cooperación de Iraq, Pakistán, Turquía, Afganistán, Turkmenistán, Armenia y Azerbaiyán. La mayoría de estos países, recuerda el analista, mantienen relaciones comerciales y políticas sólidas con Teherán o incluso apoyan al régimen iraní. Por tanto, lograr ese acuerdo fronterizo es, a su juicio, otro fracaso más que se le presenta a Donald Trump.
El estrecho de Ormuz, la carta nuclear de Irán
El verdadero poder de disuasión iraní, subraya Aníbal, no está en misiles hipotéticos sino en el control del tránsito marítimo. ‘Todos sabemos que el estrecho de Ormuz está en manos de Irán y seguirá por muchísimo tiempo más’, afirma. Y acusa directamente al presidente Trump de mentir cuando presume de dominar esa vía comercial. La hegemonía militar estadounidense se ve muy reducida y no puede mostrar la fuerza que ya no posee.
Cambio de régimen: el objetivo fracasado
Ambos analistas coinciden en que el objetivo inicial de provocar un cambio de régimen en Irán ha resultado el mayor fracaso de Estados Unidos e Israel. No pudieron colocar un gobierno títere afín a la Casa Blanca ni penetrar en el corazón del país. Este doble revés, sumado a la imposibilidad de cerrar completamente las exportaciones iraníes, deja a Washington en una posición de debilidad inédita.
Implicaciones para la economía global
El simple amago de un bloqueo terrestre ya enciende todas las alarmas económicas. Un cerco exitoso, si bien improbable, estrangularía aún más las rutas comerciales terrestres de una región clave. Pero el verdadero riesgo reside en la reacción iraní: endurecer el control del estrecho de Ormuz o incrementar los ataques asimétricos. Las cadenas de suministro energético volverían a tambalearse, con un efecto dominó en los precios que pagaríamos todos.
En mi opinión, la amenaza del bloqueo es un síntoma de impotencia más que de fortaleza. Mientras Estados Unidos agita el mapa con movimientos cada vez más aparatosos, Irán gana tiempo y profundiza su capacidad de resistencia. La gran pregunta es cuánto aguantará un sistema financiero global que ya ha demostrado ser mucho más frágil de lo que los discursos oficiales admiten.
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